Amenaza hídrica: Las hipótesis de riesgos locales
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La ciudad seguirá lidiando con las inundaciones. Y está expuesta a accidentes tecnológicos. Aquí, además, hay un intenso tráfico de sustancias peligrosas. Y ahora se suma la presencia de un turismo masivo. El coordinador de Defensa Civil, Daniel Hernández, trazó ante ElDía las hipótesis de riesgo. Por Marcelo Lorenzo ¿Cuáles son las principales amenazas que se ciernen sobre Gualeguaychú? ¿Qué eventos naturales o provocados por el hombre podrían causar un daño de proporciones a su población? ¿Y en relación con cuáles hay que estar preparados?La inquietud fue trasladada por este diario a Daniel Hernández, coordinador de la oficina de Defensa Civil, que es el organismo que se activa cada vez que hay que actuar para hacer frente a las emergencias sociales.Los problemas hídricos, sea por crecidas del río Gualeguaychú o por lluvias intensas, hacen especialmente vulnerable a la comunidad local, cuya memoria colectiva está atravesada por el impacto de grandes inundaciones, según explicó Hernández.También está presente la amenaza asociada a la contaminación, al agregarse en el último tiempo la megapapelera al otro lado del río Uruguay. Al margen de la acumulación progresiva de contaminantes, ¿qué pasaría si explotase la fábrica de ácido sulfúrico de la planta?En el mismo rubro, el transporte de carga con sustancias tóxicas, que circula en una zona de cruce de rutas importantes (la 14 del Mercosur y la Internacional 136), siempre es un peligro latente. Los derrames por accidentes podrían causar un verdadero desastre ecológico, al contacto por ejemplo con los cursos de agua.A los incendios que se suelen declarar en verano en los campos de la zona -y que tienen ocupados a los bomberos locales- el turismo en temporada alta, por la masividad que ha adquirido en el último tiempo, que pone al límite los servicios urbanos, es un reto al orden y la seguridad en Gualeguaychú.Sucintamente, éstos serían los focos de máxima preocupación locales, a la hora de considerar eventuales catástrofes colectivas. Aunque en Defensa Civil la lista es más nutrida y variopinta.En materia de siniestros naturales, por ejemplo, además de las inundaciones, se anotan tornados, huracanes, granizo, sequías extremas, y temperaturas extremas (frío o calor), entre otros.Por el lado de los desastres causados por el hombre, además de los derrames de sustancias tóxicas o peligrosas en ruta, aparecen accidentes automovilísticos, intoxicaciones masivas, atentados, eventuales derrumbes, falta de abastecimiento de artículos básicos (desde alimentos pasando por insumos de salud), cortes prolongados de servicios públicos (como electricidad, agua o teléfono), entre otros. La cuestión hídrica Al evaluar el tema de las inundaciones, Hernández consideró que el clima ya es otro. No sólo llueve más en la zona (en los últimos diez años se pasó de 1.065 milímetros anuales a 1.700) sino que las precipitaciones son más intensas."A esto se suma que la ciudad crece, se pavimenta más, se techa más, se hacen más patios y en general se impermeabilizan más las superficies. Y todo eso aumenta la velocidad de escurrimiento", indicó en relación al lado oscuro del crecimiento urbanístico.El entrevistado enfatizó, por otro lado, que la problemática hídrica está asociada estrechamente al destino ribereño de Gualeguaychú. "La ciudad nació a la costa del río, de hecho lleva su nombre", recordó.Además, anticipó, no va a pasar mucho tiempo para que el Gualeguaychú deje de ser un río lateral para situarse en el centro de la ciudad, como ocurre en otros sitios (el Sena en París o el Támesis en Londres).Ahora bien, el problema es que aquí, en la ciudad, el Gualeguaychú recibe el caudal de una cuenca de 7.000 kilómetros cuadrados. Todo lo que se acumula aguas arriba desemboca en esta zona. "Nosotros somos el palito de abajo del gallinero", grafica Hernández."Es un colector importante en el contexto de una geografía donde no sólo ha cambiado el régimen de lluvias. Donde antes había muchos montes y pendientes suaves, ahora hay agricultura y soja. Es decir, se ha producido una modificación del terreno en la cuenca", señaló.Los montes, como se sabe, juegan un papel fundamental en la regulación climática. Son la esponja natural y paraguas protector respecto del agua de lluvia. La deforestación -como se ha dado en nuestra zona y en el resto del país- agrava los males de la inundación.Por estas razones, Hernández considera que en Gualeguaychú debería funcionar una autoridad de cuenca, una comisión administradora -como la CARU- del río Gualeguaychú, cuya función sea monitorear sus 7.000 kilómetros cuadrados (que incluye la zona desde donde nace el río, y todo su decurso)."De lo que se trata es de ver la integralidad del problema hídrológico. Desde ese lugar se pueden tomar decisiones para regular la cuenca. Por ejemplo, armar diques que eviten que el agua baje toda junta. La autoridad de cuenca es la que analiza lo que pasa aguas arriba y los impactos en todo el territorio", precisó el funcionario. Decisión inteligente (((subtítulo))) Según Hernández, Gualeguaychú tomó una medida acertada cuando desestimó hacer un paredón frente al río para defenderse de sus desbordes -una solución sugerida décadas atrás por el Consejo Federal de Inversiones (CFI), y adoptada por ciudades como Concepción del Uruguay y Gualeguay-.En lugar de eso, la ciudad optó por dos medidas: relocalizar la población situada en zonas inundables por un lado (sobre todo la que vivía en el Barrio Munilla), y hacer obras de desagües por otro.En cuanto a las obras de desagües, mencionó "la canalización de la Avenida del Valle a través de la Avenida Parque". Las nacientes de esta cuenca "están en calle Urquiza, vienen por toda la Avenida Parque hasta desembocar en el Arroyo Munilla", describió.La otra infraestructura involucra la cuenca del Clavarino, "que tiene sus nacientes cerca del Instituto Agrotécnico". A esto se agrega "la sistematización de la cuenca Norte, que así se llama la calle Franco, como canal aliviador de lo que es el Clavarino"."Hay que reconocer que ha habido una continuidad política, independientemente de quién haya sido la autoridad, de trabajar en esta sentido", señaló Hernández."Si Gualeguaychú hoy no se inunda más es porque todas estas obras están hechas, a diferencia de lo que pasa en otros lugares", refirió. "Si la plata no se hubiera volcado en las obras de Del Valle y Clavarino, ¿se habrían invertido en qué? ¿En darles colchones y frazadas a los inundados?", se preguntó.De todos modos, el entrevistado dijo que todavía hay obras por hacer, que ayudarían a mitigar los efectos de las inundaciones. "Habrá que trabajar más en la cuenca de la Cañada de María Gómez, que nace cerca del Regimiento, y que dos por tres anega calle Urquiza. Éste es el sistema más complejo que tenemos que resolver", ejemplificó. Otros riesgos "Desde la óptica de Defensa Civil, la contaminación progresiva de la pastera (situada en Fray Bentos) es un tema ambiental para la Secretaría de Ambiente de la Provincia. Otra cosa es que explote en este momento la fábrica de ácido sulfúrico que tiene la planta. Eso sí que nos incumbe", relató el Hernández.Explicó que los eventos de este tipo, asociados a procesos económico-industriales, son catalogados como "accidentes tecnológicos", y de los cuales no está exento el Parque Industrial Gualeguaychú.Con respecto al tránsito en las rutas, declaró: "Estamos en un nudo crucial. Tenemos la ruta del Mercosur por un lado. Y la ruta internacional que une Montevideo con esa vía".En estos cruces "pasan muchos camiones que transportan sustancias peligrosas, y que ya han protagonizado accidentes", señaló. Con el agravante, dijo, de que el tráfico involucra el paso sobre cursos de agua."Tanto la ruta 14 como la 136 pasan por el río Gualeguaychú y por los arroyos que lo alimentan", remarcó. Al respecto recordó un accidente en la 14, cerca de Santa Mónica, que produjo derrames de sustancias para la industria de la curtiembre."Hubo que trabajar intensamente para retirar el material. A los 1.000 metros estaba el río Gualeguaychú. Aparte del desastre ecológico que pudo haberse producido, nuestro temor era lo que pudiera pasar aguas abajo, donde están la toma de agua de la ciudad y las playas", relató.Con respecto a los incendios, el coordinador de Defensa Civil destacó que afortunadamente la construcción en el casco urbano de Gualeguaychú es muy sólida -salvo la que se desarrolla en los asentamientos-, lo que a priori evita que un siniestro que se declare en una vivienda haga que el fuego se propague rápidamente."Sí puede haber incendios de depósitos. Ha aparecido desde hace unos 15 años el riesgo de los depósitos urbanos de pesticidas y fertilizantes (...) Puede haber incendios industriales, como de hecho han ocurrido. Y quizá lo más crítico sea el incendio en campos y montes", refirió.Con respecto a la seguridad de los edificios, Hernández dijo que con buen tino Gualeguaychú ha evitado las construcciones elevadas, una política edilicia expresada en la ordenanza sobre su altura."En realidad los edificios deben programarse para que sean autoabastecidos y autoprotegidos. Aunque en Argentina no tenemos incorporado culturalmente, como usuarios de los servicios, exigir el manual de instrucciones. En el caso de un edificio, eso supone conocer, por ejemplo, cómo usar las escaleras o los ascensores, en caso de emergencia", explicó. Ojo con el turismo La ciudad ha sido pionera en regular la diversión, según el entrevistado. "Aquí nos adelantamos cinco años a Cromañón. Las confiterías de Gualeguaychú estuvieron cerradas algunos meses porque no se adecuaban a una ordenanza que exigía mayor cantidad de baños, mayor cantidad de luces y puertas de emergencia, y que regulaba la capacidad de público", recordó.Ahora tiene que enfrentar los desafíos de la masividad. "Hemos tenido 40 mil personas cuando vino La Renga, afortunadamente sin incidentes. Aunque realmente teníamos mucho miedo", confesó Hernández.Y añadió: "Y hemos tenido entre 80 y 100 mil personas en el fin de semana largo del carnaval. También sin incidentes mayores, pero siguiendo el fenómeno con lógica preocupación"."La Plata y Buenos Aires tuvieron una invasión de agua masiva y puntual. Nosotros tenemos invasión de gente masiva y puntual. Y se producen desbordes, aunque en general no hemos tenido mayores problemas", sostuvo.No obstante, señaló que se trata de la aparición de "escenarios complejos", que ameritan que se elaboren medidas preventivas. Algunas se toman en verano, avisándoles a los turistas, cuando ingresan a la ciudad, sobre el hecho de que aquí se hacen controles de alcoholemia, por ejemplo. El rol de la comunidad Según Hernández, la comunidad local ha venido dando muestras de generosidad y solidaridad ante las emergencias, a lo largo de su historia. Y ese es su gran capital social: acude decidida a socorrer al necesitado en épocas duras.Los vecinos se arremangan ante crisis económicas y ante desastres naturales, como las inundaciones. "Es tal la respuesta colectiva que en algunas ocasiones no llamamos a los voluntarios, porque no sabríamos cómo canalizar tanta energía", reconoció el coordinador de Defensa Civil.Sin embargo, en ocasiones normales, cuando la vida social discurre sin demasiados sobresaltos, pareciera que se afloja la conciencia cívica, haciendo que la ciudad sea menos ordenada o limpia."Yo sé que alguna gente se va a enojar por lo que voy a decir. Pero no importa. Me pregunto: ¿tenemos derecho a ir contra otro país, porque puso una fábrica contaminante, cuando aquí hay que juntar a través del municipio entre 30 y 40 basurales por mes, dispersos en plena ciudad?", inquirió el entrevistado.Y añadió al respecto: "Estuve a cargo del funcionamiento de la planta de tratamiento de efluentes cloacales, la laguna sanitaria. Durante ese tiempo observé que usamos como un basurero el transporte hidráulico al sistema cloacal".Según dijo, la ciudad es el resultado de las decisiones que toman todos los días sus vecinos. Bajo este concepto la "prevención es la suma de las conciencias", sostuvo Hernández."Cuando manejamos borrachos, cuando tiramos la basura en cualquier lado, cuando obstruimos un desagüe para hacer la entrada del auto más linda, cuando miramos para otro lado cuando nos conviene, cuando tiramos basura a la cloaca, cuando hacemos este tipo de cosas, dañamos a la ciudad. Pero al hacerlo nos dañamos a nosotros mismos, porque Gualeguaychú es la casa grande", reflexionó.
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