AMOR DE HERMANOS: cuando las ganas de ser felices se imponen a las adversidades
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Romina es la mayor de cinco hermanos; Mauro, el que la sigue, a quien le diagnosticaron retraso madurativo por una complicación al nacer. Ella se especializó como acompañante terapéutica, pero las experiencias no fueron todas buenas. Él contó cómo vive su primera experiencia laboral."Cuando llegaban los fines de semana todos en casa hacíamos planes y salíamos, inclusive mis papás. Él, mi santo, se quedaba viendo televisión y haciendo sus cosas. Entonces se me ocurrió formar un grupo con sus amigos y empezar a hacer diferentes actividades. Así empezamos a ir al parque, a comer afuera, a hacer reuniones en mi departamento, a pintar y hasta a ir a bailar". La que habla es Romina Garbino, la mayor de cinco hermanos, que contó cómo descubrió su vocación como acompañante terapéutica al organizar las primeras reuniones de fines de semana, con el sólo objetivo de que su hermano Mauro tenga planes, como el resto de la familia.Mauro tiene 32 años y al nacer le diagnosticaron retraso madurativo. Aunque este diagnóstico no le impidió hacer "casi todo lo que hacían los demás", siempre "a su manera y con sus tiempos", explicó su hermana mayor en diálogo con ElDía.La iniciativa de Romina tuvo una respuesta inmediata: en pocas semanas logró conformar un grupo de 15 personas. "Yo lo hacía por mi hermano y por sus amigos -de la Asociación Síndrome de Down, de pintura y de otras actividades que realizaba Mauro-, de hecho nos juntábamos en mi departamento y nosotras -lo coordinaba junto a una amiga-, nos hacíamos responsables de los chicos", contó junto a Mauro sobre la experiencia que nació en 2015. Nota relacionada: Discapacidad: "Duele cuando te hacen sentir que el mundo no es de todos" "Ese año me decidí a estudiar acompañante terapéutico. Hice el curso que tiene alcance nacional, justamente para poder trabajar mejor con ellos, con más herramientas y con la posibilidad de empezar a financiar ese tiempo, ya que hasta entonces lo hacía únicamente por gusto, pero necesitaba algún ingreso económico, lógicamente", relató.Lo que no se imaginaba era que junto con su título habilitante y el intento de formalizar la experiencia que había nacido de la necesidad de acompañar a su hermano durante los fines de semana, iban a llegar las complicaciones, no sólo con las obras sociales sino también con algunos padres de los amigos de Mauro."Les planteé la necesidad de que hagan el trámite en las obras sociales de sus hijos a cada uno de los papás. De 15 que éramos, solamente seis lo hicieron. Mi idea era que las obras sociales cubran el tratamiento de los chicos, y no sus familias. Pero, por un lado, me encontré con cierta falta de compromiso de parte de los propios padres y, por otro, con un sinfín de trabas de parte de las obras sociales, desde donde todavía se me adeudan meses de cobertura", relató la acompañante terapéutica sobre la experiencia desarrollada hace un par de años.La burocracia del sistema de salud fue desgastando a Romina, quien el año pasado decidió dar un paso al costado. "No me arrepiento de nada, con los chicos vivimos momentos hermosos y súper positivos para ellos y para mí. Pero desde hace un tiempo estoy trabajando con adultos mayores, es otra rama del acompañamiento que también me gusta y, al menos por ahora, no tengo los problemas que tuve anteriormente", agregó. ROMPIENDO BARRERASPrimer empleo: "Estoy re contento"A pesar de la frustración de su hermana mayor por no poder continuar con el proyecto de acompañamiento los fines de semana, para Mauro "fue una experiencia re linda", durante la cual "hacíamos de todo, tomábamos mate, jugábamos a la lotería, aprendimos a manejar plata nosotros mismos y salíamos a todas partes"."Una vez fuimos a comer afuera y cada uno se pagó su comida con su plata", contó el segundo de los Garbino, orgulloso de sus amigos, quienes "estaban felices" después de hacer cosas por sí solos, sin la necesidad de un mayor a su lado.Si bien las juntadas de los fines de semana no continuaron, Mauro siguió yendo a pintura, dedicándose a las plantas -hobbie por el cual se ganó el apodo de "manos verde" - y hasta consiguió su primer empleo. Nota Relacionada: "En Gualeguaychú se tomó conciencia de las posibilidades de los discapacitados intelectuales" "Estoy trabajando en el tutelar Manuel Alarcón. Ayudo en la cocina a pelar cebolla, zanahoria, a lavar las ollas. Voy de lunes a jueves y entro a las diez de la mañana. Si puede me lleva mi hermano, sino voy solo en colectivo", contó el joven sobre su primera experiencia laboral, al tiempo que agradeció a Pablo Recchia, quien lo convocó para esa labor."Me está yendo bien, estoy re contento. Aprendí a tener una responsabilidad, a trabajar con mis compañeros. Son ocho meses de entrenamiento y después veré si puedo seguir o buscaré otro trabajo", relató Mauro, entusiasmado, quien con su primer sueldo compró dólares para ahorrar y pagar el pasaje a Cuba, país que sueña visitar junto a sus padres.
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