Amor y primavera, madre de orquestas
Por Gustavo Rivas
Calles empedradas, ferrocarril, tranvía, teléfono, telégrafo, electricidad y algunos edificios de dos plantas. A las numerosas escuelas primarias se habían sumado dos establecimientos secundarios y contábamos con hospital, bibliotecas, teatro, frigorífico, molinos y otras industrias. Un grupo de vecinos, iniciaba por entonces la quijotada que nos daría después comunicación terrestre con Buenos Aires. Numerosos clubes deportivos se habían fundado en la década del centenario y la vida social también tuvo sus cambios. Desde mucho antes existían las sociedades de bailes, creadas exclusivamente con ese fin. La música había estado a cargo de sucesivos conjuntos en los que los inmigrantes aportaron sus instrumentos y virtuosismo y así se formaron las bandas del pueblo, las de las distintas colectividades, o de alguna escuelas, como la de Artes y Oficios.
Pero hubo que esperar hasta la década de 1920 para que Gualeguaychú tuviera su primera gran orquesta: Amor y Primavera. No podían haberle puesto un nombre más romántico y representativo de aquella belle epoque.
Tan seria era el emprendimiento de aquel grupo de músicos, que no sólo crearon el conjunto musical, sino una asociación civil con todas las formalidades legales que se llamó Sociedad Filarmónica Amor y Primavera. La palabra filarmónica significa amigos de la música y era usual en la región la creación de este tipo de entidades. Esa denominación de la sociedad aludía, más al espíritu y objetivos de sus fundadores, que al tipo de música que ejecutaban, de muy amplio espectro. Tenía, domicilio social, sede propia en una casa alquilada, estatuto comisión directiva, órgano revisor, libros de actas, balances, inventarios y reglamento.
Entre sus miembros directivos podemos mencionar a los siguientes musicos: Américo Spoturno, Ismael Rébora, Alejandro Jano Denegri, Kuroki Murúa, José María Bozzano, Adrián V. Ríos, Joaquín Godoy, Eduardo Fernández, Miguel Echandi, Juan Carlos Behigo, entre otros.
Cada actuación se trataba y resolvía en reunión de la Comisión Directiva que se hacía los viernes; los ensayos se realizaban los días martes.
La música que ejecutaba era la propia de la época:
Amor y Primavera tenía una amplia gama de compromisos que abarcaban las veladas de las entidades recreativas de bailes como La Lira (que funcionaba en el local de la Societé Fracaise en Luis N. Palma a media cuadra de la Plaza), La Aurora (funcionaba en el local de Argentinos y Orientales en la misma calle), La Juventud (que no tenía relación con el club del mismo nombre) Sociedad Operari Italiana y otras. También en escuelas, de la ciudad y del campo, casas de familia, teatro y otros auditorios.
Pero sin duda el mayor protagonismo lo adquiría en los corsos de la época. Era el período de los palcos engalanados en la calle 25 de Mayo y coincidente con el auge de la más prestigiosa agrupación carnavalera de la época: La Comparsa de Nerón y precisamente ésta con Amor y Primavera eran los máximos atractivos de aquellos fastuosos carnavales.
En los corsos de 1927, p. ej., luego de acordar las condiciones con la Comisión Municipal de Corsos, la orquesta requirió el préstamo de algunos instrumentos de refuerzo para la ocasión, como un trombón que facilitó el Sr. José Sgrizzi y le fue adjudicado para su ejecución a Juan Centurión. También hubo que incorporar un flautista: Juan Antonio Rébora. En consecuencia, ese año la orquesta se integró para el carnaval con los siguientes músicos: violines, José M. Bozzano, Américo Sopturno, Juan Carlos Behigo, Ismael Rébora y Alfredo Sgrizzi. Trombón: Juan Centurión; flauta: Juan Antonio Rébora, mandolín: Eduardo Fernández; guitarras: Joaquín Godoy, Kuroki Murúa, Juan Del Valle y Salvador Rébora.
Para esa ocasión contrataron un camión de propiedad del Sr. Juan Antonio Uriarte¸ quien no cobró por su alquiler, a cambio de solventarle algunas reparaciones. El vehículo era engalanado para las salidas en carnaval; algunas veces lo adornaban con una lira u otro instrumento; en otras ocasiones lo carrozaban con la figura de un cisne.
Entre las escuelas que más visitaban se recuerda a la de la Srta. Torrilla que organizaba bazares a beneficio del establecimiento. También concurrían seguido a la escuela del Barrio Franco que dirigía la Sra. Ángela G. de Gavazzo. Para esas actuaciones fijaban un precio especial: $ 60. También amenizaban casamientos, bailes en el campo, viajaban a Urdinarrain y otras localidades vecinas y actuaban en casas de familia, como p, ej., en las del Sr. Ricardo Nieto, Don Ernesto Rossi, entre otros.
Para la década del 30 la sociedad Amor y Primavera se había disuelto. Sin embargo, algunos de sus músicos con la incorporación de otros, continuaron actuando con otros nombres o bien, sin nombre. Para entonces se habían incorporado José P. S. Merello, Palito, Alfredo Angerosa, Elizondo, Cachicho Delmagro y otros. De esos continuadores surgieron las dos grandes orquestas que ocuparían la escena en las décadas siguientes: las de Kuroki Murúa y Alfredo Angerosa. Nos ocuparemos de ellas más adelante, pero queríamos recordar hoy a la prestigiosa agrupación de los años veinte madre y ejemplo de sus continuadoras.
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