“AMOUR”: el amor en la última etapa de la vida
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El sombrío y perturbador director austríaco de cine, Michel Haneke, con su despiadado y austero estilo de siempre, nos muestra una interesante historia de amor en una pareja de adultos mayores. Julio Zarra Historia que llevará hasta los límites más cruciales que dos personas juntas podrían llegar. La dimensión de la enfermedad y el sufrimiento quizá sea la prueba más difícil a la que se puede ver sometido el más noble de los sentimientos: el AMOR. Así, una pareja de dos Profesores de música jubilados, de más de 80 años de edad, habiendo pasado casi toda su vida juntos, se encuentran transitando plácidamente esa última etapa de la vida, con plena conciencia de ello. Esta historia de amor en la ancianidad, cobra difíciles y oscuros matices cuando ella sufre un Accidente Cerebro Vascular (ataque cerebral o ACV) y las consecuencias o secuelas de esa enfermedad empiezan a modificar totalmente la vida de ambos. De esta forma, en la piel de ambos protagonistas, podemos sentir no solo el amor entre ellos, sino los embates de la pérdida de la salud, el sufrimiento, la soledad, la desprotección y el desvalimiento producido por la enfermedad en la ancianidad, hasta finalmente la muerte. "Amour" nos expone al sufrimiento desde dos lugares diferentes, el del sufriente mismo y el del que ve sufrir al otro.Haneke nos muestra una historia que dice sin hablar, usando interesantes recursos cinematográficos que van desde las típicas cámaras fijas de Jean-Luc Godart, con grandes influencias de Antonioni, al empujar al espectador a salir de las cómodas convenciones cinematográficas para situarlo en dilemáticas y desesperantes encrucijadas, hasta una narrativa sintáctica que provoca un distanciamiento al mejor estilo de Bertolt Brecht. Con tiempos lentos y tan reales como sus protagonistas, donde los silencios, los gestos y miradas pueden decir sin hablar y donde apenas se pronuncian palabras que pueden expresar hasta más de lo que quisieran decir. Haneke no teme ser aburrido, ni irritante, ni frustrante y sus películas, que sin ser simples, podrían considerarse como concretas y realistas, nos entregan un producto final exquisito, de esas agobiantes historias de la realidad que se nos meten en las entrañas. Rompiendo con los convencionales códigos cinematográficos, crea suspenso sin necesidad de generarlo, sin intrigas y con todo a la vista. Donde no hay ningún misterio que revelar, más que las recónditas llanuras de la condición humana.
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