Aprender a pensar
Siempre que la vida me acerca a la góndola de los productos marca "Pensamiento único", y sus vendedores mueren por explicarme las bondades que acarrea su consumo, un recuerdo golpea mi mente: una mañana de la década del 70, mi pequeño pueblo de Ibicuy fue rodeado por el Ejército cuyos hombres recorrían sus calles buscando quien sabe que cosas.Carlos Walter Ihlo*OpiniónRecuerdo a mis padres embolsando y enterrando libros junto a mi primer rifle de aire comprimido. Incapaz de tirar un balín a diez metros "parecía peligroso", y en aquellos días eso ya era suficiente.Recuerdo preguntarme qué delito habríamos cometido o por qué después los militares revisaban mi ropa, colchones, bibliotecas, etc. Con los años comprendí: mi madre era docente y enseñaba a pensar, con materias -entre otras- como Educación Cívica. Casi una sacrílega. Hija de un ferroviario combativo, hacía honor a sus genes enseñando que la balanza del ciudadano tiene un plato donde reposa el DERECHO y otro con las OBLIGACIONES. Que cuando el poderoso de turno se corrompe y grita no solo deshonra su función, sino que además se esfuerza sin sentido frente al rugido de las leyes -que -aún en un mundo imperfecto- terminaran por callarlo.Hoy, en épocas felizmente democráticas, me pregunto cuántos comprenderán cabalmente tiempos que no vivieron. Desde mi humilde lugar quiero rendir homenaje a aquellos docentes de Educación Cívica o materias similares, que solían ser controlados por "inspectores" llegados de Paraná, instalados en el aula a vigilar cuan atrevida era la boca de los docentes entrerrianos. Fue en esas aulas donde aprendí que un ciudadano tiene instituciones que respetar, diferenciándolas de quienes -transitoriamente a su cargo- las usen en su propio beneficio.Recuerdo los libros de Educación Democrática, Educación Cívica, Estudio de la Realidad Social Argentina (ERSA), o de escritores argentinos apilándose sobre los estantes. Recuerdo las continuas visitas del cartero con grandes cajas y mi clásica pregunta: ¿Vieja, otra vez te mandan libros?: -"Es que otra vez cambió el gobierno, y estos prohíben el libro del anterior. Pero la Nación es una sola. Por eso acá no se van a quemar, lee todos y formá tu propia opinión", solía ser la respuesta.No sé si eso generó en aquellos jóvenes cierta rebeldía frente a los que se creen que se llevan el mundo por delante. Sí sé que nos enseñó que hay valores de base en una sociedad que cada gobierno quiere decorar con una crema distinta, y hay que saber separar la torta de la cobertura para no dejarnos idiotizar por el pan y circo romano. Porque -justo es decirlo- en todos los ámbitos hay santos y demonios, y gente que privilegia lo individual a lo colectivo. Hoy se embiste contra los medios de prensa, pero a la vez se persigue contar con la mayor cantidad de ellos. Por otro lado, vemos medios que se desgarran las vestiduras olvidando como presionaban a sus trabajadores años atrás. Porque es bueno tener memoria, pero mejor si no tiene huecos, para que no sea selectiva. También en los ámbitos políticos son muchos los que vociferan contra los medios pero sonríen cuando se apagan las cámaras. Porque les apasionan y sirven. Años atrás, un periodista me contó cómo un ex ministro nacional muy poderoso -que hacía de las salidas matutinas de su casa una ceremonia que todos esperaban-, gentilmente lo citó para darle una carpeta: "Acá tenés la cabeza de la jefa del P...", una morocha enamorada de un joven secretario. Días después, el escándalo de la mandamás del organismo previsional estallaba en los medios nacionales. Y esta tierra de Pancho y Justo no es la excepción. Hombres con ojos llorosos apoyando a X candidato olvidan que 5 minutos antes lo traicionaron: "Entendeme, lo tengo que apoyar, es una cosa del partido", me dijo una vez un regordete panza verde. Y continuó: "pero es un turro, se robó medio municipio y sino mirá esos papeles". El turro pasó luego por Tribunales y fue condenado ejemplarmente.El paso del tiempo decantó que fue más soberbio que delincuente, porque sus secuaces terminaron ricos y él pobre en un mar de adulaciones. Como hábiles tiburones, sus laderos detectaron que su ego era mayor que su cerebro y lo devoraron ¿El regordete? Continúa anotándose en cuanta elección se le cruce. Bienvenido el disensoHoy nuestra sociedad esta convulsionada por las discusiones ideológicas, lo que no debe asustarnos -como pretenden algunos amantes de las recetas indiscutibles- ni llevarnos a despedazar a quien piensa distinto. Por el contrario, bienvenido sea el disenso, pues haciendo pie en el acierto del otro, podemos seguir con firmeza nuestro camino, sin caer en la banquina barrosa de los prepotentes y extorsionadores pues, ¿cómo sino extorsionador puede llamarse a quien indignamente amenaza al más débil con los males por sufrir, salvo que cuente con su "protección"? Nunca está de más recordar que coacción y convicción solo se escriben parecidas. Sobre todo en un país que se encamina rumbo a la segunda generación de personas que nunca trabajaron formalmente. * Abogado - Villa Paranacito
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