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Argentina, el país donde una sola reina existe: la imprevisibilidad

El reloj electoral avanza inexorable y obliga a todos a las definiciones. Si bien el oficialismo guarda bajo siete llaves el nombre los candidatos, la oposición sigue con su reality y la danza de apellidos que se barajan. Aunque sí hay algo claro: es la primera vez en años que Macri casi no tendrá influencia en los armados. El poder, lenta pero irremediablemente, va cambiando de manos.

Por Jorge Barroetaveña

Claro que al liderazgo Rodríguez Larreta tendrá que ganárselo. En política los espacios hay que alambrarlos a los codazos porque nadie los regala. Si bien pudo mantener la decisión de Vidal de quedarse en CABA y convencer a Patricia Bullrich de bajarse, en provincia la cosa está bastante más compleja. Alguien diría que le crecieron los enanos. ¿Por qué? Porque finalmente Facundo Manes decidió lanzarse y es un candidato competitivo. Sumó a un sector del peronismo y a Stolbizer para hacerse fuerte. Al PRO entonces no le quedó más remedio que ponerse de acuerdo con el Macri de Vicente López que anunció que se baja. Todo indica que será un mano a mano de Santilli con Manes, una puja que promete. Aunque por ahí sigue dando vueltas Gustavo Posse, de San Isidro que todavía sigue en pie.

Vidal empezó a explicar por qué, lo que alguna vez dijo que jamás renegaría de los bonaerenses ya no es tan así. Su decisión de quedarse en CABA dejó un tendal de heridos, entre ellos el propio ex presidente Macri que le pidió no lo hiciera. Desde su exilio en Zurich, Macri insinuó que Vidal la pasó mal en la gobernación, aunque no le quedó más remedio que empezar a digerirla. El ex presidente está convencido que el 2021 es clave pero más lo es el 2023. Pero es la realidad la que le impone los límites, más allá de su propio pensamiento.

En buena parte de los distritos Cambiemos, Juntos por el Cambio o su devenir de Juntos quedó conformado. En unos pocos habrá internas en las PASO, entre ellos los más grandes como Buenos Aires o CABA. La apuesta opositora deberá ser que el paso intermedio sirva para potenciar a los candidatos ganadores. Macri le teme a una PASO sangrienta que deje heridas en los perdedores y debilite a la fuerza de cara a la general.

Alberto y Cristina miran con desdén los pasos de la oposición. La maquinaria electoral está en marcha y la gran ventaja que tiene el oficialismo es una obviedad: el manejo de los resortes del estado y la posibilidad de ir marcando agenda. La gestión claro, implica desgaste, y más después de casi dos años de pandemia que han sumido al país en una crisis, sanitaria y económico-social sin precedentes.

El número 100.000 se repicó en la mayor parte de los diarios esta semana. Es la impactante cifra de fallecidos en el país desde que empezó la pandemia de COVID. Y la frase del Presidente, dolorosa y desafortunada, que llega desde el pasado como si fuera una piedra: “prefiero tener 10% más de pobres que 100.000 muertos. Si fuera así no podría dormir”. Lo dijo el año pasado, con una dosis de soberbia que la realidad se encargó de sopapear. La Argentina hoy es mucho más pobre y superará largamente esa barrera tan temida. Asaltan los fantasmas de las malas decisiones tomadas durante la crisis, la cuarentena eterna (la más larga que tuvo un país en el mundo) y la ineficacia para conseguir rápidamente vacunas.

Le llevó 7 meses al gobierno eliminar una palabreja, ‘negligencia’, de la legislación para poder firmar contratos con los laboratorios norteamericanos, y destrabar la donación de vacunas. Encima lo hizo por decreto, lo que deja en evidencia que siempre se trató de una decisión política. Si los impedimentos fueron ‘ideológicos’, el DNU los dejó al descubierto. Y Máximo Kirchner le puso el remache avisando que no están dispuestos a claudicar, ni ante un laboratorio extranjero ni ante el FMI. Le marcó la cancha al Presidente y le avisó que ellos no perdonan estas traiciones.

Alberto tiene que lidiar entonces con una campaña retrasada y las llamaradas del fuego amigo que le peinan el jopo. A veces lo queman, aunque intenta disimularlo lo mejor posible. Se viene ahora el lápiz rojo de las listas y habrá que ver hasta dónde le dejan meter baza. Alberto goza del inmenso poder que la Constitución le otorga al Presidente en un sistema preparado para eso, pero es su tarea darle vida a esa letra muerta.

El jueves, cuando la asesora Nicolini, le avisó por teléfono que Estados Unidos donará 3,5 millones de vacunas de Moderna, habrá esbozado una sonrisa irónica pensando en el tiempo que se perdió. Le prende ahora una vela a cada santo para que la economía empiece a dar señales concretas de recuperación que lleven algo de alivio. Otra vez la economía y la salud como variables que le marcan el paso a los políticos. Oficialismo y oposición saben que se juegan la ropa de acá a noviembre, cuando todo esté en juego. Hay variables que no manejan y pueden influir en el humor de la gente. Argentina, el país donde la imprevisibilidad reina sin oposición.

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