Argentina, República corporativa: lo normal y lo anormal
¡Cuánto nos cuesta a los argentinos, entendernos a nosotros mismos! Se nos dificulta el intento, por estar tan inmersos en la anormalidad, que terminamos tomando todo por normal y nos perdemos. Por eso, como una referencia donde mirarnos, siempre es recomendable echar un vistazo, no muy lejos: basta con vistear a los países vecinos. [email protected]á es normal que un gobierno le cargue al anterior la culpa de sus dificultades. Además, hacerlo con una cuota de odio, venganza y revanchismo, que a nosotros no nos asombra, por habernos acostumbrado. Pero los de afuera no entienden.Comparemos: ¿acaso Michelle Bachellet, que tantas dificultades tuvo en su primera etapa, se las atribuía a Ricardo Lagos? Se nos podría objetar que ambos pertenecen a la misma alianza gobernante. Pues bien: ¿alguna vez Lula da Silva lo hizo con Fernando Enrique Cardoso? Ellos sí, son de distintos partidos y franjas ideológicas opuestas. ¿Lo hizo Tabaré Vazquez con Jorge Battle, que son antípodas en política? En todos esos casos, no sólo hay continuidad en las administraciones; también respeto. Respeto a las personas, a las investiduras a las instituciones que representan. Nada de eso hay entre nosotros. Acá la década del noventa se caracterizó por la privatización de las empresas públicas, que se llevó adelante con mucha desprolijidad y corrupción. En la actual, se implementaron políticas opuestas pero con errores de distinto signo. Entre unas y otras, el verdadero destinatario de las acciones de gobierno, el ciudadano, el administrado, el usuario, termina siendo rehén y víctima del fuego ideológico cruzado. Tomando un tema de actualidad, el gas es el mejor ejemplo. Y no sólo en el orden nacional: en E. Ríos, las marchas y contramarchas con los cambios de gobierno, explican en gran medida, el absurdo a que hemos llegado. Por una parte, la red de gas se extendía en forma caótica con el Estado ausente y de acuerdo a las posibilidades de los distintos consorcios de vecinos. Por la otra, el Estado aparece, convoca, se compromete y finalmente el fluído no aparece.En los países vecinos, los gobiernos evitan confrontar con sus antecesores, aún cuando sean de distintos partidos. Lo que más asombra de Argentina, es que la mirada al pasado, el ataque y el revanchismo, tienen lugar aún ¡con gobernantes del mismo partido! Y si eso los desoncierta ¿cómo les hacemos digerir que acá, el opositor con más posibilidades presidenciales sea el actual Vicepresidente?Para recuperar la referencia de lo normal, deberíamos empezar por asombrarnos nosotros también, de estas increíbles anomalías. Así talvez nos demos cuenta que el problema no es la derecha ni la izquierda - terminologías perimidas que denotan anteojeras ideológicas- sino que nosotros somos el problema.Lo más preocupante es lo que se insinúa como posible. Que el actual gobierno, deshauciado ya de toda posibilidad continuista, le deje al sucesor una herencia de tierra arrasada para que se las arregle como pueda y despues poder echarle la culpa. Es decir, una especie de revanchismo hacia adelante.
RERUM COGNOSCERE CAUSAS
¿Y por qué todo esto nos tiene que suceder a los argentinos? ¿Por qué nuestra Democracia es la única que en lugar de avanzar retrocede permanentemente y ahora a grados preocupantes? En gran medida, esto ocurre por haber permitido que se debilitaran las instituciones. Palabra que no sólo engloba el concepto de República con todo lo que ella connota, sino tambien Federalismo, ciudadanía y soberanía popular.Aún en las democracias centrales, no han podido evitarse ciertas desnaturalizaciones. Por ejemplo, la influencia de los lobbys para obtener de los poderes legislativos, normas que les eviten competir, asegurándoles ventajas o eliminándoles la competencia. Pero por su composición, esos poderes legislativos donde coexisten oficialismo y oposición, implican al menos, un control de ésta; límites.
LOS DUEÑOS DEL PODER
Ahora bien, cuando la función legislativa languidece y el poder se concentra casi sin límites en la orbita del Ejecutivo, toda esa acción pierde los restos de transparencia que tenía. Entonces, los grupos de interés se adueñan de las decisiones públicas, el bien común se va por la ventana y sin darnos cuenta, contraemos un mal muy dificil de erradicar: convertirnos en una república corporativa, lo cual es grave. Porque se establecen redes indetectables de privilegios que parasitan a costa del resto y terminan asfixiando al conjunto. Ese es el verdadero problema y la razón por la que Argentina ha retrocedido tanto. Eso es lo que mata las iniciativas, aleja las niversiones y finalmente, premia a los avivados.Capitalismo de amigos, fideicomisos sin control, subsidios antisociales, sindicatos convertidos enredados en turbios negocios, son ejemplos de esa grave disfunción.Este mal se extiende aún a las instituciones que debieran neutralizarlo: algunos partidos politicos se dejan colonizar por grupos que terminan conviertiéndolos en corporaciones. El mejor síntoma para deterctarlos son las permanencias casi de por vida, como se da en algunas provincias que ya parecen feudos. La nuestra va en ese camino.Mancur Olson economista y sociólogo norteamericano fallecido en 1998 escribió dos libros: Lógica de la Acción Colectiva y Auge y decadencia de las naciones. Ambos, en especial este último, parecen escritos para la Argentina. Allí se describe cómo un país, cuando pierde la lozanía de sus instituciones, cae en la decadencia, la corrupción y hasta la delincuencia adueñada del poder. Y en tal medida ocurre así, que la ciudadanía se ilusiona con los candidatos, estos se ilusionan con el poder, para finalmente darse cuenta que en realidad no gobiernan; porque gobiernan las patrias, los cortesanos del poder, los de siempre, aunque se mimeticen bajo los colores de moda. Y se renuevan las desilusiones.
ARGENTINOS, ¡A LAS COSAS!
De eso se trata, no de discutir cuántos pobres hay, como si el número pudiera justificar las tropelías cometidas. El problema no es nuevo, no en vano en la década de 1920 José Ortega y Gasset nos instaba: ¡a las cosas!Se trata en cambio de ir a las causas, establecer un diagnóstico, hacer acuerdos básicos y alguna vez, reaccionar contra todo ese entramado. Todo largo camino, empieza con un paso. Démoslo.Hasta el domingo. Si Dios quiere.
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