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Ariel Maistegui: "Disfruto de tener mi bicicleta y salir a la ruta con mis amigos"

Fue Campeón Argentino de Ruta a los 18 años, se dedicó a estudiar y trabajar, pero la pasión por la bici pudo más y volvió a la competencia nueve años después, ratificando su calidad en el Uruguay. Hoy administra su negocio y sale a pedalear con amigos, lo que más extraña en la cuarentena.

A los 39 años, Ariel Maistegui recibió a ElDía en el quincho de su casa, donde habitualmente se reúne con sus amigos ciclistas y en donde sobresale en un hermoso cuadro, la malla de campeón argentino y la medalla que obtuvo en Concepción del Uruguay, donde se impuso en el Campeonato Argentino de Ruta en la categoría Sub-23.

“Tenía 18 años y casi que no corro ese Argentino. Estaba cansado, física y psicológicamente, luego de una temporada durísima en la República Oriental del Uruguay, donde junto a mi hermano Andrés, corrimos para el Cruz del Sur toda la temporada y nos enfocamos en Rutas de América y la Vuelta del Uruguay, esta última ganada por Federico Moreyra, uno de los más grandes del Uruguay. En esas pruebas fui uno de los que tiraba para el equipo, uno de los peones, el que hacía el trabajo más duro, razón por la que llegué extenuado al Argentino”, recordó.

Además, Maistegui expresó que “después de Uruguay, yo tenía decidido dejar de competir y dedicarme a los estudios, concretamente en la carrera de Contador Público. Pero mi hermano Ñeco me insistió en que corriera el Argentino, dándome a entender que si no lo hacía, todo el esfuerzo realizado en las competencias del Uruguay hubiesen sido en vano. Finalmente me convenció, pero surgió un problema, yo había vendido la bicicleta de competición y no tenía otra. Así que hubo que salir a buscar una, Francisco Viollaz me prestó la suya, una Specialized muy buena y Ñeco me dio las ruedas. Así fuimos a correr”.

Ariel recuerda la carrera como si la hubiera corrido hace una semana. “El día de la competencia se desató una tormenta como hacía mucho tiempo no veía. Corrimos en el Acceso a Concepción, con lomos de burro incluidos, fueron 14 giros. Llegábamos hasta donde comienza el Cementerio y pegábamos la vuelta, con precipitaciones que no cesaban y complicaron muchísimo el desarrollo de la carrera. La competencia tuvo muchas variantes y tres fugas a lo largo de la misma. En la primera salté con otros ciclistas pero nos atraparon, en la segunda me quedé en el pelotón y esperé la oportunidad para jugarme cuando tuve la chance. Nos escapamos cuatro ciclistas, sacamos una interesante ventaja sobre el pelotón y en el tramo final, uno se cayó y otro quedó relegado, llegando a un mano a mano con Franco Bylo, a quien pude quebrar en el último repecho y llegar sin oposición a la bandera a cuadros. Esos segundos finales fueron increíbles, no lo podía creer. Mis hermanos y mis seres queridos festejaban como locos”, recordó.

El triunfo de Ariel quedó en la historia, primero porque dio casi cuatro años de ventaja a la mayoría de los ciclistas, donde sobresalía la presencia del sanjuanino Oscar Villalobos, quien años más tarde fuera campeón Argentino y Panamericano de Contrareloj, al platense Gerardo Fernández y al paranaense Gastón Salas, que fue tercero en dicha competencia representando a la Asociación de Entre Ríos.

Pese a la alegría por haber conseguido un título impactante, en la primera edición en que se competía en Categoría Sub 23 en un Campeonato Argentino de Ruta, Ariel sostuvo que “después de ganar el Argentino no recibí ningún tipo de ofertas, tampoco una beca como se escribió en una revista, siempre fue muy especial el manejo de las selecciones argentinas. Por ser campeón Argentino me hubiera correspondido representar al país, pero las cosas se manejaban distinto en esa época”.

Ariel decidió que su etapa en el ciclismo estaba concluida y se dedicó al estudio. “Comencé la carrera de Contador Público, cursé unos meses, pero me di cuenta que no era lo mío, así que me tuve que buscar un trabajo. El primero fue en una estación de servicio, qué por esas casualidades de la vida, estaba ubicada donde hoy tengo mi comercio de distribución de bebidas y alimentos. Luego trabajé ocho años en RPB, para posteriormente incursionar con remises. Después de 9 años, decidí volver al ciclismo poco a poco, pero ya con el negocio en marcha”.

El retorno a la competencia para Ariel fue en nuevamente en el Uruguay. “Firmé contrato con el Club Amanecer de Montevideo, corrí Rutas de América y la Vuelta al Uruguay, anduve en los primeros lugares, aunque sin poder ganar una etapa. Metí dos segundos puestos en Rutas y un tercero en la Vuelta. Me quedó esa espina que espero poder sacármela algún día y quizás pueda meter una sorpresa como el Argentino del 99”, expresó, dejando abierta la puerta para volver a la competencia importante.

El ciclismo en cuarentena

Ariel contó una anécdota risueña, pero que pinta de cuerpo entero su pasión por el ciclismo. “Martín Cabeza me prestó una bicicleta fija para entrenar, pero no pude hacerlo, la tenía para colgar cosas. Le agradecí el gesto y le dije que se la alquilara a alguien que le pudiera dar buen uso. La verdad es que necesito y extraño la bici, pero a mí déjame la forma convencional, quiero sentir la sensación única del viento en la cara”.

El presente

En las competencias en las que se ha presentado continúa haciéndolo en la Elite, “no es porque me guste la palabra o lo que significa la misma, sí porque tengo muchas amistades en el pelotón, además cuando estás arriba de la bicicleta es como que no sentís el paso de los años. Hoy me subo y si viene a rueda o voy yo a rueda de un pibe de 24 años, lo mido con la misma vara. No siento la diferencia de años. Todo pasa por la preparación, el cuidado, la alimentación. Nosotros hacemos tres horas por día –cerca de 70 kilómetros- y los sábados hacemos la Doble Larroque, que suma 100 kilómetros en total. Lo ideal es largar para llegar enteros y para definir una carrera”.

Lo que pudo ser

Maistegui contó que “siempre me quedaron interrogantes de lo que pudo ser su futuro en el ciclismo si me hubiese incorporado un equipo profesional e incursionado en otros niveles. Todos soñamos con llegar a la meta primeros en pruebas de primer nivel, pero para eso hay que entrenar muy duro y tener una dosis de suerte. Siempre me quedará la duda, pero ahora disfruto del deporte. Pude comprarme la bicicleta que quería y seguir sintiendo y disfrutando el viento en la cara”.

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