Arturo Illia, 29 años de su fallecimiento
Es para nosotros un honor recordar a unos de los más grandes dirigentes que tuvo este país. Un hombre que obro según su vida y vivió de acuerdo con sus obras. Lucio Benítez*
Opinión
Queremos recordar a Don Arturo como el médico, que una vez egresado fue invitado a permanecer en una cátedra universitaria pero prefirió irse al interior del país, a Cruz del Eje, un lugar que no conocía. Allí le habían otorgado un puesto en Ferrocarriles del Estado, y a pesar de las dificultades que padecía el lugar en ese momento -como él contaba nunca llovía y el agua a veces era escasa-, se encontró que como médico y ciudadano podía ayudar a la gente a transformar la vida cotidiana del lugar. En aquel entonces, mientras se dedicaba de lleno a su profesión, tuvo sus primeros embates con los traidores a la Patria que perpetraron el Golpe de Estado del '30, removiéndolo de su cargo.
En respuesta a una solicitud del Instituto Pasteur de París, en la que le ofrecían un lugar entre sus investigadores, viajó a Europa. No obstante, ante la importancia de la oportunidad y la honra ofrecida por los franceses, eligió volver a Cruz del Eje, donde lo necesitaban mucho más que en Europa. Durante ese viaje, cuando visitó la Alemania nazi y la Italia fascista, observó cómo el continente se dirigía irremediablemente hacia la peor y más sangrienta conflagración de la historia del mundo y a su regreso narraba con tristeza que se podía ver "como las masas podían ser dirigidas, por el temor y la propaganda, hacia donde el gobierno quería".
Queremos recordar a Don Arturo como dirigente político, que en 1936 obtuvo la banca de Senador de la Nación, cargo que lo llevó luego a la Vice-Gobernación de Córdoba en 1940, gobierno derrocado por el Golpe infame del '43. En 1948 retornó a Buenos Aires, ahora con un mandato de Diputado Nacional. En marzo de 1962, fue electo gobernador de Córdoba pero un nuevo Golpe de Estado le impidió asumir. Sin embargo, año y medio después y mediante el voto popular llega a la Presidencia de la Nación, en el año 1963.
Ese gobierno sí fue Progresista y sin confundir los conceptos, como sucede en el presente. Fue un gobierno sin corrupciones ni ilícitos, que obedeció sin remisión los principios constitucionales y mantuvo la más celosa guarda de los derechos humanos. Un gobierno sin torturas ni arrestos ocultos, que no detuvo ni persiguió a un sólo argentino por ideas u opiniones, que no cerró diarios ni ejerció censura ni presión. Un gobierno que se atuvo al federalismo después de décadas de unitarismo disimulado. Un gobierno que no interfirió en la vida de los partidos políticos -incluyendo al justicialismo, al que reintegró a la normalidad electoral en 1965 tras un decenio de vedas y limitaciones-, ni en la actividad de los sindicatos, los gremios de empresarios, los centros de arte y de ciencia, las universidades, ni en la vida de los creadores y los pensadores, ni en la del mero ciudadano. Un gobierno que observó no sólo la letra sino además el espíritu de la Constitución, que fue ejemplar en materia de economía y justicia social.
Durante el gobierno de Don Arturo, se redujo el gasto público, una verdadera hazaña, sobre todo si recordamos que se elevaron los fondos destinados a la enseñanza, la salud y la vivienda; que mermó el déficit fiscal y el de las empresas del Estado -sin adquirir ninguna empresa privada- y que disminuyó la deuda externa, a pesar de lo cual se incrementaron las reservas del Banco Central. Los sueldos y jornales participaron con el 41% del PBI; los salarios de bolsillo crecieron por encima de los precios, y el salario real aumentó de manera sostenida. Descendió la tasa de desempleo a la mitad y se retrajo la inflación.
En Salud, impulsó la Ley Oñativia. En Educación, jerarquizó la Universidad de Buenos Aires con mayor presupuesto y la mayor cantidad de egresados. En materia de Relaciones Internacionales, como mencionara el embajador de la Misión ante Naciones Unidas, entre 1963 y 1966 Lucio García del Solar "la gestión del presidente Arturo Illia, en materia de política exterior, mereció un lugar de honor en la historia Argentina por lo que significó la presentación en las Naciones Unidas de la reclamación por las Islas Malvinas".
El gobierno de Arturo Illia fue el restaurador de las instituciones de la Nación al reconocer absoluta libertad al justicialismo. Fue un gobierno de transición que debió aceptar las reglas del juego impuestas por la dictadura.
El Golpe de Estado consumado contra el gobierno de Don Arturo, tuvo todos los ingredientes clásicos de los golpes de Estado en cualquier parte del mundo: actividad conspirativa en los cuarteles, connivencia civil, respaldo de grupos económicos y contexto internacional favorable, por mencionar los destacados; aunque también contó con un sustrato cultural que, desde distintos ángulos, alimentaba actitudes de desprecio hacia la democracia y que condicionó en gran medida el comportamiento de la población. Los sectores de la oposición desempeñaron un papel conveniente en este proceso -quizás sin advertirlo- que incluyó la línea de acciones desestabilizadoras que adoptó, desde el comienzo, su componente sindical y culminó con el apoyo brindado por el gremialismo al golpe del '66. Asimismo, por interposición de una acción obstruccionista, el Congreso estaba integrado por una minoritaria representación radical en una situación terriblemente difícil. No sólo era imposible legislar en general, sino también aprobar un proyecto de presupuesto -tan necesario para el funcionamiento normal del sistema-.
Al alba del 28 de junio de 1966, el Presidente Constitucional Arturo Humberto Illia, fue desalojado de la Casa Rosada. Sin miramientos y con alevosía, como si se tratara de un enemigo, pero sin las consideraciones y ceremonias propias del campo de batalla.
Queremos recordar a Don Arturo como hombre de bien, aquel que tenía una alianza estrechísima e indisoluble entre libertades y justicias, no sólo para el sistema determinado por las leyes sino en el régimen apto para el crecimiento material y moral de nuestro pueblo.
El hombre culto y generoso, amante de su pueblo, honesto, que apenas derrocado llamó al escribano general de gobierno para formular su declaración de bienes. A su fallecimiento, 29 años atrás, sólo conservaba su casa en Cruz del Eje, obsequiada en 1947 por sus vecinos, y los útiles de su consultorio. Había perdido hasta su automóvil y los depósitos bancarios que tenía al asumir.
Queremos recordar con afecto y admiración al Don Arturo de la UCR, que llevaba en alto la bandera de la ética de la solidaridad. Al Presidente de la Argentina de la legalidad y el orden constitucionales. Al devoto ciudadano, al prócer, al legendario patriota de la sensibilidad social.
* Presidente Juventud Radical Departamental
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