GUALEGUAYCHÚ VIOLENTO
Balazos, puñaladas y palazos: los crímenes sangrientos y las víctimas que nadie llora
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En el último tiempo, en la ciudad se sucedieron un par de episodios a los que estábamos acostumbrados a ver sólo por televisión. Marginalidad, drogas y violencia: un combo explosivo que se cobra la vida de jóvenes pobres.
Por Rodrigo Peruzzo La semana comenzó sacudida por el asesinato de Fabricio Arrúa, un joven de 24 años. Lo mataron de tres disparos, dos en el abdomen y uno en la cara. ¿Por qué? Presuntamente, por haberle robado una planta de marihuana a su homicida. La policía detuvo al supuesto asesino inmediatamente, quien habría confesado el hecho pero que luego en la indagatoria que tiene validez judicial lo negó. En un allanamiento a su vivienda, secuestraron el arma que sería la utilizada para el crimen. De la misma manera comenzó el 2021. En la celebración de año nuevo, quien perdió su vida fue Martín Braun, de 33 años. ¿El motivo? Santiago Sánchez (35) lo habría matado a palazos en su casa mientras dormía porque la víctima se había acercado a hablar con su hermana en la sobremesa del 1 de enero. “Lo ejecutó a sangre fría, es una mente perversa que lo mató por el gusto de matar”, dijo a ElDía en su momento Pedro Braun, el hermano de Martín, a quien describió como ”el menor de siete hermanos que trabajaba en la zona de quintas del Gualeyán, el lugar donde vivió durante un tiempo toda la familia. Cumplía labores en chacras de la zona y luego retornaba a su casa. Esa era su vida. Le gustaba la música, fanático de Leo Mattioli, y nada más”. Apenas tres días antes a esa madrugada fatídica, murió en el Hospital Centenario Daniel Salvador Giménez, de 36 años. En este caso, la víctima sufrió un golpe en la cabeza y al menos cuatro puñaladas en el barrio La Cuchilla el 6 de diciembre. Por este hecho se detuvo a dos jóvenes de 20 y 16 años. El menor, goza del beneficio de la prisión domiciliaria. “Daniel trabajaba de lunes a viernes, y después hacía la vida de cualquier muchacho de 36 años. Salía, tomaba algo, una vida normal. Además colaboraba colaboró mucho con el Hogar de Cristo, llevando a personas que tenían problemas de adicción”, expresó a ElDía en su momento Segundo Giménez, el papá de la víctima. Y Gimena, su hermana, en medio del dolor reveló un detalle escabroso. Según un testigo, el hombre de 20 años (quien es el señalado como quien lo apuñaló a Daniel) habría dicho luego del crimen “Ahí está, te lo dejé hecho un colador”. Si continuamos más atrás en el tiempo, aparecen más y más casos, con algunos matices distintos pero siempre con un punto en común que los unen: las víctimas son jóvenes de barrios populares, pobres o de clase media baja y sin ningún poder que motorice sus causas más allá de la lucha y las marchas de familiares y amigos. En este punto, vale la aclaración del título, chocante justamente para quienes eran cercanos a los jóvenes asesinados y han hecho lo posible para que no caigan en el olvido y se haga justicia. Las víctimas que nadie llora hace referencia a los siguientes interrogantes: ¿Por qué los casos detallados que ocurrieron en los últimos meses no interpelaron a la gran mayoría de gualeguaychuenses? ¿Por qué los de veintipico y treintipico no nos pusimos en la piel de estos jóvenes ni sentimos el temor que nos podría haber pasado a nosotros? ¿Por qué nadie detuvo cinco minutos de su rutina para reflexionar sobre el hecho? ¿Acaso la vida de ellos no vale lo mismo que la de cualquiera de los que está leyendo estas líneas? ¿Por qué la justicia tarda tanto en condenar casos que, presuntamente, la investigación policial resuelve en cuestión de horas? ¿Por qué nada cambia en este sistema que reproduce asesinatos y muertes evitables? A todas estas preguntas, la clase política y la sociedad en general deberán plantearse y debatir respuestas. Sino, el próximo Fabricio, Martín o Daniel está a la vuelta de la esquina. Piaggio, sobre el crimen de Arrua: “Es un problema muy grande el flagelo de la droga” El intendente de la ciudad se refirió al asesinato del joven de 24 años. Consultado si se trata de un hecho aislado o de una problemática que crece en la ciudad, Martín Piaggio aseguró que “es un problema muy grande el flagelo de la droga, que es creciente de manera ininterrumpida en todo el mundo y Gualeguaychú ha seguido esa lógica”. “A ninguno de nosotros nos sirve que en términos relativos nos comparemos y digamos que Gualeguaychú no está tan mal comparadas con otras ciudades incluso más chicas, y por más que siempre es útil para saber dónde estamos parados es un problema grande, cruzado con el delito y con la pobreza, no como único factor, pero es triste, más tratándose de jóvenes”, argumentó el presidente Municipal. “Independientemente que en Gualeguaychú es bajo el índice de homicidios, nos tiene siempre que interpelar a todos”, concluyó.
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