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Bereciartu: "Perdimos las esperanzas que al asesinato de Julio se aclare"

Este 10 de octubre se cumplen 7 años del asesinato a sangre fría de Julio Bereciartu en el corazón de la ciudad de Rosario. Celso, el hermano de Julio dijo que se hizo todo lo posible pero las respuestas nunca llegaron y la esperanza de que se sepa quién y porqué mató a mi hermano se fueron diluyendo.

A Celso Bereciartu, el hermano mayor de Julio, le cuesta hablar del asesinato no resuelto que fue cometido un 10 de octubre del 2012. Señaló que en principio “trabajamos, viajamos a Rosario infinidad de veces, pero cuando sacaron al titular del Juzgado de Instrucción de la 9ª Nominación, Javier Beltramone, pusieron a otra persona y todo quedó en la nada”.

Recordó que era ir a Rosario en reiteradas ocasiones, comenzó a hacerse cuesta arriba económicamente, sumado a la necesidad de contar con un abogado rosarino para que siga el desarrollo de la causa.

Luego, un abogado de extensa trayectoria en tribunales, nos “advirtió que si queríamos perder todo, que siguiéramos, pero que nunca íbamos a lograr encontrar al asesino de mi hermano”. Es así que decidimos que “fiscales y jueces siguieran investigando, pero nunca nos llamaron, salvo cuando Beltramone estuvo a cargo, después nada”.

Concurrimos al despacho de Beltramone, junto a Virginia Veronesi, primera esposa de Julio, y sus hijos Joaquín y Mariana, además del doctor Dezorzi. Todas esas visitas resultaron inútiles, porque “no encontró una sola pista que nos condujeran al homicida y al autor intelectual del hecho”.

Celso dijo que al momento del “homicidio”, Julio iba conduciendo una camioneta, acompañado por Juan Pablo Baggio, hijo de Pino a quien le pidió manejar ya que conocía muy bien las calles de Rosario y cómo salir de la misma.

Fue después de haber ido a Victoria, donde habrían estado en Rosental. Cuando regresaban de la principal ciudad de Santa Fe, “en los semáforos de la terminal, pasaron dos personas en moto, una de las cuales rompió el vidrio de la camioneta y le descerrajó un tiro en el pecho”.

Celso agregó que “hasta el día de hoy no sabemos a quién iba dirigido el tiro con un arma de grueso calibre. Fueron directamente a matar. No se llevaron nada del interior del vehículo, algo que nos sigue llamando la atención”.

El hermano de la víctima indicó que cada vez que se acerca un nuevo año sin julio comienzan “los recuerdos, montón de cosas que vivimos juntos y mucha angustia por no contar con un solo dato que nos acerque el asesino”.

“Ni siquiera supimos las razones de la muerte; si alguien lo mandó a asesinar, porque fue una muerte rara, extraña, cambiando de juez como si se quisiera cerrar la causa”, evaluó.

“El tiempo va curando parcialmente una herida que nunca va a cicatrizar, que va a seguir abierta hasta el fin de nuestros días”, sostuvo Celso y agregó que “en lo personal, no sabía si Julio y Juan Pablo llevaban dinero a bordo, más allá que se decía que tenían dólares. Después del crimen se llevaron el vehículo a una comisaría de Rosario y la dejaron en el lugar hasta que la retiraron”.

En lo que refiere a la relación con Pino y Juan Pablo Baggio señaló que “hubo un alejamiento de ambas partes, y desde el día del asesinato de Julio no tuvimos más contacto”.

Recordó que el día del viaje, se comunicó con Julio para decirle que “volviera despacio porque teníamos un partido de pelota paleta en el club a la noche. Y a eso de la una de la tarde recibí el llamado donde me avisan que lo habían tiroteado. Lo primero que se me cruzó por la cabeza era que lo habían matado. El llamado lo recibí en el estudio de arquitectura de María Marta Chichizola, donde estábamos haciendo los planos para la guardería de lanchas que hoy lleva su nombre”.

Y continúa: “llegué a mi casa, donde estaba Pino Baggio, quien me preguntó si quería viajar con él a Rosario. Fuimos y confirmé lo peor”.

Dijo que perdió “todas las esperanzas que la causa se aclare como corresponde”. Viajamos siete meses, una vez a la semana, con nuestro patrocinante legal “hasta que dejaron de atendernos en la justicia de Rosario”.

Contó que en uno de los viajes, se encontraron con el ahora comisario general retirado, Juan Carlos Escalante, en aquel entonces jefe de la departamental Victoria que fue el que reconoció el cadáver de Julio. Él nos advirtió que no viajáramos solos a Rosario, que él nos iba a proporcionar una custodia policial”.

Hoy se cumplen siete años de la muerte de Julio y no hay ningún responsable pagando por el asesinato.

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