Busti en su laberinto: todo para perder y nada para ganar
Los espasmos de dolor por la crisis económica no sólo envuelven a la sociedad. El peronismo, el partido que ha gobernado la Argentina más años desde el retorno a la democracia, se agita en una de sus clásicas purgas recurrentes. Los más viejos intuyen sangre y creen que en las legislativas de este año, se empezará a escribir una nueva historia. o
El caso de Jorge Busti bien podría ser paradigmático. El líder y máximo referente del peronismo entrerriano se debate entre sus dudas y especulaciones. Sagaz como siempre fue para detectar el mal humor de los entrerrianos y hacia dónde piensan rumbear, Busti sabe que una paliza electoral podría estar a la vuelta de la esquina. Aquello que antes la sociedad digería sin chistar y aceptaba mansamente, hoy muestra signos de rebeldía y enojo. La encrucijada, encierra muchos riesgos.
El ex gobernador tiene un par de opciones a la vista y no mucho más que eso. Si es candidato a legislador nacional por el Justicialismo tiene todo para perder y nada para ganar. Desde lo discursivo será difícil justificar su cercanía con los productores agropecuarios en el conflicto del año pasado. Compartir boleta con lo más granado del kirchnerismo, podría convertirse en una trampa, después de sus coqueteos con Duhalde y compañía. Claro, una oposición dividida y el piso histórico del oficialismo en Entre Ríos (30 o 35%) podrían asegurarle una victoria, costosa, pero victoria al fin. Si gana, tendrá que hacer las valijas, hacer base en Buenos Aires, y pasar por una experiencia que no fue grata para él: el paso anterior de Busti por Diputados fue gris y perdido entre los 250 legisladores. Un hombre acostumbrado a tomar decisiones todos los días nunca se acostumbra a patear los oscuros pasillos de la Cámara, llenos de codazos de los que buscan algún protagonismo. Su ida tendrá un efecto colateral: ¿no es acaso el escenario que más desearía Sergio Urribarri? Con Busti lejos, la herencia será más difícil de cuidar y los ‘corderos’ podrán ser tentados más fácilmente.
Este escenario sería el mejor para el líder del peronismo. Si una derrota sorprende a las huestes oficiales con Busti a la cabeza, las ambiciones de volver en el 2.011 se habrán incendiado en las urnas y hasta la estructura armada con tanto esmero, correrá peligro. Bien podría ser el comienzo del ocaso del veterano dirigente. Pero lo que carcome aún las entrañas oficialistas es saber si De Angeli será candidato. En Entre Ríos los actores, vienen jugando distinto que en otras provincias, también de cuño productivo.
En Córdoba. Juez avanza a paso rápido en una alianza con la UCR para derrotar a Schiaretti y compañía. En Santa Fe, Reutemann pegó el portazo y puso distancia porque sabe que sólo así tiene chances de vencer a los socialistas. En la Provincia de Buenos Aires y en Capital el panorama tiende a aclararse. En octubre habrá tres alternativas, una oficialista y dos opositoras. Kirchner buscará asegurarse una diferencia grande en el Conurbano, que le permite hacer un colchón para digerir eventuales derrotas en el resto del interior. El tridente Macri-De Narvaez-Solá quiere pelear buena parte de esos votos y para el resto está la Coalición Cívica de Elisa Carrió que pretende dar el batacazo y canalizar el enojo de los pueblos del interior bonaerense.
En la Provincia del viejo slogan de ‘Todos los Verdes’ el panorama aún no está tan claro. La duda que azota a los cráneos de la política es saber dos cosas apenas: si De Angelis será candidato y qué hará Busti en consecuencia. A priori, pareciera que una figura opositora convocante podría dar el batacazo. El PJ maneja desde hace rato encuestas que le dan por el piso en la mayoría de los departamentos: de la debacle no hay dirigente que se salve. El enojo es generalizado, horizontal y vertical, pero si no encuentra una vía para que se canalice, corre el riesgo de diluirse en la mediocridad de la oferta opositora.
“Si De Angelis es candidato, yo lo salgo a pelear”, habría dicho Busti ante sus íntimos en las últimas horas, después de hacer la clásica ronda de consultas, aunque, la última decisión como siempre, la tenga él. Todo para perder y nada para ganar, fue el consejo generalizado que escuchó. Pero las necesidades políticas a veces no entienden de lógicas, de las que la sociedad suele quedarse al margen. Hace un año, nadie pensó que el peronismo tendría que ponerse a pensar cómo hacer para no perder una elección. Sus propios errores y la ausencia de comprensión del cambio de las demandas sociales, lo han puesto en un brete del que todavía no sabe cómo salir.
El gobierno juega con fuego aguijoneando el conflicto social. Sino no se entiende el baile permanente en torno a las disputas con el sector productivo. Sergio Massa, el ahora decaído Jefe de Gabinete, que llegó prometiendo ilusamente una conferencia de prensa por mes de la Presidenta, alertó sobre lo que podría pasar cuando Néstor Kirchner resolvió divulgar las negociaciones ‘secretas’ con la Sociedad Rural. Ahora, el confuso rumor sobre una posible estatización del comercio de granos, volvió a poner en guardia a las organizaciones productivas. Inútilmente, en medio de una negociación difícil, de la cual depende, no sólo el futuro de miles de productores de todo el país, sino del mismo gobierno.
Por estos carriles parecen transitar los ‘halcones’ oficiales. Más interesados en esmerilar la figura del Vicepresidente Julio Cobos, negando los Granaderos para el acto oficial del natalicio del General Don José de San Martín en Yapeyú, que en apagar el incendio económico que consume al interior y avanza hacia Buenos Aires. Lo de los Granaderos es una triste confusión de lo partidario con lo institucional. De las miserias actuales con las grandezas de nuestros próceres. Quizás, la Ministra Garré y hasta el matrimonio presidencial no saben quién fue San Martín y sus Granaderos y lo que hicieron por la historia argentina. Buscando dañar al Vicepresidente, en realidad insultaron la memoria histórica de la Argentina. Una pena.
Jorge Barroetaveña
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