RECORRIDA POR LA CIUDAD
Caballos sueltos y carros, un problema de ayer, hoy y mañana que sigue sin resolverse
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El número de artículos e informes que se han escrito sobre caballos sueltos en la ciudad es infinito. La cuenta se ha perdido, pero nada se ha hecho para terminar con una problemática que va en ascenso y que por una cuestión de azar no termina en tragedia.
Por Fabián Miró
No hace demasiado tiempo Veterinaria Municipal con la colaboración de la Brigada de Abigeato secuestró ejemplares equinos que deambulaban por la vía pública, más precisamente en inmediaciones de la ruta 20 y 136, zona muy transitada por todo tipo de vehículos, fundamentalmente transporte internacional, que transita por las mencionadas rutas.
El secuestro de los caballos no alcanza. Es una medida parcial que no soluciona en nada un problema que se acrecentó notablemente en los últimos años, por la sequía que dejó sin alimento a los animales en los campitos en el cual los propietarios los pastoreaban.
El alimento comenzó a escasear y el precio del mismo a subir. La solución para algunos fue y sigue siendo soltar a los animales y que deambulen por las calles, avenidas, campitos donde sea en la búsqueda de que comer. Como la sequía quemó los pocos pastos que quedaban, los animales desesperados buscaron y buscan con que alimentarse en los cestos de residuos.
Es común ver a los caballos, muchas veces en tropilla, bajar la basura de los canastos y a vecinos tratando de espantarlos en lugares como calle Magnasco por donde también circula mucha gente. Si hay caballos en la ciudad es porque alguien los utiliza, en la mayoría de los casos, para trabajar en los carros para transportar cartones, metales, baterías todo lo que pueda ser comercializado a un precio vil en la mayoría de los casos. Otros aparte de cartonear salen a recorrer verdulerías, carnicerías, restaurantes, buscando sobras para alimentar a los chanchos en criaderos clandestinos y sin ningún tipo de contralor sanitario.
No hay cifras oficiales, no existe un censo que establezca la cantidad de caballos que están generalmente en las periferias de la ciudad y en los accesos, menos que menos de carros circulan tanto de día como de noche, con personas de diferentes edades a bordo de los mismos. Desde personas mayores, familias enteras y niños y niñas de corta edad que pueden estar al frente de las riendas.
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Se habla mucho y se hace poco al respecto. Nadie toma al caballo en serio. El peligro que representa que tropillas enteras deambulen por calles, bulevares o rutas como si nada. Nadie se anima a afrontar el costo político de quitar el animal a quien dice ser el propietario, pese a que en la mayoría de los casos los ejemplares no tienen marcas y los “dueños” están flojos de papeles.
Volviendo a los carros, ¿cuántos están registrados? ¿Tienen una patente que los identifique? Se hicieron campañas, pero no todos cumplieron con los deberes y nadie quiere pagar el costo político de aplicar las multas o sanciones que corresponden. Es sabido que mucha gente se gana la vida a bordo de un carro soportando los rigores del clima y que esta situación no se va a solucionar de un día para el otro. Nadie lo discute, lo que si se pide es que se organice un cuadro de situación que tiende a empeorar, antes de que tengamos que lamentar una tragedia.
