Cada vez más personas concurren a las Iglesias en búsqueda de comida y contención emocional
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En las parroquias de Gualeguaychú se empieza a sentir con mayor fuerza el impacto de una realidad económica que atraviesa a cada vez más familias. La demanda de bolsones alimentarios se incrementó, especialmente entre personas que sobreviven con trabajos precarios, changas o actividades como el cartoneo. También llegan quienes tienen un empleo, pero cuyos salarios ya no alcanzan para cubrir las necesidades básicas.
La fragilidad del mercado laboral, el deterioro de los ingresos y el regreso de la pobreza a niveles cercanos al 30% conforman un escenario en el que iglesias y templos adquieren una función que excede a la religión. Un informe de la UBA reveló que el 35,5% de los argentinos acudió durante el último año a una institución religiosa en busca de ayuda y que, entre ellos, el 45% lo hizo por necesidades económicas, alimentarias o laborales.
La religión vuelve a aparecer como refugio en una Argentina atravesada por dificultades económicas y sociales. No se trata únicamente de recuperar la fe frente a la incertidumbre: para una parte de la población, las iglesias y los templos también funcionan como lugares donde conseguir alimentos, asistencia económica, capacitación, oportunidades laborales o simplemente una red de contención cuando otras alternativas se agotaron.
El obispo de Gualeguaychú, Héctor Zordán, describió una situación que se hace visible en las comunidades parroquiales y en Cáritas, aunque aclaró que no cuenta con estadísticas que permitan medirla con precisión. “Hay una mayor necesidad”, señaló. Y explicó que en la ciudad “hay gente que en este último tiempo se ha quedado sin trabajo”, en un contexto marcado por la crisis de algunas industrias y por las dificultades económicas que atraviesa el país.
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“La necesidad repercute en las comunidades parroquiales y repercute en Cáritas”, sostuvo Zordán, quien remarcó que el fenómeno no se limita a las personas que perdieron su empleo. En las parroquias también aparecen trabajadores que tienen ingresos, pero que no consiguen cubrir sus gastos cotidianos.
“Hay gente que tiene sueldos muy bajos, que no llegan a cubrir incluso las necesidades básicas”, afirmó. Y puso especial atención en quienes viven de changas o del cartoneo: “Con estas lluvias particularmente no pueden trabajar y no tienen ingresos”.
La percepción también aparece en otras comunidades religiosas de la ciudad. Joel Nagel, pastor de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata de Gualeguaychú, señaló que en los últimos tiempos “se ve un poco más de gente pidiendo”, principalmente en la casa parroquial y en algunos espacios de servicio de la iglesia. De todos modos, aclaró que no observa un crecimiento exponencial, sino “un poco más de lo que normalmente se suele dar”.
Para Zordán, detrás de la demanda de alimentos existe además una realidad menos visible: la dificultad de muchas personas para pedir ayuda. “Las familias que toda la vida se han sostenido por su trabajo les cuesta pedir ayuda en el momento de la crisis y de necesidad”. Por eso, invitó a quienes atraviesan una situación de fragilidad a acercarse a la parroquia o capilla de su barrio.
“Invito a los que perdieron su trabajo o sienten que están en una situación económica, social o familiar de fragilidad a acercarse a las parroquias o a la capilla de su barrio, hablar con algún sacerdote, hablar con alguien de la comunidad y plantear la necesidad”, expresó.
Pero el obispo hizo una aclaración central: “No siempre la necesidad es de alimento o económica”. En muchos casos, la persona que llega a una iglesia puede estar atravesando un problema familiar, emocional o de salud mental y necesitar, antes que nada, ser escuchada.
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En ese punto aparece otra de las preocupaciones de Zordán: el clima social que atraviesa a la comunidad. El obispo consideró que una de las principales fragilidades de estos tiempos está relacionada con la irritabilidad y la violencia que percibe en distintos ámbitos.
“Me parece que en general estamos más irritables. Lo ves en la calle y en la familia también”, afirmó. A su entender, las formas de violencia verbal y las actitudes agresivas que muchas veces se observan en la dirigencia política nacional terminan generando un clima que se extiende al conjunto de la sociedad: “Eso genera un clima de irritabilidad que se va extendiendo en la población”.
En ese contexto, la salud mental aparece como una preocupación creciente para la Iglesia. Zordán mencionó particularmente los suicidios en distintos puntos de la diócesis. “Nos preocupa la cantidad de gente que toma la determinación de terminar con su vida”, manifestó.
También señaló como una problemática persistente el consumo de drogas: “Yo no sé si ha aumentado o no en este tiempo, pero sí que indudablemente es preocupante y lo viene siendo desde hace mucho tiempo”.
En Gualeguaychú existen espacios de la Iglesia destinados específicamente a acompañar a personas que atraviesan consumos problemáticos. Zordán mencionó el Hogar de Cristo y los grupos Jonás, entre otros ámbitos de contención.
“Son lugares de contención muy fuertes”, destacó. Y puso el foco en una característica que considera fundamental: “Encuentran a una comunidad que los recibe, no los cuestiona, les ofrece una mano amiga y trata de acompañarlos desde la contención humana, desde el cariño, desde el abrazo. A esa contención se suman herramientas vinculadas con la fe, como la oración, para quienes encuentran allí un espacio que les permite afrontar el proceso de recuperación”.
Por otra parte, a las dificultades económicas y los problemas de salud mental se suma otro fenómeno que genera preocupación: la ludopatía, especialmente entre los menores.
“Es un tema muy alarmante”, afirmó Zordán, quien señaló que el acceso de los adolescentes a las plataformas de apuestas es muy sencillo pese a las restricciones que aparecen en las publicidades.
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El problema, según explicó, no queda circunscripto al adolescente que apuesta. También puede terminar afectando económicamente a todo el grupo familiar.
En un contexto donde muchas familias ya recurren al endeudamiento para sostener la alimentación y los gastos cotidianos, Zordán señaló que existen hogares que terminan endeudados por las apuestas de menores, incluso sin conocer inicialmente el origen del problema.
Finalmente, reflexionó que “en definitiva se trata de encontrar el sentido de la vida, un sentido para que la vida valga la pena ser vivida”, planteó. Y vinculó esa búsqueda con la necesidad de ofrecer alternativas frente a las situaciones de desesperanza que pueden atravesar los jóvenes.
Frente a este escenario, destacó que Cáritas se sostiene principalmente gracias a la colaboración de las propias comunidades. Si bien existen grandes donantes, la mayor parte de la ayuda proviene de personas comunes que colaboran de acuerdo con sus posibilidades.
“Cáritas se sostiene sobre todo con la ayuda de la gente sencilla”, remarcó.
Y dejó una reflexión sobre el espíritu solidario de Cáritas: “A veces estamos más arriba y otras veces caemos. Una familia que hoy puede colaborar puede mañana necesitar ayuda, y quien recibe asistencia hoy puede estar en condiciones de ayudar a otro mañana. Una mano lava a la otra y con las dos lavamos la cara”.
En un contexto de dificultades económicas, endeudamiento, problemas de salud mental, consumos y nuevas preocupaciones, como las apuestas online, las iglesias resurgen como espacios donde la asistencia no se limita a un bolsón de alimentos. También hay una demanda de escucha, acompañamiento y contención.

