Carta a nuestros sacerdotes
Termina ya el Año Sacerdotal. En Gualeguaychú, los laicos entregaron esta carta a sus sacerdotes.Estamos culminando el año sacerdotal, en el que el Santo Padre nos pidió especialmente que rezáramos por los Sacerdotes de todo el mundo.Esta celebración ha convocado a todas las comunidades de nuestra ciudad, que hoy, queremos expresarles lo que sienten nuestros corazones.Queridos amigos del alma, gracias por su entrega generosa al servicio de Cristo.Amigos de oídos siempre abiertos: a nuestras angustias, a nuestras miserias, a nuestras desesperanzas.Amigos siempre de manos tendidas: para bendecirnos, para perdonarnos, para levantarnos cuando nos caemos.De acuerdo a nuestras edades a veces los sentimos como papás, otras como hermanos, y a veces como hijos nuestros. Pero siempre los valoramos como sabios consejeros de la vida, y sanadores del alma.No podemos dejar de expresar hoy nuestra gratitud por sus generosas y valientes renuncias a formar una familia como nosotros. Optaron por la familia grande "la Iglesia". ¡Muchas Gracias! (Familia chica, problemas chicos; familia grande..., problemas grandes)Han sido protagonistas de los momentos más felices de nuestras vidas: nuestros casamientos, los bautismos y comuniones de los gurises, los casamientos de nuestros hijos y el bautismo de los nietos, y las gozosas eucaristías; siempre ejerciendo el bendito y sagrado sacramento del sacerdocio; Jesús: sacerdote, profeta y rey entre nosotros.Creemos que este es un momento oportuno para pedirles perdón, por nuestros descuidos, por no estar cerca de ustedes antes las necesidades más indispensables como seres humanos que son.Sé que ustedes son hombres como yo: Sienten frío, hambre, dolor, tentaciones, se enferman, ríen y también lloran ¡y qué fácil que es criticarlos!Ojalá que los frutos de este año de oración por ustedes, nos lleven a reconocer el inmenso Don que son para nosotros, que repiten cada día las palabras y los gestos de Cristo que los eligió personalmente como amigos suyo.Seguiremos pidiendo a Dios que los fortalezca en su vocación de servir con alegría.Muchísimas cosas más tendríamos para decirles, pero de corazón abierto les decimos:Padre, ¡MIL GRACIAS POR SUS VIDAS COMPARTIDAS!
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