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Ciudad | Gualeguaychú

"Clandes" legales y bares-boliches: cómo es la nueva noche para los jóvenes de Gualeguaychú

A partir del fin de las restricciones de circulación y de las regulaciones en las reuniones sociales, sumado a la apertura de los principales locales nocturnos de la ciudad, volvió a percibirse el movimiento de jóvenes por la madrugada. Qué persiste de los encuentros prepandemia y qué se transformó por completo.

Por Rodrigo Peruzzo

¿Qué es esta locura de ir a las 9 de la noche a un boliche, de no entrar a las 4 sino salir a esa hora y no con el sol de frente por la mañana? ¿Es el fin de las previas que arrancan después de las 12 de la noche o todavía persisten? ¿Las “clandes” llegaron para quedarse?

Algunas de estas preguntas rondan el pensamiento de cientos de jóvenes de la ciudad, que de pronto vieron cómo la pandemia alteró por completo el comportamiento nocturno de la mayoría.

En primer lugar, lo que produjo el Covid-19 fue una larga abstinencia de fiestas. Durante unos cuántos meses la noche fue un desierto, lo más parecido a un toque de queda que hayamos experimentado alguna vez los menores de 30.

De pronto las 00 dejó de ser la hora señalada para comenzar una previa y fue el horario en que te convertías en un criminal federal. Igualmente, tras un par de meses, empezaron a aparecer las “clandestinas”. Campos y chacras de pueblos vecinos, terrenos o simplemente pequeñas casas y departamentos dentro de la ciudad se transformaron en un refugio de ocio para decenas de adolescentes.

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Las bandas musicales también volvieron al ruedo
Las bandas musicales también volvieron al ruedo

Pero ahora la situación es otra. Todo legal. Ya no hay más restricciones horarias para circular ni límite en las reuniones sociales. Las “clandes” ahora son simplemente una manera simpática de llamar a las jodas, y al mismo tiempo volvieron los boliches, aún con algunas limitaciones. Este combo tras el último DNU generó un nuevo comportamiento nocturno en los jóvenes, y la pregunta es ¿estos cambios llegaron para quedarse?

En primer lugar, englobar el accionar de un gualeguaychuense de 18 con uno de más de 25 sería demasiado simplista. Porque de hecho, se nota que las conductas son distintas.

Las “clandes” ahora son simplemente una manera simpática de llamar a las jodas, y al mismo tiempo volvieron los boliches

Tomando un comportamiento general y obviando las excepciones, se podría decir que los sub-20 (centennials) optan por continuar con una rutina nocturna similar a la que tuvo lugar durante las restricciones. Es decir, juntadas en casas, las cuáles se multiplicaron durante los últimos dos fines de semanas.

Lo que se modificó quizás es el número de participantes y la duración, ya con la tranquilidad de no tener que salir corriendo si pasa un patrullero y con el menor temor al virus aún que generó la vacunación.

Bailar entre las sillas: la nueva modalidad de los bares-boliches

Por otra parte, los millennials (+20) son quienes vieron cómo casi dos años de boliche se les escurrieron de las manos y están viviendo los cambios más profundos de la noche de Gualeguaychú.

La principal transformación en la nocturnidad es el horario del boliche, que de hecho todavía continúan trabajando como bares. Tanto Bikini como Ghetto desplegaron mesas y sillas en la pista y a partir de las 9 de la noche empiezan a recibir clientes para ofrecerles hamburguesas y papas fritas o pizzas. “Ir a comer al boliche” dejó de ser una metáfora y se literalizó.

La comida más el costo de la entrada significa una barrera económica, además de la obligatoriedad de la mayoría de edad, por lo que por el momento el promedio de edad de los asistentes ha subido y se ubica más cerca de los 25 que de los 18.

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Pasada la medianoche y ya entrada la madrugada, los mozos recorren cada una de las mesas cobrando y lentamente las sillas se empiezan a correr a un costado, y los lugares se transforman en lo más parecido a la época prepandémica de los boliches, con la diferencia que por el aforo permitido por el momento no se producen amontonamientos ni choques permanentes. Dar una vuelta por el boliche con un trago en la mano ya no es una osadía.

Por último, el contrapunto más drástico es la hora de la salida. Pasadas las 4 de la madrugada comienzan a sonar los temas compuestos para decirle a la gente “se acabó la joda, es hora de irse”. De esta manera, el momento de la noche de entrar al boliche ahora se transformó en el de abandonar el mismo.

Es así que ha cambiado la nocturnidad en la ciudad, con modificaciones de modalidades y corrimiento de horarios. Lo que no se ha tranformado son los detalles, las parejas que se forman, las que se terminan, los besos, discusiones y toda interacción social posible, que motivada por el alcohol se convertirán en las anécdotas del día siguiente.

Volvió la noche, a disfrutar.

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