El financista Ernesto Clarens pensó que se podía librar rápido de la prisión en la causa de los cuadernos K. Se comunicó con su abogado, se comprometió a ofrecer un testimonio como arrepentido y así garantizarse un camino más amigable que el de otros empresarios involucrados en el expediente hacia el juicio oral y público.
Sin embargo, el dueño de Invernes tuvo que transpirar más de lo que creía para lograr la homologación de su acta como imputado colaborador. Y para obtenerla debió entregarle datos determinantes al juez de la causa, Claudio Bonadio, quien en algún momento llegó a tener en su escritorio un pedido de detención firmado por el fiscal Carlos Stornelli.