EL DESAFÍO DE ABORDAR LAS MASCULINIDADES
Claudia Fiorotto: “La violencia de género va a seguir creciendo si sólo trabajamos con las víctimas”
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La responsable del Área de Género, Diversidad y Protección a Personas Vulnerables habló sobre las acciones implementadas para tratar el problema de la violencia machista de raíz. Desde la Casa “Alas Desatadas”, que protege a mujeres en grave peligro, también apuestan por espacios donde tratar a los victimarios para que cambien de conducta.
Día tras día, la sociedad gualeguaychuense sufre en carne propia las múltiples formas que adopta la violencia de género: agresiones físicas, abuso sexual, violencia psicológica, hostigamiento, amenazas de todo tipo, entre otras. Se trata de situaciones que muchas veces se ven profundizadas por contextos de desigualdad social, marginalidad y consumo problemático; factores que van en aumento en todo el país.
La Policía de Gualeguaychú informa de manera casi cotidiana sobre detenciones por incumplimiento de medidas de restricción, intervenciones ante la activación de botones antipánico y casos en los que las mujeres son violentadas en la vía pública. Sin ir más lejos, entre la noche del lunes y la madrugada del martes pasado, se realizaron tres procedimientos y aprehensiones en menos de dos horas por estos motivos.
Para ahondar en esta problemática e indagar en los nuevos modos de abordarlo en nuestra ciudad, Ahora ElDía conversó con Claudia Fiorotto, responsable del Área de Género, Diversidad y Protección a Personas Vulnerables, del cual depende el Hogar de Protección Integral “Alas Desatadas”. Conocida también como la Casa de la Mujer, este dispositivo clave resguarda a las víctimas, a veces con sus hijos, que atraviesan situaciones graves de violencia de género.
“Es una casa de seguridad, no es un hostel; por lo tanto, no atendemos situaciones de calle, de consumo problemático o de salud mental. Es una casa para mujeres que no tienen red de contención y corren riesgo de vida”, aclaró Fiorotto, e indicó que la gran mayoría de ellas llega por oficio judicial o por el contacto directo que tiene el dispositivo con las comisarías: “También acuden a nosotros desde la guardia de Salud Mental u otras instituciones como el Hogar de Cristo o las iglesias. A su vez, hemos tenido demandas espontáneas, donde las mujeres se presentan en condiciones muy complicadas, solas o con sus niños, pidiendo ayuda”, completó.
Si bien Alas Desatadas funciona desde hace años, en los últimos tiempos ha implementado un abordaje más complejo de la violencia de género, yendo a la raíz del problema. “Hace diez años insisto en que la violencia va a crecer si no tomamos medidas en las que no sólo se trabaje con las víctimas sino también con los victimarios. En nuestro registro de personas violentas hemos detectado que rara vez son casos aislados: muchas veces un mismo varón violenta a cuatro o cinco mujeres en su vida, al menos contando a aquellas de quienes nos llega una denuncia, otras no se animan a denunciar”, señaló la responsable de Género.
Y explicó: “En la mayoría de los casos, las personas violentas tienen un patrón de conducta adquirido, son personas que alguna vez fueron víctimas; a no ser que tengan alguna patología de salud mental, algo que también hemos visto. Por lo general, el violento encierra a la víctima en un círculo: al principio es de lo más amoroso, le hace regalos y atenciones, hasta que la mujer empieza a confiar; una vez que la mujer confía y medianamente se ve envuelta en esa manipulación, porque el violento es una persona muy manipuladora, empiezan las crisis, las agresiones menores como los insultos, las burlas o los primeros empujones, hasta que en un momento hay un gran estallido y es ahí cuando la víctima puede pedir ayuda y puede salir”.
“La mayoría de estas personas violentas vuelven a buscar a sus víctimas; les prometen que van a cambiar, lloran, se arrodillan; vuelven los regalos, las atenciones y se genera una pseudo luna de miel que dura hasta que la crisis vuelve a empezar. Por eso hablamos de un círculo de violencia. Es un patrón de conducta que tienen todos los violentos”, siguió, y contó que debieron construir un cerco perimetral alrededor de Alas Desatadas “porque vienen a buscarlas a la casa, con todo lo que eso implica, porque no suelen ser amables al exigir volver a conversar con la persona alojada en este establecimiento”.
Para romper estos círculos de violencia machista, una de las estrategias implementadas desde la Casa de la Mujer, en articulación con los organismos de Justicia, es el programa de Masculinidades: espacios de reflexión al que las personas denunciadas deben acudir por disposición judicial, aunque ha habido ingresos voluntarios.
“Se hacen entrevistas individuales, donde no se trabaja desde el juzgamiento sino desde el acompañamiento, entendiendo que ese victimario viene de un entorno donde seguramente ha presenciado y vivenciado desde muy pequeño contextos violentos, o de los que ha sido víctima. Entendiendo esto, primero se indaga y se trabaja sobre su infancia, su adolescencia, su entorno familiar, y después hablamos de los diferentes tipos de violencia, porque a veces creen que ser violento pasa sólo por los golpes, y no es así. Tratamos de que la persona reflexione sobre las conductas que tiene o que ha tenido”, comentó Fiorotto.
Y agregó: “Después, si esta persona no logra aún individualizar las situaciones de violencia en que se ha visto involucrado, trabajamos con la denuncia. En cambio, si logra el nivel de reflexión que se requiere, pasa a una instancia de grupalidad, donde se trabaja con otros hombres que están en la misma situación que él”.
También contó que el programa tiene una duración aproximada de seis meses, y que, si bien no creen que ese tiempo necesariamente alcance para cambiar la conducta de una persona violenta, sí consideran que sirve para hacerla reflexionar, para que entienda que existen otros caminos en la resolución de problemas y que la violencia trae consigo distintas consecuencias. Por otra parte, para el abordaje en cuestión, Fiorotto mencionó que trabajan junto a dos psicólogos, un operador psicosocial y una trabajadora social. En ese sentido, si detectan algún tipo de problemática de salud mental, se arbitran los medios para que la persona reciba el tratamiento correspondiente.
Cómo funciona “Alas Desatadas”
Fiorotto explicó que el ingreso de mujeres a la Casa Alas Desatadas no sigue una frecuencia regular, sino que presenta fuertes variaciones según el contexto. Señaló que hay períodos en los que el dispositivo se completa en pocos días, mientras que en otros momentos la ocupación desciende notablemente. En ese sentido, indicó que han llegado a alojar entre 16 y 20 personas, aunque también han atravesado etapas con apenas una o dos usuarias.
Advirtió que el verano suele ser una etapa especialmente crítica. Según detalló, durante esa temporada se incrementan los casos vinculados a parejas que llegan a la ciudad de vacaciones y terminan atravesando situaciones de violencia. “En estos casos, las estadías suelen ser breves: permanecen en el hogar hasta que la mujer logra estabilizarse emocionalmente, contactarse con su familia y regresar a su lugar de origen. Para ello, el área de Desarrollo Humano interviene facilitando pasajes u otros recursos necesarios”, indicó, y remarcó que el objetivo principal es que la red familiar pueda asumir el acompañamiento, ya que la permanencia en el dispositivo es limitada y las problemáticas requieren un sostén a largo plazo.
Sobre el seguimiento posterior al egreso, sostuvo que no siempre resulta sencillo. Si bien desde el espacio se promueve la continuidad del vínculo a través de talleres y espacios de escucha destinados exclusivamente a usuarias y ex usuarias, muchas mujeres no están en condiciones de sostener ese acompañamiento. A esto se suma la limitación de recursos humanos, lo que dificulta un seguimiento constante. Frente a este escenario, destacó la importancia de articular con las familias y con los centros de salud cercanos al domicilio de la víctima, con los que, según afirmó, se lleva adelante un trabajo conjunto eficaz para monitorear posibles situaciones de riesgo.
En cuanto a las condiciones de resguardo, la responsable del Área de Género aseguró que la protección dentro de la casa es estricta, aunque reconoció que el riesgo reaparece una vez que las mujeres egresan, especialmente cuando deciden retomar el vínculo con su agresor. Subrayó que, al tratarse de personas adultas, se respeta su voluntad, aunque desde el equipo se trabaja activamente para desalentar el regreso a entornos violentos. En esa línea, explicó que se busca fortalecer la autonomía mediante herramientas que permitan generar ingresos propios y facilitar la inserción en espacios productivos, como parte de una estrategia para ampliar las posibilidades de sostenerse fuera de relaciones de violencia.
Asimismo, aclaró que el dispositivo no cuenta con poder de policía, por lo que no puede garantizar seguridad fuera del hogar. No obstante, indicó que cada egreso es acompañado y se procura verificar que el destino sea seguro, especialmente en casos donde existen medidas de restricción. Además, se da aviso a la Fiscalía de Género y a la Policía, a fin de que esos organismos implementen los controles correspondientes, como rondas o visitas preventivas.
Finalmente, Fiorotto reconoció que existen casos de reingreso, incluso reiterados. Señaló que han acompañado a mujeres que regresaron hasta seis veces al dispositivo, en situaciones que muchas veces se repiten con la misma pareja o con vínculos posteriores. Frente a esto, planteó la necesidad de trabajar también sobre aspectos vinculados a la autoestima y a los mandatos culturales que inciden en la tolerancia de ciertas conductas dentro de las relaciones. En ese marco, enfatizó que la violencia no es negociable y que el desafío actual radica en dar respuestas sostenidas a una problemática compleja y persistente.
Por último, Fiorotto habló del consumo problemático, otra de las problemáticas que va en aumento en Gualeguaychú, al cual identificó como uno de los principales desafíos a abordar desde su Área, considerando la fuerte incidencia que tiene en los casos de violencia de género. “Quien consume drogas no necesariamente es violento, pero en las personas que ya son violentas el consumo potencia esto al 100%. Se vuelven muy peligrosos porque muchas veces no están en su sano juicio como para determinar el grado de daño físico que causan, aunque también existen otras violencias que no se visualizan tanto y dejan muchas secuelas”, expuso.

