COMPLICADA SITUACIÓN EN LA CIUDAD
Comerciantes del rubro calzado e indumentaria deportiva alertaron por la falta de mercadería
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La falta de stock pasa principalmente por zapatillas y botines que se fabrican en el exterior, como así también de la industria nacional, a la que se le hace difícil conseguir materia prima que proviene de otros países.
Miguel Quiroga, comerciante de toda una vida, que oportunamente presidió el Centro de Defensa Comercial sostuvo que “teniendo en cuenta la destrucción de la economía con la cuarentena más larga del mundo, en la cual pasamos momentos muy difíciles, en los meses de octubre, noviembre y diciembre mejoró la actividad, aunque esta es una película que ya hemos visto muchas veces”. El comerciante sostuvo que “es pan para hoy y hambre para mañana, sabemos bien en qué termina la emisión monetaria. Se puede sentir una leve mejora que nos alegra, pero sabemos bien que vamos directo a chocar contra la pared”, afirmando que “un país sin moneda no existe, y es lo que está pasando en la Argentina. Aunque nos duela es la cruda realidad”.
Quiroga sostuvo que “el hecho de no tener reservas en dólares hace que el gobierno restrinja las importaciones, por la sencilla razón de que no hay con qué pagarlas y la industria nacional, más allá de que se fabrique en el país, necesita de insumos importados. Hay elementos que sí o sí hay que traer de otros países, por más insignificante que sea, como por ejemplo, un cierre para fabricar zapatos tiene que ser japonés, algo que en la indumentaria es diferente porque cambiar el cierre de un jean lo hace un ama de casa, no así en el rubro del calzado. Para hacer un buen producto hay cosas que se traen de afuera. Un cemento de contacto, para hacer bien las cosas, debe ser italiano, al igual que las máquinas, o bien brasileras. En Argentina, como en todo el mundo, se hacen algunas cosas, pero no todo. La necesidad de importar la encontramos en todos los rubros”.
El comerciante indicó que “pese a que estamos en niveles bajos de ventas respecto a años anteriores como en el 2017 y 2018 en cantidad de unidades, muchas ventas no se realizan por la falta de mercadería. En el caso del calzado deportivo la mayoría es importado y solo algunos productos se arman acá. Pasando en limpio, la mano de obra es Argentina, el resto viene en container desarmados sin cajas y en nuestro país se lo arma”.
También detalló que “en Argentina no se puede hacer calzado deportivo de primera línea debido a que no contamos con la tecnología adecuada, especialmente si tenemos en cuenta que las marcas más importantes del mundo apuestan fuertemente a innovaciones tecnológicas, tales como diseño, desarrollo de nuevos materiales con calzados cada vez más livianos, todo eso es tecnología que acá no existe”.
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Recordó que “cincuenta años atrás, venían los brasileños a Argentina para ver como hacíamos el calzado, y desde hace varios años, no solo que le compramos el calzado, también las máquinas. Hemos sufrido y seguimos sufriendo un retroceso brutal, porque no hay indicios de un cambio, no tenemos incentivos y por sobre todas las cosas la incertidumbre, la falta de previsibilidad que en las encuestas le gana a la inseguridad y a la inflación. Eso es terrible porque te impide movilizarte. No sabemos, no el año que viene, mañana que va a pasar en la Argentina, porque todos los días cambia algo”.
Mario Espósito, responsable de una conocida casa deportiva en la ciudad, se mostró “esperanzado en que esto mejore, aunque lamentablemente lo que se viene hablando es de que el 2022 va a ser igual que el año pasado, o más duro inclusive, porque va a seguir faltando mercadería, dado que las grandes marcas no están entregando y seguramente esta situación no va a cambiar”.
En este contexto, Espósito señaló que “no podemos cumplir con el cliente, como por ejemplo en el rubro zapatillas de tenis y de básquet, lo mismo en botines de fútbol, futsal y accesorios, por lo que se hace muy difícil”. Dijo que “la venta no es demasiado mala en el mostrador, pero falta mercadería. Si a la mañana se pierden tres ventas de zapatillas y otro tanto a la tarde son números que suman, máxime cuando los costos fijos no dejan de aumentar entre cargas sociales, impuestos que te llegan desde los estados nacionales, provinciales y municipales, además de los servicios, resultando extraño que un día no llegue una boleta para pagar”. Destacó que “al estar prácticamente cortadas las importaciones, lo que habitualmente llegaba de otros mercados no está arribando, y lo poco que puede llegar a entrar queda en Buenos Aires o en las grandes cadenas, aunque siempre a cuentagotas”.
El comerciante indicó que “un par de zapatillas de tenis importadas, que son las que mayor salida tienen, rondan entre los 12 y los 14 mil pesos; mientras que las nacionales están en el orden de los 8 y 9 mil pesos. Si bien se venden, tampoco hay muchas, dado que es poco lo que se consigue de las marcas nacionales”. Acotó que “el 80% de las empresas te exigen el pago total del pedido una semana antes de que recibas el pedido. Primero depositas y después recibís”.
Referente a los botines de fútbol, algo muy demandado, comentó que “el faltante es importante porque no se fabrica en el país, la mayoría viene del exterior, y lo que se hace acá requiere de materia primera que tampoco estaría llegando de otros países”.
En cuanto a la suba señaló que es “constante” y puso como ejemplo a “una pelota de fútbol importada, de las más baratas, que hace un año oscilaba en los 2000 pesos, hoy está en casi 6.000 pesos”, para cerrar diciendo que “las grandes marcas no entregan nada desde el mes de marzo”.
