Cómo es vivir debajo de un puente: la historia de dos familias en la indigencia
Cuatro adultos y cinco menores conviven en una habitación que improvisaron debajo de un puente en Urquiza al Oeste, parada 5. Sin trabajo ni vivienda, relatan cómo intentan salir adelante. Por Mónica Farabello y Rubén SkubijFotos: Jerónimo FernándezUna situación alertó a los vecinos de la zona de Urquiza al Oeste. Un grupo de personas se instalaron hace apenas cuatro días, debajo de una alcantarilla donde improvisaron una vivienda.Con temperaturas que superan los 30 grados, los cinco chicos juegan entre la tierra y "creen que están de vacaciones en la playa, aunque falta el agua", expresó Mario de 22 años.Él llegó a Gualeguaychú hace siete meses por un trabajo de albañilería, pero por un problema de salud en una de sus piernas debió dejar de trabajar para recibir asistencia médica. Con Johana, su novia de 20 años, y sus dos hijos de 2 y 4, conviven junto a Marcela, su madre de 40, sus tres hijos y su pareja de 20.Al llegar al lugar nos recibe Marcela. "Pasen a nuestro humilde lugar", dice, mientras nos presenta a sus hijos, su pareja y su nuera que conversan sentados al sol.Los chicos juegan entre ellos a pocos metros y parecen no entender la gravedad de la situación. Se acercan y saludan, como si estuviesen contentos por la visita.Debajo del puente, unas lonas color verde se sacuden por el viento y dejan entrever la habitación de las familias.Son tres colchones donde duermen nueve personas: hombres, mujeres y niños que van desde los 2 hasta los 40 años."Vino una asistente social y nos dijo que nos iban a dar una vivienda pero sólo por tres días" cuenta Mario, quien asegura que tras conversarlo entre los cuatro adultos, decidieron quedarse en el lugar."Queremos un lugar para alquilar y pagarlo con trabajo", relató Marcela. "¿Ves esa bicicleta?", pregunta Mario, y sigue: "con eso junto cartones y botellas, pero con la pierna enferma se me complica mucho. Quiero trabajar, ganas me sobran". "Necesitamos ayuda"Las asignaciones universales, son la ayuda que reciben las dos familias, sumado a "algunos pesos que pueda hacer Walter (pareja de Marcela) limpiando vidrios en el centro".Como jefa de la familia, Marcela toma la palabra y cuenta que para cocinar tienen que "hacer fuego y arreglarnos, lo mismo que con el baño: atrás de las lonas bañamos a los nenes y después nos turnamos, las mujeres y los hombres".Al despedirnos, vuelven a insistir: "necesitamos ayuda, pero que nadie nos regale nada. Sólo queremos trabajar". "Nuestra vida de antes"Las familias son oriundas de Monte Grande, provincia de Buenos Aires. Hace siete meses atrás, Mario llegó a la ciudad por un trabajo de albañilería, por lo que luego, su mujer, su madre y hermanos decidieron radicarse en Gualeguaychú, en casa de un pariente.Tras un conflicto familiar, las nueve personas quedaron sin lugar donde vivir y decidieron instalarse primero en un terreno, desde donde fueron desalojados por la policía, y finalmente debajo del puente, donde "armamos un hogar".Los dos hombres intentan llevar el sustento económico a la "casa", mientras que las mujeres "hacen de amas de casa, limpian, cocinan y cuidan a los chicos".Actualmente, esperan encontrar una vivienda para alquilar y aseguran que lo único que piden "es trabajo y una oportunidad". Respuesta del municipioLa subsecretaria de Desarrollo Social, Alicia Ferrer, mantuvo ayer contacto con la familia en dos oportunidades. "A la mañana fuimos con otros funcionarios y trasladamos a todas las personas a una vivienda ubicada en la zona del barrio Zupichini. No tenía luz pero hablé con un vecino que facilitó la conexión"."Les dije que iban a estar allí hasta conseguir un alquiler. Pero después del mediodía solicitaron un flete y se volvieron al puente, que es un lugar peligroso para los cuatro menores. Nuevamente fui a la tarde, les expliqué que estaban en una situación irregular pero no quisieron salir", contó.Ferrer se mostró preocupada. "Como funcionaria municipal les recordé que las autoridades públicas recibirían comunicación de lo que estaba pasando, me agradecieron las gestiones pero insistieron en que se quedarán".Contó a elDía que entregó alimentos, "aclarándoles que hasta esa gestión llegaba el municipio, más no se podía hacer. La casa está para que vayan pero no quieren", insistió.Más allá de la foto

Horas antes de nuestra visita, el fotógrafo se acercó al lugar: "Al principio tuve miedo porque me dijeron que eran agresivos, por lo que tome la fotografía desde el otro lado del puente. En ese momento se veía a la mujer abrazando y consolando al marido, un pibe joven. No pude tomar una imagen nítida y decidí preguntarles qué había pasado.Me contaron que vivían a unas cuadras, en la casa de un pariente, quien los echó, y sin ánimos de pelear eligieron vivir debajo de ese puente. Cuando Mario se acercó, note una renguera dolorosa, que no le impidió trepar la barranca para darme la mano y contarme todo. Estaban con un chiquito de dos años. Los demás habían ido junto al padrastro a buscar las demás pertenencias que estaban en la casa, (barrio Zupiccini).Mario tiene unos 25 años y una discapacidad en una pierna, lo que lo priva de hacer sus trabajos de ayudante de albañilería. "Ya nadie me quiere llamar a trabajar, levanto dos baldes de arena y me caigo, pero necesito trabajar, quiero trabajar, por dios, mi bebé está ahí tirado y ya no tengo pañales y el que tiene está todo sucio".
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