Como en las novelas: amor, desencuentros, la novicia rebelde y el casamiento del final
Sebastián Bustelo y Dora Paz se conocieron a los 13 años en el colegio secundario. Su noviazgo duró 6 años, hasta que ella decidió ingresar a la congregación para ser novicia.Mónica FarabelloLas novelas relatan grandes historias de amor donde sus protagonistas viven encuentros y desencuentros imposibles de imaginar. Pero dos jóvenes de Gualeguaychú, fueron los protagonistas de una verdadera historia, pero que muy pocas veces ocurre.Sebastián y Dora se conocieron en el colegio secundario Pío XII a los 14 años. Según cuenta él, le gustó "la nariz y el pelo" de Dora y en seguida intentó acercarse a su grupo de amigos. Ella recuerda entre risas que "al principio le pareció muy gracioso, él era el payaso del grupo, siempre hacía chistes tontos como hasta ahora".Los noviazgos "de antes no son como los de ahora", contó Sebastián entre mate y mate, "antes ser novios era ser compañeros, ir a tomar un helado o hasta a almorzar con la familia. Ahora los chicos le tienen miedo a estar de novios porque piensan en la responsabilidad".Él iba a kung fu en los bomberos y yo me anoté a las clases, sólo para compartir más tiempo", dice Dora con una sonrisa.Pero, según cuentan, su historia comienza en 1975, cuando de niños jugaban en la vereda de la casa paterna de Dora, quienes eran vecinos de los abuelos de Sebastián. Juntos a Buenos AiresAl finalizar la escuela secundaria, la pareja de jóvenes se mudó a Buenos Aires a comenzar con sus estudios universitarios. Ambos optaron por la carrera de óptica, aunque finalmente y luego de unos meses de estudio, Dora decidió pasarse para la carrera de Farmacia.Esa decisión de ella, no le agradó del todo a Sebastián, pero ella lo convenció diciéndole: "podemos poner una farmacia y una óptica juntos".En el segundo año de estudios, Sebastián se mudó a un departamento con su tío, mientras que Dora ingresó a una residencia universitaria regida por monjas. "Yo tocaba la guitarra y comencé a hacer un montón de actividades que me fueron enganchando", contó Dora.Siempre ligada a la fe y la religión, sumado a algunas discusiones de la pareja por ese tema, Dora comenzó a vivir un proceso personal decisivo. Mi amor, me voy de monjaEn el año 94, una decisión trascendente en la vida de Dora y Sebastián. Ella decidió ingresar a la congregación para convertirse en novicia, y darle un fin a seis años de noviazgo."Me dio mucha bronca, pero realmente no me sorprendió", aseguró Sebastián.Por su parte, Dora lo recuerda como un momento "muy difícil de su vida", aunque asegura que sintió "que era lo que tenía que hacer en ese momento".Además, recordó que "tenía muchas cosas en la mente, un lío familiar, mis padres estaban separados, la relación con mamá era bastante complicada y teníamos 20 años y es una edad bastante complicada"."Sentía que no tenía nada para darle a él y en definitiva iba a arruinarle la vida", recordó Dora.A los pocos meses, ella ya estaba lista para el ingreso a la congregación junto a otras jóvenes que según Dora "les era más fácil porque no tenían novios y su situación era distinta".Dora fue novicia durante tres años y finalmente tomó los votos y se convirtió en monja. "De esas que tienen velo en el pelo y una túnica gris hasta las rodillas", contó.De todos modos, confesó que siempre lo recordó y hasta que en su billetera, tenía una foto de él y de su familia. La vida, dentro y fuera de la congregaciónSebastián continuó su vida. Terminó con su carrera y luego de varias relaciones "poco serias", conoció a su primera mujer con quien se casó y tuvo una hija: Maylén, que actualmente tiene 14 años. A los tres años se separó, mientras que Dora recibía algunas noticias de él por parte de su hermana, en cambio él, confiesa que "nunca quise llamarla ni buscarla, ni nada, estaba muy enojado".En el verano de 2001, Dora vino a Gualeguaychú a pasar quince días con su familia y a festejar su cumpleaños. "En Gualeguaychú cumplí los 27 y al otro día de mi cumpleaños él me llamó. Ya hacía tres años que yo era monja y nunca nos habíamos cruzado"."Cuando le escuché la voz, casi me muero, no lo podía creer", contó Dora. Sólo pasaron algunas horas, cuando se encontraron personalmente con el afán de compartir unos mates con unos amigos en la vereda."Hablamos por horas como si hubiese sido ayer", aseguró ella, mientras que él recuerda que "no le sorprendió tanto verla con el hábito, aunque fue un poco fuerte".Luego de esa noche, Dora volvió con una decisión y es que dejaría los hábitos. Se lo comunicó a sus superioras y luego de un mes, ya estaba fuera de la congregación.Finalmente, Sebastián y Dora se reencontraron y se casaron con una gran fiesta y la bendición de los anillos, porque por iglesia no pudieron casarse, debido a que él ya lo había hecho con su primera mujer.Actualmente, tienen dos hijas: Milagros de 6 años y Julieta de 4, aunque aseguran que "somos cinco para todos, porque Maylén está siempre con nosotros".Dora no se arrepiente del paso que dio por la religión y asegura que "fue parte de su camino", mientras que Sebastián bromea y asegura que "en unos años, se irá de cura para vengarse".
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