Cómo se hace un unipersonal
Sabrán disculpar, pero no tengo idea de cómo son las clases en la Facultad donde enseñan teatro, en Gualeguaychú.Julio Majul*ColaboraciónSí puedo sugerir a quienes expliquen práctica teatral, o algo así, que simplemente inviten a sus alumnos a ver la obra Atacadas por la risa, creada, dirigida y actuada por Gustavo Palacios.Palacios es un auténtico creador teatral, que aterrizó en Gualeguaychú (para bien de quienes amamos las artes) para estudiar en el Profesorado local. En realidad, este profesorado cumple una doble función: por una parte, estimula la aparición de talentos artísticos; y por otra, les brinda una (aún mínima, claro) seguridad laboral a sus alumnos.LA TEORÍA, EN PRÁCTICA"Para conocer un artista hay que verlo actuar, pibe", me decía Aníbal Troilo. Quería significar, y me ponía ejemplos que no vienen al caso, que hay gente que sabe mucha teoría musical, pero frente al público no saben desarrollarla.En todas las expresiones artísticas es más o menos igual. Para conocer a un artista hay que verlo actuar.Gustavo Palacios pasa con un 10 felicitado este examen de artista.En su Manual Para Unipersonales cumple triple rol: escribió los textos, los interpreta y se dirige a sí mismo; aspecto este último que es muchísimo más difícil de lo que se cree. Y por lo que sé, también diseña (o al menos aporta la idea) el vestuario.El tipo es múltiple. Pero no se limita a la teoría. Va a los bifes, y ¡qué asador, Dios mío!EL HUMOR COMO ARMA LETALPalacios tiene un arma letal, que usa cual pistola en manos de Elliot Ness, con la misma dosificación del Intocable. Se trata del humor, en casi todas sus variantes conocidas.Tanto puede tratarse de la filosa ironía, en medio de los monólogos que son su única manera de comunicación; como de su inédita (para nuestro medio) capacidad de repentización en la habilidad para contestar al público que se "mete" en el espectáculo y participa con generosidad sobre la que volveremos; como en la caracterización de personajes disímiles pero unidos por el hilo sutil de la caricatura; o como (en fin) su acertado manejo de las "malas palabras" (disculpame Negro Fontanarrosa, pero no sé cómo decirlo para que entiendan), ubicadas donde es menester y no como un recurso demagogo de procurar la risa fácil.Cuando fue el espectáculo en el Teatro, duró dos horas y media. Quizá medio mucho, para bancarlo un tipo solito en medio del inmenso escenario del Teatro.Se ve, y lo comprendo profundamente, que Gustavo se siente feliz actuando. No por los chistes o las reflexiones agudas, no por esto o aquello, sino por el solo hecho de manejar el espectáculo a su gusto, haciéndolo durar todo lo que quiera.Me dirán ustedes que no hay modo de mantener un nivel tan sostenido en el escenario, como para que dos horas y media no cansen a algunos espectadores. De hecho, hubo algunas (pocas) personas que salieron antes del final. Pero la inmensa mayoría de los que allí estábamos, éramos mansos fieles del Sumo Sacerdote Gustavo Palacios.Claro que no era cuestión de estar siempre en el proscenio. Él bajaba de cuando en vez, cazaba algún espectador medio distraído y con pinta de piola, y se lo llevaba con él al escenario para practicar juegos de ida y vuelta. Los (nada espontáneos) cooperadores se prestaron todos a la colaboración pedida, es necesario decirlo. Así como en ningún momento debieron padecer alguna incomodidad; el actor se cuidó de hacerlos pasar bien.PERSONAJES CARICATURESCOSLos seis personajes (si no recuerdo mal) que hizo Palacios, eran caricaturas de gente reconocible.Con un solo rasgo absolutamente igual: todas eran mujeres. Y las mujeres bocetadas podíamos reconocerlas en algunas conocidas. Claro que exagerando sus rasgos distintivos, que de eso se tratan las caricaturas. De hacer reconocible a un personaje, exagerando determinadas características.La caracterización de la psicóloga, cuyo nombre no revelaremos, es maravillosa: desata aplausos y risas. Y la chica bien. Y la adicta a las dietas. Y... todas tienen su faceta destacable.Para resumir fácilmente: si leen que se vuelve a presentar este espectáculo, que el autor, director y actor denomina Atacadas por la risa, vayan. Éste no es como el innombrable: no los defraudará. Con recursos legítimos del más puro teatro.En el espectáculo contó con la colaboración de la perfecta iluminación y el sonido habitual en César Álvarez, los todoterreno Tovi Velozo y Luis Cabral, y una auxiliar de vestuario que no figura en el programa que nos dieron, pero merece estar. La calidad y adecuación de las vestimentas a los personajes es destacable. Y así lo hacemos: lo destacamos, aunque no sabemos quién es la mujer que estaba atrás del telón traslúcido del marco austero, con que Palacios destacaba aún más su jerarquía artística.Un capolavoro teatral que merecía al Teatro como escenario.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ÉSTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

