Con "M" de Médico
Preocupados por la pandemia, revalorizamos el rol de nuestros médicos, escuchamos sus consejos y actuamos en consecuencia. También en estos días, repetimos constantemente algunos apellidos como Malbrán, por el instituto que lleva su nombre, aunque sin saber muy bien de quién se trata.
Por Gustavo RivasSurge enseguida la relación entre Carlos Malbrán con Salvador Mazza y finalmente viene a nuestra memoria el ejemplo magnífico de Esteban Maradona. Descubrimos que por casualidad los tres apellidos empiezan con "M" y eso nos inspiró el título. Vayamos ahora a un acto de justicia y también de homenaje a la memoria de estos tres grandes de la medicina argentina, que tienen como nota común, el haber asumido sus vidas con un enaltecedor concepto social de la profesión. Por orden cronológico.CARLOS G. MALBRÁNFue un médico catamarqueño, nacido en 1862. En su provincia natal realizó sus estudios primarios y luego se trasladó a Buenos Aires, en cuya universidad cursó la carrera de medicina, de la que egresó en 1887.No volvió a Catamarca, pero tampoco se olvidó de la pobreza extrema en que vivía la mayor parte de sus coprovincianos, como muchas otras comunidades del interior argentino, especialmente las de origen indígena.En su niñez había visto de cerca el drama del cólera que afectó una gran parte del país y su especialización lo llevó a investigar esa enfermedad. Acababa de presentar su tesis de graduación sobre la patología del cólera, cuando surgió un brote de esa enfermedad en Mendoza. De inmediato fue enviado allí por las autoridades de salud pública de la Nación. Cumplió satisfactoriamente la misión, y cuando el brote estuvo controlado, Malbrán optó por quedarse un tiempo en esa provincia para colaborar en su mejoramiento sanitario. De regreso en Buenos Aires, se dedicó con auténtica vocación a los problemas de la salud pública, único resguardo de los enfermos pobres, cuando no había seguros ni obras sociales. Así trabajó en distintos hospitales públicos nacionales y municipales. Fue miembro ad honorem del Comité de Limpieza de la Capital Federal. Se desempeñó en la Dirección de Higiene de esa Municipalidad y fue Jefe del Laboratorio Nacional de Higiene. En 1892 la autoridad nacional lo envió a Europa. En Inglaterra y Francia realizó investigaciones sobre otras enfermedades que por entonces diezmaban a familias enteras como la difteria y la tuberculosis.En 1899 viaja a Paraguay en representación de la Argentina para estudiar la peste bubónica que afectaba a ese país. Al año siguiente participó en la Convención Sanitaria Internacional de naciones vecinas y luego intervino en congresos sanitarios internacionales en Río de Janeiro, Montevideo y Santiago de Chile, siempre representando a Argentina.Fue además docente en la Facultad de Medicina de la UBA, como titular de la cátedra de Bacteriología y ocupó el cargo de Vice Decano de esa Facultad. También fue miembro de número de la Academia Nacional de Medicina.En 1902 fue Presidente de la Conferencia Nacional de Lucha contra la Malaria y cuatro años después, tuvo igual cargo en la de Lucha Contra la Lepra. Su consagración plena a la medicina no le impidió ser un brillante Senador Nacional por Catamarca, entre 1910 y 1919.En 1916, en pleno mandato legislativo impulsó la creación del Instituto Bacteriológico Argentino, fundado el 10 de Julio de ese año con la finalidad de investigar y desarrollar productos para el tratamiento de las enfermedades contagiosas. Publicó numerosos artículos de su especialidad y dos libros: Apuntes Sobre Salud Pública y Patogenia del Cólera.Murió en Agosto de 1940. Al cumplirse un año de su muerte, el Instituto que él fundara pasó a llevar su nombre y desde 1963 se denomina Instituto Nacional de Microbiología Dr. Carlos G. Malbrán.SALVADOR MAZZANació en Rauch, Pcia. de Bs. As. en 1886. En 1910 se graduó como médico en la UBA. Luego obtuvo el doctorado y se orientó hacia la bacteriología. Fue Jefe del Laboratorio Central del Hospital de Clínicas y trabajó en mejorar la vacuna contra el tifus. En 1916 se incorpora a la cátedra de Bacteriología como adjunto del Dr. Malbrán al que reemplaza cuando renuncia. Ese mismo año viajó a Europa, Argelia y Túnez. En este país conoció al Premio Nobel de Medicina Charles Nicolle con quien trabó amistad. El prestigioso científico visitó Argentina en 1925 y apoyó el proyecto de Mazza para crear un instituto dedicado a las endemias, especialmente el mal de Chagas. Fue el MEPRA (Misión de Estudios de Patología Regional Argentina) creado en 1928 que quedó bajo la dirección del propio Dr. Mazza. Ahí nace su vinculación con el Mal de Chagas, una enfermedad de la pobreza, a cuyo estudio dedicaría gran parte de su vida. Ésta había sido descubierta por el brasileño Ribeiro da Chagas en 1909, pero tres años después su descubrimiento fue puesto en duda. Tiempo después, desde el MEPRA, Mazza retomó los estudios de Ribeiro y no sólo logró su reconocimiento internacional como enfermedad sino además, importantes avances para su tratamiento. Por esa razón la enfermedad se conoce hoy como mal de Chagas-Mazza. Muchos otros logros alcanzó el MEPRA en materia de patologías regionales que luego se difundieron a países limítrofes. Desde ese instituto, Mazza hizo construir un vagón sanitario altamente equipado con el que recorrió luego todo el país, investigando, curando, dando clases y asesorando. En 1942 traba relación con el célebre Alexander Fleming, descubridor de la penicilina (1928) y al año, en el MEPRA ya se elaboraba la penicilina argentina con la que se salvaron muchas vidas.Murió en México en 1946 mientras asistía a un congreso. A partir de entonces, el MEPRA sufrió una serie de avatares típicamente argentinos, hasta que se cerró definitivamente en 1958. Claro, Mazza omitió luchar contra otra enfermedad social: la ceguera de los burócratas.ESTEBAN LAUREANO MARADONANació en Esperanza en 1895. Pasó su infancia junto al río Coronda y allí se enamoró de la naturaleza. Su padre era maestro en una estancia. Hizo tardíamente sus estudios secundarios y se graduó de médico en Buenos Aires en 1928. Allí abrió un consultorio que no duró mucho. En cuanto pudo, se trasladó a Resistencia, donde hizo periodismo radial, exploraciones y estudios de botánica. También dio algunas conferencias sobre seguridad laboral en los montes, lo que le costó la persecución del gobierno de facto de Uriburu (1932) y su exilio al Paraguay donde llegó cuando empezaba la guerra con Bolivia. Se ofreció como médico voluntario para ambos bandos: él sostenía que el dolor no tiene fronteras. Fue llevado a prisión bajo sospecha de espionaje y luego lo liberaron para hacerlo Director del Hospital Naval. Además colaboraba con la colonia de leprosos de Ytapirú. Terminada la guerra y pese a los intentos paraguayos por retenerlo, resuelve volver a Argentina. Se embarca en Formosa en un tren hacia Salta para visitar un hermano, antes de seguir a Bs. Aires. Cuando el tren hace una parada en Estanislao del Campo -un caserío de extrema pobreza- alguien le solicita que atienda a una parturienta en grave estado. Después de salvarla, otros vecinos le piden que se quede, ya que no había ningún médico en la zona. No hubo que insistirle: se quedó allí 51 años, viviendo sin electricidad ni servicios y sin cobrarles a las comunidades de matacos, mocovíes y pilagás. No se la llevó de arriba: un cacique desconfiado amenazó matarlo, pero él se mantuvo en sus trece y finalmente gozó del aprecio unánime. Los indios lo llamaban: el dr. Cataplasma, doctorcito Dios, doctorcito Esteban o doctor de los pobres. Estudió la vida y costumbres de esos pueblos, sobre los que luego escribió. Con una concesión de tierras fiscales fundó la Colonia Aborigen Juan Bautista Alberdi. Allí enseñó a los indios a construir casas de ladrillos y nuevos cultivos, proveyéndoles semillas y herramientas que él mismo adquiría con su propio dinero. Fundó instituciones de ayuda para indígenas impedidos, una colonia para leprosos, logró extraer agua potable, impulsó la construcción de caminos, una nueva comisaría y mejoras en la estación del tren. Denunció públicamente la explotación de indios en los ingenios azucareros y logró erradicar ese abuso. También fundó la primera escuela bilingüe para aborígenes, de la que fue maestro durante varios años. Estudió y divulgó la medicina tradicional aborigen.Escribió varios libros: A través de la selva (1936); Recuerdos Campesinos; Dendrología; Animales cuadrúpedos americanos; El problema de la lepra; Vocabulario Indígena Tobá-Pilagá (1938) entre otros.En 1986 regresó a Rosario en un estado deplorable. Allí murió el 14 de Enero de 1995, a los 99 años. Fue propuesto para Premio Nobel de la Paz por la Universidad de Formosa. La Organización de las Naciones Unidas, lo distinguió con la Estrella de la Medicina para la Paz. Por Ley 25.448 de 2001, ha sido instituido el 4 de Julio, fecha de su nacimiento, como Día Nacional del Médico Rural. Sería bueno que la devoción que los argentinos le profesamos a ese apellido, también alcance a esta figura prominente de nuestra medicina, cuyo amalgama de compromiso profesional y solidaridad social es un prodigio ético de la más alta ejemplaridad.En síntesis:Tres médicos, tres emblemas, tres testimonios que deberían latir por siempre en la conciencia colectiva de la patria.
Por Gustavo RivasSurge enseguida la relación entre Carlos Malbrán con Salvador Mazza y finalmente viene a nuestra memoria el ejemplo magnífico de Esteban Maradona. Descubrimos que por casualidad los tres apellidos empiezan con "M" y eso nos inspiró el título. Vayamos ahora a un acto de justicia y también de homenaje a la memoria de estos tres grandes de la medicina argentina, que tienen como nota común, el haber asumido sus vidas con un enaltecedor concepto social de la profesión. Por orden cronológico.CARLOS G. MALBRÁNFue un médico catamarqueño, nacido en 1862. En su provincia natal realizó sus estudios primarios y luego se trasladó a Buenos Aires, en cuya universidad cursó la carrera de medicina, de la que egresó en 1887.No volvió a Catamarca, pero tampoco se olvidó de la pobreza extrema en que vivía la mayor parte de sus coprovincianos, como muchas otras comunidades del interior argentino, especialmente las de origen indígena.En su niñez había visto de cerca el drama del cólera que afectó una gran parte del país y su especialización lo llevó a investigar esa enfermedad. Acababa de presentar su tesis de graduación sobre la patología del cólera, cuando surgió un brote de esa enfermedad en Mendoza. De inmediato fue enviado allí por las autoridades de salud pública de la Nación. Cumplió satisfactoriamente la misión, y cuando el brote estuvo controlado, Malbrán optó por quedarse un tiempo en esa provincia para colaborar en su mejoramiento sanitario. De regreso en Buenos Aires, se dedicó con auténtica vocación a los problemas de la salud pública, único resguardo de los enfermos pobres, cuando no había seguros ni obras sociales. Así trabajó en distintos hospitales públicos nacionales y municipales. Fue miembro ad honorem del Comité de Limpieza de la Capital Federal. Se desempeñó en la Dirección de Higiene de esa Municipalidad y fue Jefe del Laboratorio Nacional de Higiene. En 1892 la autoridad nacional lo envió a Europa. En Inglaterra y Francia realizó investigaciones sobre otras enfermedades que por entonces diezmaban a familias enteras como la difteria y la tuberculosis.En 1899 viaja a Paraguay en representación de la Argentina para estudiar la peste bubónica que afectaba a ese país. Al año siguiente participó en la Convención Sanitaria Internacional de naciones vecinas y luego intervino en congresos sanitarios internacionales en Río de Janeiro, Montevideo y Santiago de Chile, siempre representando a Argentina.Fue además docente en la Facultad de Medicina de la UBA, como titular de la cátedra de Bacteriología y ocupó el cargo de Vice Decano de esa Facultad. También fue miembro de número de la Academia Nacional de Medicina.En 1902 fue Presidente de la Conferencia Nacional de Lucha contra la Malaria y cuatro años después, tuvo igual cargo en la de Lucha Contra la Lepra. Su consagración plena a la medicina no le impidió ser un brillante Senador Nacional por Catamarca, entre 1910 y 1919.En 1916, en pleno mandato legislativo impulsó la creación del Instituto Bacteriológico Argentino, fundado el 10 de Julio de ese año con la finalidad de investigar y desarrollar productos para el tratamiento de las enfermedades contagiosas. Publicó numerosos artículos de su especialidad y dos libros: Apuntes Sobre Salud Pública y Patogenia del Cólera.Murió en Agosto de 1940. Al cumplirse un año de su muerte, el Instituto que él fundara pasó a llevar su nombre y desde 1963 se denomina Instituto Nacional de Microbiología Dr. Carlos G. Malbrán.SALVADOR MAZZANació en Rauch, Pcia. de Bs. As. en 1886. En 1910 se graduó como médico en la UBA. Luego obtuvo el doctorado y se orientó hacia la bacteriología. Fue Jefe del Laboratorio Central del Hospital de Clínicas y trabajó en mejorar la vacuna contra el tifus. En 1916 se incorpora a la cátedra de Bacteriología como adjunto del Dr. Malbrán al que reemplaza cuando renuncia. Ese mismo año viajó a Europa, Argelia y Túnez. En este país conoció al Premio Nobel de Medicina Charles Nicolle con quien trabó amistad. El prestigioso científico visitó Argentina en 1925 y apoyó el proyecto de Mazza para crear un instituto dedicado a las endemias, especialmente el mal de Chagas. Fue el MEPRA (Misión de Estudios de Patología Regional Argentina) creado en 1928 que quedó bajo la dirección del propio Dr. Mazza. Ahí nace su vinculación con el Mal de Chagas, una enfermedad de la pobreza, a cuyo estudio dedicaría gran parte de su vida. Ésta había sido descubierta por el brasileño Ribeiro da Chagas en 1909, pero tres años después su descubrimiento fue puesto en duda. Tiempo después, desde el MEPRA, Mazza retomó los estudios de Ribeiro y no sólo logró su reconocimiento internacional como enfermedad sino además, importantes avances para su tratamiento. Por esa razón la enfermedad se conoce hoy como mal de Chagas-Mazza. Muchos otros logros alcanzó el MEPRA en materia de patologías regionales que luego se difundieron a países limítrofes. Desde ese instituto, Mazza hizo construir un vagón sanitario altamente equipado con el que recorrió luego todo el país, investigando, curando, dando clases y asesorando. En 1942 traba relación con el célebre Alexander Fleming, descubridor de la penicilina (1928) y al año, en el MEPRA ya se elaboraba la penicilina argentina con la que se salvaron muchas vidas.Murió en México en 1946 mientras asistía a un congreso. A partir de entonces, el MEPRA sufrió una serie de avatares típicamente argentinos, hasta que se cerró definitivamente en 1958. Claro, Mazza omitió luchar contra otra enfermedad social: la ceguera de los burócratas.ESTEBAN LAUREANO MARADONANació en Esperanza en 1895. Pasó su infancia junto al río Coronda y allí se enamoró de la naturaleza. Su padre era maestro en una estancia. Hizo tardíamente sus estudios secundarios y se graduó de médico en Buenos Aires en 1928. Allí abrió un consultorio que no duró mucho. En cuanto pudo, se trasladó a Resistencia, donde hizo periodismo radial, exploraciones y estudios de botánica. También dio algunas conferencias sobre seguridad laboral en los montes, lo que le costó la persecución del gobierno de facto de Uriburu (1932) y su exilio al Paraguay donde llegó cuando empezaba la guerra con Bolivia. Se ofreció como médico voluntario para ambos bandos: él sostenía que el dolor no tiene fronteras. Fue llevado a prisión bajo sospecha de espionaje y luego lo liberaron para hacerlo Director del Hospital Naval. Además colaboraba con la colonia de leprosos de Ytapirú. Terminada la guerra y pese a los intentos paraguayos por retenerlo, resuelve volver a Argentina. Se embarca en Formosa en un tren hacia Salta para visitar un hermano, antes de seguir a Bs. Aires. Cuando el tren hace una parada en Estanislao del Campo -un caserío de extrema pobreza- alguien le solicita que atienda a una parturienta en grave estado. Después de salvarla, otros vecinos le piden que se quede, ya que no había ningún médico en la zona. No hubo que insistirle: se quedó allí 51 años, viviendo sin electricidad ni servicios y sin cobrarles a las comunidades de matacos, mocovíes y pilagás. No se la llevó de arriba: un cacique desconfiado amenazó matarlo, pero él se mantuvo en sus trece y finalmente gozó del aprecio unánime. Los indios lo llamaban: el dr. Cataplasma, doctorcito Dios, doctorcito Esteban o doctor de los pobres. Estudió la vida y costumbres de esos pueblos, sobre los que luego escribió. Con una concesión de tierras fiscales fundó la Colonia Aborigen Juan Bautista Alberdi. Allí enseñó a los indios a construir casas de ladrillos y nuevos cultivos, proveyéndoles semillas y herramientas que él mismo adquiría con su propio dinero. Fundó instituciones de ayuda para indígenas impedidos, una colonia para leprosos, logró extraer agua potable, impulsó la construcción de caminos, una nueva comisaría y mejoras en la estación del tren. Denunció públicamente la explotación de indios en los ingenios azucareros y logró erradicar ese abuso. También fundó la primera escuela bilingüe para aborígenes, de la que fue maestro durante varios años. Estudió y divulgó la medicina tradicional aborigen.Escribió varios libros: A través de la selva (1936); Recuerdos Campesinos; Dendrología; Animales cuadrúpedos americanos; El problema de la lepra; Vocabulario Indígena Tobá-Pilagá (1938) entre otros.En 1986 regresó a Rosario en un estado deplorable. Allí murió el 14 de Enero de 1995, a los 99 años. Fue propuesto para Premio Nobel de la Paz por la Universidad de Formosa. La Organización de las Naciones Unidas, lo distinguió con la Estrella de la Medicina para la Paz. Por Ley 25.448 de 2001, ha sido instituido el 4 de Julio, fecha de su nacimiento, como Día Nacional del Médico Rural. Sería bueno que la devoción que los argentinos le profesamos a ese apellido, también alcance a esta figura prominente de nuestra medicina, cuyo amalgama de compromiso profesional y solidaridad social es un prodigio ético de la más alta ejemplaridad.En síntesis:Tres médicos, tres emblemas, tres testimonios que deberían latir por siempre en la conciencia colectiva de la patria.
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