Con una mirada desde la fe
Cromañón, la polución, los dilemas juveniles, el trabajo, la droga, el Mayo Francés, el consumismo. Son algunos temas del libro "Tengo algo que decirte", que se presentó esta semana. Aquí el diálogo con su autor, monseñor Jorge Lozano. Y con la editora, Virginia Bonard, del equipo de comunicación de la Conferencia Episcopal Argentina.Por Marcelo Lorenzo - Monseñor, ¿cómo surgió esta idea del libro?Jorge Lozano:- En el deseo de recopilar una serie de artículos, de predicaciones, de cartas que fueron surgiendo durante estos últimos años. Recoge escritos del 2005 al 2009. Salvo uno: la predicación que realicé cuando mi consagración episcopal, el 25 de marzo del 2000, en la Catedral de Buenos Aires. Los demás son artículos de opinión y cartas que hice, estando aquí en Gualeguaychú, a los periodistas, a los docentes, a los papás, a las mamás, a los estudiantes. Además de predicaciones, como la dirigida a los familiares de Cromañón, o la del 7 de Agosto en San Cayetano, en el santuario del barrio de Liniers. - Allí se ve que está presente, también, el conflicto pastero... - En cuanto me dijeron que venía de obispo a Gualeguaychú, allá por diciembre del 2005, una de las primeras cosas que hice fue pedir ayuda y asesoramiento técnico. Entonces tomé contacto con profesionales de la Universidad Católica, que conforman un equipo de estudios ambientales y atmosféricos. Y con ellos, además de interesarme de las cuestiones vinculadas a las industrias de pasta de celulosa, también me adentré en las cuestiones de cambio climático, un tópico que debí abordar por mi tarea como miembro en la Conferencia Episcopal de América Latina. - Está claro el interés de Lozano por los temas sociales...Virginia Bonard:- Creo que todo lo que es humano le es cercano. En la alegría y en el sufrimiento. Y si la cuestión es la casa de todos, como el medio ambiente, también. Y siempre con una mirada desde la fe. Me parece que es la calidad humana de Jorge Lozano lo que le da la posibilidad de poder abordar esos temas con una simplicidad enorme. Pero también con gran capacidad poética, porque cuando él se pone a escribir suele traernos un tipo de escritura que en la literatura rescatamos de los poetas (...) Es importante resaltar que lo que dice surge de la escucha de los que estamos alrededor, y sobre todo de la opinión de aquellos que saben más en su campo específico, con los cuales se asesora. Entonces el riesgo de equivocarse en las apreciaciones es mínimo. Porque uno podrá o no estar de acuerdo, pero hay cosas que son objetivas. Y me parece que cuando se trata de buscar objetividad, él la busca justamente con las personas que saben. - ¿Desde cuándo conoce a monseñor?V.B.:- Fue nuestro párroco allá en Buenos Aires. Fue el fundador de nuestra Parroquia Nuestra Señora de la Anunciación, la más linda del mundo. Diría que él siempre se ocupó de lo pequeño (...) Recuerdo una anécdota. En nuestra comunidad sigue estando una artista plástica, Marcela, que gestó una imagen de la Virgen de la Anunciación en una tela. Y la pintó durante varias semanas en el patio de la escuela (patio muy sencillo y muy humilde que ya no se inunda más pero que aquella época se inundaba). Mientras pintaba, yo solía ir con la guitarra y cantábamos, y se producía así un hecho diría muy íntimo entre nosotras. Y Jorge bajaba cada tanto y nos cebaba unos mates. Y cada tanto, después de pedir permiso, daba una pinceladita. Marcela le daba el pincel y pintaba alguna cosita. Estas delicadezas me parecen que también forman parte de las delicadezas que tiene Dios con el hombre en general. Ocurre que a veces no las vemos. Pero bueno, cuando vienen con rostro y con nombres, se hacen más evidentes. El contacto con las letras
- ¿Cuál ha sido, monseñor, su conexión existencial con el mundo de las letras? J.L.:- En el secundario mi formación fue técnica. Empecé luego en ingeniería electrónica. Así que no tenía vocación inicial por las letras. Aunque siempre me gustó leer. Y en el seminario, ahí me adentré en la lectura de los clásicos, la filosofía, la teología. La poesía me gustó. En vacaciones acostumbraba a leer. Y de vez en cuando escribía algo, aunque en tono más personal: una oración o alguna reflexión. Cosas que están guardadas en alguna caja de recuerdos. Hace más de 10 años empecé a escribir. Por ahí con ocasión de alguna fiesta parroquial o como carta a los feligreses. Cuando me tocó ser obispo, en algunas situaciones complejas, en las que me vi en la necesidad de escribir. Sobre todo cuando me tocaba estar en Cayetano, donde había una cuestión vinculada a lo social y al mundo del trabajo. O después para acompañar a las familias de Cromañón. - ¿Usted suele escribir las homilías? ¿Lo hizo al principio?- Nunca escribí homilías. En todo caso, me hacía un esquema de lo que quería decir. Pero no se trataba de escribir una homilía y leerla. A la predicación más bien la entiendo como un diálogo con la comunidad. A veces el rostro de la gente me condiciona mucho lo que digo. Habitualmente llevo dos o tres ideas que quiero desarrollar. Y a veces me quedo en la primera porque percibo el interés de la gente en eso. Y entonces dejo las otras dos ideas para otra oportunidad. Con ocasión del primer aniversario de Cromañón, ahí vi que era bueno escribir algo sobre los jóvenes de esa tragedia. Con Virginia lo charlamos y vimos que había una oportunidad en el diario La Nación. Conseguimos publicar el primer artículo. No estaba acostumbrado a esto, y me sorprendió el impacto. - ¿Qué virtud le encuentra a la palabra impresa?- Expresar ideas más pensadas en el desarrollo. Por ahí, ante alguna cosa que se me ocurre escribir, surge la necesidad de agarrar un libro o un diccionario. O llamar a alguien por teléfono. Porque como dice Virginia, los textos que aparecen en el libro reflejan diálogos previos con una psiquiatra, con un médico, con un abogado, con un perito en ambiente, con un economista. A veces ocurre que cuando termino de escribir algo, les envío el texto a algunos de ellos, pidiéndoles que me lo corrijan si juzgan que lo escrito es inadecuado, o sugiriéndoles que lo enriquezcan con algún otro dato que falte. - Aunque en los textos prima el enfoque filosófico y teológico, la temática obliga a consultar la visión científica. ¿Es así?- A ver, yo podría hablar de la importancia de la naturaleza y de la creación sin la referencia de un técnico. Es decir, sólo a partir del dato revelado. Ahora si yo quiero hablar de los bosques en el país, tengo que hablar con un perito sobre la Ley de Bosques. No puedo simplemente decir: 'me preocupa que haya pocos árboles'. A mí me parece que sería poco serio decir una cuestión tan general en un artículo de opinión. Es distinto si estamos conversando con amigos, en donde alguien pregunta y otro contesta. Ahora, si tenemos ocasión de decir una palabra, esa palabra tiene que estar fundamentada (...) En el caso de la droga, por ejemplo, consulté con especialistas en psicología, psiquiatría, medicina. Y últimamente hemos incorporado al equipo a un perito forense de la Corte Suprema de la Provincia de Buenos Aires, que es ingeniero químico. - La aparición de un libro es auspiciosa. Ahora, hay estadísticas que indican que le gente lee muy poco, y que la mayoría de los adolescentes no comprende lo que lee. ¿Le preocupa esto?- Por supuesto. Es responsabilidad de los adultos y los educadores ver como hacemos para torcer esto. Porque el analfabetismo no es solamente no saber escribir una palabra o no saber leer una frase. Tiene que ver también con la comprensión. Sabiendo que hay nuevos lenguajes. Hace dos o tres décadas el texto escrito era el único camino que teníamos para comunicar una idea o trasmitir un saber. Hoy estamos abiertos a otros códigos. No quiero desmerecer o dejar de lado esos otros lenguajes. Pero el escrito es un lenguaje que particularmente hay que cultivar. Textos con impacto - ¿Cuál ha sido el rol, en este caso, del editor?V.B.:- De lo que se trata es de hacer el libro. Elegimos los textos. Pensamos entre los dos, con monseñor, qué sería bueno publicar. Establecimos el tiempo. Porque elegimos los textos producidos entre 2005 y 2009, quedaron afuera otros que espero que en algún momento salgan. - ¿Qué criterio primó a la hora de la selección?- Evaluamos los textos más significativos desde el punto de vista de la recepción de los lectores. Por ejemplo, debo decir que en mi opinión las palabras más hermosas que dijo monseñor, que resonaron en mi corazón, fueron las que pronunció acá en Gualeguaychú el día que asumió (...) Cuando hablo de significativo me refiero sobre todo a la recepción. En este sentido, hay que determinar los distintos grupos de receptores. No es poco que los docentes, los sacerdotes y los periodistas, sean receptores de cartas. En todas ellas se ve, como tratamiento, un enfoque integral del ser humano. Es decir, no sólo está el periodista que cubra noticias, también está la persona. A ninguno nos gusta que sólo nos vean como herramientas, sino como alguien que vale por sí mismo como persona (...) En cuanto al título del libro, es de monseñor, que si se pone a trabajar de periodista nos saca el laburo a todos. (Risas). - "Tengo algo que decirte" es una apelación individual...J.L.:- Suelo cometer algunas irregularidades a propósito. A veces a algunos textos los comienzo en plural y los voy siguiendo después en singular. Por ejemplo, digo "quiero saludar a todos los docentes" y de pronto en el párrafo siguiente continúo "porque yo se que vos...". Me parece que hay que personalizar. No solo personalizar en grupos de profesión o de dedicación, diciendo, para los periodistas, para los docentes, para los jóvenes sino también es para cada joven, para cada periodista, para cada maestro (...) A todos nos gusta que nos digan algo personal. Por otra parte, el amor de Dios no es un amor a vuelo de pájaro. Dios no ama a la humanidad como un ente o una unidad impersonal, sino a cada uno. Y quienes estamos llamados a reproducir el amor de Dios y hablar de su amor y acreditarlo tenemos que hacer llegar este mensaje. Incluso cuando escribo trato de imaginar rostros concretos, en situaciones puntuales, donde se me realizan preguntas concretas. Cómo llegar mejor
- ¿Cómo hacer comprensible un tema arduo? ¿No cree que el mejor texto es el que comunica lo complicado en forma sencilla?- Eso puntualmente trato de hacer. Ustedes publicaron hace poco un artículo mío que tiene que ver con la muerte digna y la eutanasia. El tema surgió de un par de conferencias a las que asistí, escuchando a médicos y profesionales. La pregunta que me hice es: ¿cómo hacemos para llegar a la gente con esto? Porque son las personas las que se preguntan qué hacer en tales situaciones. Por ejemplo si desconectar o no un respirador. Otra gente tiene dilemas muy concretos a la hora de un familiar enfermo. Los principios no les alcanzan. Así que traté de armar un texto que recogiera estas inquietudes. Después se lo mandé a un especialista en bioética, para que lo revisara (...) El planteo que me hago, por tanto, es: esto que yo ahora lo entiendo como obispo, como adulto, como hombre de fe, ¿cómo hago para que lo entienda alguien que no estudió teología, o que tiene 15 años y que va a un colegio? Entonces, ¿cómo llego a ellos? - Cuando se habla de que la Iglesia debe aggiornarse, ¿tiene que ver con la necesidad de que utilice un lenguaje para la época? - La palabra aggiornamiento en la vida de la Iglesia surgió en la década del '60, cuando fue convocado el Concilio Vaticano II. Lo convocó Juan XXIII y lo continuó Pablo VI. Hace poco releí un escrito de Juan XXIII y él tenía una expresión que a mí me resultó luminosa. Decía: "Si la Iglesia no va al mundo, el mundo no va a ir a la Iglesia". Y yo a esto lo parafraseo de esta manera: Si la Iglesia no va los jóvenes, los jóvenes no van a ir a la Iglesia; si la Iglesia no va los docentes, los docentes no van a ir a la Iglesia; si la Iglesia no va a los periodistas, los periodistas no van a ir a la Iglesia. Es un movimiento de salida que en Aparecida, se formula así: "No podemos quedarnos en una mera pastoral de conservación sentándonos a la espera". Tenemos que salir a la búsqueda. Estos textos son intentos de salir a la búsqueda.
¿Jefe de la Pastoral Social, en reemplazo de Casaretto? - A usted se lo menciona como un posible sucesor del cardenal Jorge Bergoglio, quien deja el cargo de titular de la Comisión Episcopal Argentina a fin de año. ¿Qué tienen de cierto estas versiones?Jorge Lozano:- Estatutariamente cualquiera de los cerca de 90 obispos que estamos en la Conferencia Episcopal puede ser presidente. Eso lo decide la asamblea de obispos. Cada 3 años se renuevan autoridades. Ahora en noviembre hay asamblea. Bergoglio no puede ser electo porque es su segundo período como presidente. Así que hay que designar presidente y los presidentes de cada una de las comisiones que conforman la Conferencia Episcopal y los miembros de esas comisiones. Estatutariamente yo puedo serlo como puede serlo cualquiera de los 90. Lo más razonable es que yo no sea. ¿Por qué digo eso? Porque habitualmente los obispos que son designados en esa función, suelen tener más edad. Por decir algo, más de 65 años de edad (Lozano tiene 56). Suelen ser arzobispos de alguna otra sede. Mirando 20 años atrás, han sido el arzobispo de Córdoba, el de Buenos Aires, el de Paraná o el de Santa Fe. Habitualmente a esos cargos los cubren quienes tienen trayectoria. Y que además tienen experiencia en la Conferencia Episcopal, habiendo sido presidentes de algún organismo intermedio, como la comisión de educación o de comunicación. - También se lo menciona como candidato a suceder a Jorge Casaretto al frente de la Comisión Nacional de Pastoral Social...- Eso es distinto. Ahí también vota la misma asamblea y suele elegir entre los mismos miembros de la pastoral social. Y yo soy uno de sus miembros. Somos 4 o 5 obispos. Así que puede ser que la asamblea opte por algunos de ellos o por algún otro obispo que se proponga (...) - ¿Cuándo se va a saber eso?- La asamblea creo que empieza el 8 de noviembre y concluye el 12. Cuando termina la asamblea, ya está la elección realizada.
- ¿Qué iniciativas legislativas que están en el Congreso sigue con interés?- Una es la Ley de Tierras. Me parece que estamos necesitando en el país desde hace mucho tiempo una regulación acerca de la tierra. Esto lo hemos expresado en la Conferencia Episcopal Argentina en un documento del año 2004 que se llamó "Una Tierra para Todos". Ahí constatamos que ha habido en las últimas décadas un proceso grande de concentración en la propiedad de la tierra y concentración también de las unidades productivas. El otro día escuchaba algo muy significativo que había dicho el Padre Luis Jeannot Sueyro. El decía: "queremos promover la agricultura con agricultores". A eso debemos tender. El actual proceso ha hecho que mucha gente se fuera del campo. También tenemos que encontrar un marco regulatorio que impida la extranjerización de las tierras. Ha habido capitales extranjeros que han comprado grandes extensiones, vinculadas sobre todo a fuentes de agua (...) Otra iniciativa legislativa que sigo con interés tiene que ver con la droga. Hay dos o tres proyectos -no muchos- que se están debatiendo en estos momentos. Dependiendo de cuál sea el resultado de esto, sabremos si podremos prevenir mejor o liberar todavía más el consumo.
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