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Condenaron a 4 años de prisión por al joven acusado por la entradera

El Tribunal de Juicios de Gualeguaychú no tuvo en cuenta la imputación por robo agravado que realizó la Fiscalía y en su lugar condenó a Eric Luna a una pena de prisión efectiva de 4 años porque no se pudo establecer a ciencia cierta la titularidad del arma. La semana próxima se conocerán los fundamentos.

La estrategia que planteó la defensa fue en definitiva la que terminó prevaleciendo a la hora de dictar sentencia. Eric Luna, el joven de 26 años que fue detenido por la entradera que sufrió un adolescente de 15 años en noviembre pasado, se responsabilizó del hecho al momento de declarar en la primera audiencia del juicio, pero se desligó de haber utilizado un arma blanca para amedrentarlo.

El acusado por robo agravado indicó en su declaración – donde no respondió a las preguntas de la Fiscalía y la querella – que el arma con la cual resultó lesionado en sus manos, había sido extraída por el menor de la cocina. Esto fue el centro de la discusión, porque el hecho fue reconocido y sólo se debía esclarecer si se había cometido con un arma blanca o el arma blanca era de la casa a la cual había ingresado.

Habrá que esperar hasta conocer los fundamentos de la sentencia para confirmar en qué se basaron los tres miembros del Tribunal para considerar que Luna debía ser condenado bajo la figura de robo simple a 4 años de cárcel, pero según lo que se adelantó, no se pudo llegar al umbral de certeza suficiente para considerar que el cuchillo era propiedad de acusado. Además, el testimonio del menor resultó ambiguo o contradictorio con otro que fue vertido a los medios de comunicación horas después de conocido el caso.

Luna llegó al juicio cumpliendo una prisión domiciliaria en su vivienda de Ciudad Evita, en el partido de La Matanza, con una tobillera electrónica. Y tras esta última audiencia, donde se escuchó el adelanto de veredicto, regresó a Buenos Aires pero esta vez con medidas de coerción.

Ahora habrá que esperar por los fundamentos y conocer la posición de la Fiscalía y la querella, pero según pudo saber ElDía habría muchas intenciones por parte de la familia damnificada de terminar con todo lo sucedido y dejar las cosas como lo dispuso la justicia en esta primera instancia.

Una entradera que conmocionó a todos

Fue un caso que sobresaltó a Gualeguaychú por dos cuestiones: la víctima fue un adolescente de 15 años y el delincuente lo abordó en la calle. Hasta ese momento no había registros en la ciudad sobre esta modalidad de robo, donde el ladrón obliga a su presa a llevarlo hasta su casa para consumar el atraco. Esto despertó en la sociedad un repudio generalizado, porque muchos se sintieron identificados en que el adolescente que sufrió este ataque podría haber sido el hijo de cualquiera.

El menor caminaba por calle Rivadavia, a la altura de la plaza Urquiza, cuando se le acercó un sujeto que simulaba ser un vendedor ambulante. Le ofreció trapos de piso y bolsas y como el menor le dijo que no tenía dinero para comprarle nada, lo intimidó y amenazó con una supuesta arma que tenía en el bolso y que nunca extrajo. Caminaron varias cuadras y aunque Juan trató de hacer un recorrido más extenso con la intención de perderlo en la primera oportunidad que tuviera, su captor lo tenía abrazado e inmovilizado, simulando ser un amigo, por lo cual lo único que podía hacer era caminar.

Así llegaron hasta Paraguay y La Rioja, donde vive el menor junto a su familia, pero no ingresaron inmediatamente. Esperaron sentados en el cordón de la vereda por unos 10 minutos hasta que el ladrón le informó que iban a entrar. Cuando ingresaron a la casa pasaron por el lugar donde estaba durmiendo la hermana de 17 años y se dirigieron a la habitación de la madre que no estaba presente en la casa. Juan lo llevó hasta esa dependencia para evitar que el delincuente se cruzara con la hermana y su hermano de 7 años que jugaba a la “Play” en otra pieza.

Mientras el delincuente revolvió cada cajón de la habitación, la hermana del menor se despertó de su siesta y llevó al hermanito más pequeño a la escuela, ignorando todo lo que ocurría en el otro sector de la vivienda. Cuando ella regresó la historia cambió y se inició el principio del fin. Mientras tenía a Juan contra la pared, le dijo que “no estaba en la casa para violarla sino para robar”, además de proferirle todo tipo de amenazas. A ambos los obligaba a mirar hacia el piso y les daba órdenes. Logró reunir más de 20 mil pesos que eran parte de la fiesta de egresados que estaba organizando la menor junto a sus compañeros, sus ahorros y el dinero que estaba destinado al pago de unos trabajos de albañilería.

El delincuente ya tenía todo lo que necesitaba. En varios bolsos y mochilas había guardado los aparatos electrónicos de valor, como la “Play”, computadora, celulares, entre otras cosas, y el dinero. Hizo pedir un “taxi” y cuando llegó el remis, el joven y el delincuente se trenzaron en una lucha muy peligrosa adentro de la casa, que involucró un cuchillo. El menor logró echar de la vivienda al delincuente cortándolo varias veces con el arma. El ladrón salió corriendo con el dinero en su poder y se dirigió a la remisería ubicada en Primera Junta al 150. Se subió a un móvil y pidió que lo llevara hasta el hospedaje en el que se encontraba, en Rivadavia y Montiel, pero para ese momento la Policía ya había sido alertada y consiguió detenerlo en Luis N. Palma y Montiel.

Así relataba lo sucedido a ElDía desde Cero la madre de la víctima:

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