Conmovedor relato de gualeguaychuense en el juicio a torturadores de la dictadura
Luis Ricardo Silva brindó ayer su versión de los hechos ante el Tribunal Oral Federal de Paraná en la causa donde se juzga al ex ministro del Interior de la última dictadura militar, Albano Harguindeguy, y otros. Recordó a Oscar Dezorzi y "Noni" González. En la 18ª audiencia de debate del juicio por la Causa Harguindeguy, Silva señaló que estuvo cautivo junto al militante paranaense desaparecido Victorio Coco Erbetta, y a Carlos Atilio Martínez Paiva, militante uruguayense que semanas atrás prestó testimonio.En esta jornada, Luis Ricardo Silva brindó su versión de los hechos ante el Tribunal Oral Federal de Paraná. Precisó que fue detenido a la medianoche del 12 de agosto de 1976 -cuando contaba con tan sólo 21 años-, mientras compartía un asado con amigos en el club La Vencedora, de Gualeguaychú.En esa oportunidad, un efectivo de la policía de Gualeguaychú, de apellido Recalde, fue a buscarlo, porque tenía la orden de detenerlo. "Quiero aclarar que Recalde tuvo una actitud noble, me conocía desde hacía muchos años. Tiempo después, cuando fui liberado, habló conmigo y me explicó que le habían querido hacer firmar una declaración en la que diga que yo me resistí al arresto, pero él se negó, con todo lo que ello implicaba".Silva relató que fue llevado a Paraná, hasta el Batallón de Comunicaciones del Ejército. "Allí fui testigo de cómo los militares maltrataron a los policías de pueblo. '¡Pelotudos, basuras, hijos de puta! ¡Cómo lo van a traer sin capucha y sin esposas!', les gritaron, y me pusieron de cara contra la pared. Entonces el que gritaba me gatilló un arma en la nuca".Según su relato, en Comunicaciones vio a Martínez Paiva en "estado cadavérico", y a Erbetta "destrozado", producto de las constantes torturas. También compartió celda con un detenido de apellido Marechal."Una noche, Coco (Erbetta) mantuvo una reunión con monseñor Tortolo, que le regaló cinco cajas de cigarrillos y las compartió con todos los que estábamos allí. Esa misma noche, se lo llevaron y nunca más lo volvimos a ver", contó emocionado. Más adelante, en su declaración dijo que en una oportunidad, pudo ver cómo retiraban del lugar a un cadáver ensangrentado, tapado con una sábana: "Todo me hace pensar que era él", dijo.Sobre Martínez Paiva, señaló que en un par de oportunidades compartieron el calabozo, y que hablaron. "Me dijo que era de Concepción del Uruguay, y que allá lo habían torturado mucho".Respecto de las condiciones de detención en el Batallón, Silva las describió como "un verdadero infierno. Se escuchaban los gritos desgarradores de las personas que eran torturadas. Estábamos todo el día encapuchados, no teníamos contacto con nadie, sólo podíamos hablar entre nosotros para pasar el tiempo, sólo nos sacaban una vez al día para que vayamos al baño. Nos daban de comer repollo seco y huesos, que nos llevaban en un fuentón". Señaló que no pudo ver mucho, pero sí escuchaba lo que sucedía alrededor.En ese lugar estuvo detenido hasta el 8 de octubre del 76'. Luego fue llevado a Gualeguaychú, donde estuvo un mes. Después, sufrió constantes traslados a las cárceles de Paraná, Caseros, Sierra Chica, Devoto, La Plata, y nuevamente Paraná. Fue liberado a fines de marzo de 1982. En su relato, dijo que mientras estuvo en Paraná, lo sacaban de su celda a menudo, para someterlo a interrogatorios y golpearlo. "Recuerdo la cara del teniente (Humberto) Appiani, que me interrogaba y me ahorcaba con un lazo".Consultado por la Fiscalía sobre si conocía a los desaparecidos Oscar Ruso Dezorzi y Norma Noni González, oriundos de Gualeguaychú, Silva contó -con la voz quebrada- que ambos eran muy cercanos a él, amigos y compañeros de militancia en la JP y Acción Católica de la parroquia Santa Teresita."El Ruso Dezorzi era mi hermano del alma, mientras yo estudié en Paraná, en la UTN, vivíamos juntos en una pensión. Días antes de que lo hagan desaparecer, fue hasta la casa de mi papá, donde yo estaba parando. Me llevó a su hijo, y estuvimos charlando. Esa fue la última vez que lo ví. Mucho tiempo después, ya en época de la democracia, fui a visitarla a su mamá, y ella me contó que estuvo detenido en Comunicaciones. Yo no lo vi, pero seguramente estuvo al mismo tiempo que yo; el lugar era muy grande, y estábamos encapuchados, por eso nunca pude verlo", explicó.Sobre González, dijo que quienes la detuvieron "mataron a un ángel". Relató que "tenía 20 años, era una chica bonachona, del barrio. Era compañera mía de Acción Católica, íbamos a los barrios más pobres a trabajar, a ayudarlos a construir viviendas, a hacer actividades culturales. Éramos un grupo de amigos de la parroquia, junto con Blanquita Angerosa, el Ruso Dezorzi, Raúl Ingold. Muchos de mis amigos, como ella, ahora están desaparecidos. El dueño del supermercado El Picaflor, donde ella trabajaba, me contó mucho tiempo después que el día que a ella la detuvieron en el trabajo, él siguió a los tipos en el auto, cruzó el puente sobre el río Gualeguay y, en un momento, el Falcon que la llevaba frenó. Se bajaron dos tipos y empezaron a ametrallar, y le gritaron 'volvete, hijo de puta, si no querés terminar mal'. Cuando me contaba eso, lloraba como un niño, porque Noni fue empleada suya durante muchos años".Dijo, además, que no tiene conocimiento sobre el paradero de ninguno de ellos, publica Uno.El testigo concluyó su conmovedor testimonio diciendo que "no guarda odio ni rencor" hacia quienes lo torturaron a él y sus compañeros. Pero los llamó "cobardes", porque "ni siquiera son capaces de decir dónde están los compañeros desaparecidos", y que los represores "no pueden caminar con la frente en alto". "Pudieron violentarnos, pero no podrán sacar de nuestras almas el recuerdo de nuestros amigos". ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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