INCENDIOS Y DRAMA
Corrientes prendida fuego: La lucha es contra las llamas y por la disputa de sentido
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La destrucción del 9% del territorio correntino, las imágenes de indefensos animales calcinados por el fuego, la labor de los bomberos voluntarios. Todo nos conmueve y nos angustia. ¿Quiénes son responsables de esto? ¿La política? ¿La sequía? ¿Se pudo haber evitado? ¿Hasta cuándo seguirán cajonenando la Ley de Humedales?
Por Luciano Peralta
Un oso melero es asistido por un rescatista que le da agua en medio del desastre. El hombre se gana su confianza, lo acaricia y lo moja; el animal parece celebrar la muestra de cariño tirándose al piso, patas para arriba, como los perros.
La escena que conmueve es replicada por todos los medios posibles y nos convida una muestra gratis de esperanza y de alivio, pero la misma dura apenas 15 segundos, lo que dura el video, lo que duran las muestras gratis.
Lo que pasó en Corrientes en las últimas semanas está teñido por la tragedia: el fuego arrasó con el 9% del territorio provincial (según un informe del INTA), son incalculables las pérdidas en su flora y su fauna, muchas las viviendas y establecimientos destruidos y miles los animales que no corrieron la misma suerte que el oso melero viralizado, aunque este quedó ciego y con partes de su cuerpo quemadas por el fuego.
Los incendios de magnitud comenzaron en diciembre. Como siempre, fueron los pobladores y las organizaciones ambientalistas las que advirtieron la gravedad de la situación, pero, como siempre, dicha alerta fue subestimada o directamente no fue escuchada por quienes deben bregar por la integridad de las poblaciones. La sequía hizo el resto.
Sin humedales, será fuego
La deuda ambiental no tiene grietas. Ningún gobierno ha estado a la altura del problema en Argentina. La falsa dicotomía entre desarrollo y ambiente se ha impuesto y en nombre del progreso y la generación de puestos de trabajo, en un país con el 40,6% de su población empobrecida, se vienen destruyendo de manera sistemática los recursos naturales, envenenando y comprometiendo el futuro de los que vienen.
El problema no es fácil de resolver, para nada. Argentina sigue siendo un país decididamente agroexportador de materias primas, como hace 150 años, pero en un mundo mucho más complejo y globalizado. El país necesita los dólares de las exportaciones (principalmente de soja, cereales y carne), por eso pasan los gobiernos y a ninguno se le ocurre meter mano en el sistema productivo. A la creatividad de nuestra dirigencia (gubernamental y empresarial) se la llevaron puesta las necesidades económicas de una crisis de nunca acabar y la codicia de los dueños de la pelota. De la tierra, en este caso.
Muchos nos anoticiamos recientemente que Corrientes no tiene un Ministerio de Ambiente y que los reclamos ambientales son canalizados por la Cartera de Turismo. La sequía no es nueva, ya acumula dos años; la bajante histórica del río Paraná y la intensificación de las plantaciones forestales fueron un combo inmejorable para el fuego.
“Decíamos que se estaban zarpando con los pinos, y hoy son los principales responsables de que se esté incendiando la provincia”, expuso Cristian Piriz, de Guardianes del Iberá, una de las organizaciones que hace años denuncia el actual modelo productivo, hoy parte de la Asamblea Basta de Quemas.
“El principal motivo que tenemos es la increíble masa forestal que se ha llevado toda el agua. No es una cuestión técnica, es una cuestión política: ellos han decidido avanzar con un modelo que está destruyendo la tierra”, apuntó.
Por su parte, Emilio Spataro, quien es licenciado en Gestión Ambiental y miembro de la Red Nacional de Humedales, aseguró que si bien los incendios están relacionados con el fenómeno de El Niño, “esto se pudo haber previsto”.
“Se sabía que la sequía iba y va a seguir, la vegetación seca se iba acumulando en paralelo a una bajante histórica del río Paraná. Pero hay agravantes como la falta de un ordenamiento territorial y una gestión ambiental. El gobierno provincial basa su política en la conservación de áreas protegidas, concentrando ahí los esfuerzos (básicamente en Iberá) y por fuera de esos límites deja que los sectores productivos hagan lo que quieran”, cuestionó en declaraciones nacionales.
“Se han expandido por cientos de miles las hectáreas de monocultivo forestal (pino y eucaliptos) destruyendo bañados y lagunas hasta secarlos, y luego les han plantado árboles encima”, contó. Y explicó que son esas mismas forestaciones las que magnifican los incendios, produciendo llamas de altura, muy diferentes a las del pastizal o la sabana. “Las lagunas, hoy secadas, actuarían como cortafuego”, expuso.
Las pérdidas económicas por los incendios y la sequía en Corrientes ya llegaron a casi $ 70.000 millones. Así lo señaló un informe elaborado por las diferentes cadenas productivas de la provincia, como la ganadea, la arrocera, la forestal, la yerbatera y la cítrica. Un monto enormemente más grande de lo que se necesitaría para proteger los humedales en la provincia. Pero ya en agosto de 2020, el Senado correntino rechazó la Ley Nacional de Humedales “por las implicancias negativas que esos proyectos deparan hacia el sistema productivo”. También se expresó en esta misma dirección la “Coordinadora de Entidades Productivas de Corrientes”, que nuclea a la Sociedad Rural, Federación Agraria, las Confederaciones Rurales Argentinas, Coninagro y la Asociación Forestal Argentina. “Las mismas organizaciones que exigen ayuda estatal ante las sequías e incendios”, expuso Spataro.
