Crearán alojamiento para personas con problemas de adicciones
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El Hogar de Cristo Nazareth planea la construcción en Gualeguaychú de una "casa amigable" para hospedar por breve tiempo a personas heridas por la droga. Marcelo Lorenzo Toda la Diócesis de Gualeguaychú está movilizada en orden a crear un espacio físico que sirva para acoger a personas del sur entrerriano con problemas de adicciones.La construcción se erigirá en el corazón del Barrio Franco (La Cuchilla), como parte de la estrategia comunitaria que encara un grupo local de laicos del Hogar de Cristo Nazareth.Dicho agrupamiento, que funciona en el lugar a través de un centro barrial, reproduce el programa inspirado por los curas villeros de Buenos Aires, quienes en 2008 pusieron en funcionamiento un modelo sui géneris para enfrentar el flagelo del paco en poblaciones socialmente vulnerables, bajo la inspiración del entonces cardenal Jorge Bergoglio.Dardo Caraballo y Francisco Sobral, miembros del grupo, explicaron a ElDía que la "casa amigable" es un dispositivo que se agregará al trabajo que viene realizando en la zona desde hace un año el Hogar de Cristo, sobre todo con jóvenes con problemas de adicciones.El término "hogar" da una pista del enfoque que subyace a este modelo de abordaje a la problemática de las adicciones. En efecto, como se parte del supuesto de que el consumo de drogas es un síntoma de destrucción del tejido social, el antídoto consistiría en reconstruir los lazos sociales de las personas afectadas, dándoles un hogar."No hay recuperación personal sin recuperación social", explicaron los entrevistados, al señalar que tanto el "centro barrial" que hoy funciona en el barrio La Cuchilla, como en el futuro la nueva "casa amigable", responden a un mismo modelo de abordaje "comunitario" de los consumos problemáticos de drogas.Aspiración diocesanaEl obispo Jorge Lozano, presidente de la Comisión Episcopal de la Pastoral Social, se ha puesto al frente de la iniciativa, exhortando a la comunidad católica a apoyar materialmente el proyecto.Lo hizo en una carta pastoral a los fieles de la diócesis con motivo del Año de la Misericordia, que comenzó el pasado 8 de diciembre, donde habla que dicha obra es una "expresión concreta de caridad para con los que sufren".La Iglesia diocesana viene recaudando fondos para financiar la "casa amigable", a través de aportes voluntarios de los creyentes. Durante la última Cuaresma, por caso, el aporte en dinero fue conceptuado como fruto de las privaciones penitenciales.Además se dedicarán a este fin las colectas de las misas del sábado 7 y domingo 8 de mayo en todas las parroquias y capillas de la diócesis. Y en la Iglesia Catedral y en la Basílica de la Inmaculada Concepción (en Concepción del Uruguay) habrá alcancías durante todo el año jubilar, para que los creyentes o los hombre de buena voluntad puedan hacer su aporte solidario.De qué se trata La casa amigable está pensada como espacio para recibir y hospedar por un breve tiempo a personas con problemas con las drogas, mientras se discierne su derivación a algún centro o granja o se evalúa otro camino.La edificación, que podrá ser utilizada por personas de todas las ciudades de la diócesis, tendrá dos pisos. La planta baja será un espacio para la recepción, las entrevistas, la socialización y los talleres.En la planta alta estarán los dormitorios, en principio para alojar a 16 personas. "Para el diseño del espacio acudimos a los arquitectos Raúl y Mariana Melchiori, quienes respondieron con generosidad y profesionalismo, elaborando un proyecto hermoso. Todo está armado con una mirada de circulación, luminosidad y plasticidad", explicó Caraballo.La casa amigable, según dijo, nació de una necesidad habitacional concreta del Hogar de Cristo en su tarea de acompañamiento. "A poco de escuchar a la persona con problemas de adicciones surge la cuestión de adónde dormirá esa noche y dónde se alojará cuando deba ir al hospital o a hacer el trámite porque no tiene DNI", refirió.El enclave será bautizado como Casa del Padre Misericordioso, según adelantaron los entrevistados. Francisco Sobral, en tanto, aclaró aspectos de la ubicación, para evitar confusiones con otras organizaciones afines que están en el lugar."La construcción se hará en el Barrio Franco, en la manzana que pertenece al obispado y donde funcionan otras entidades como Guardería Nazareth y el centro Conin. Estas agrupaciones son independientes. Nosotros como Hogar de Cristo, que planeamos construir la casa donde hoy hay una cancha de básquet, tenemos una entidad propia y nuestro domicilio es Belgrano 736", explicó. Una filosofía de vida Caraballo y Sobral explicaron que el Hogar de Cristo, como modelo alternativo a la problemática de las adicciones, no concibe el fenómeno de acuerdo a los cánones convencionales. No lo reduce a una lógica del delito ni a un problema sanitario o médico y mucho menos a una cuestión individual."Para nosotros es un tema que se vincula con la ruptura de los vínculos sociales primarios, de deterioro de la relación con los otros, de pérdida de horizontes existenciales, de imposibilidad de elaborar un proyecto de vida", destacó Carvallo.Desde esta concepción el consumo de sustancias adictivas, aunque afecta individualmente, es manifestación de un estado de cosas que hunde sus raíces en la desintegración del tejido social.Así, el consumo de paco en la Argentina denunciaría en realidad la miseria de las grandes periferias urbanas, donde muchos pibes están en "situación de calle", y a merced de los traficantes de drogas, porque han perdido su entorno social primario."A estos chicos les falta la continencia de una sociedad, de una familia y es lo que se trata de dar en el Hogar de Cristo, dentro del cual las casitas amigables son un dispositivo donde pueden vivir por un tiempo, mientras van armando su proyecto de vida", apuntó Sobral.La estrategia de fondo, por tanto, consistiría en reponer el contexto social faltante en estos jóvenes, devolverles los vínculos perdidos, para que a partir de una nueva red de contención recuperen las ganas de vivir, y por esta vía puedan lidiar con su adicción.Crear comunidad donde antes no había. Ése sería el secreto de sanación propuesto por el Hogar de Cristo, a través de sus centros barriales y casas amigables, lugares donde se pretende que las personas heridas por la droga pueden elaborar un proyecto de vida personal, autosustentable."Para nosotros es un problema de personas, no de sustancia. Al acompañar a esas personas que sufren empezamos entonces a desarmar todo lo que se vincula con la droga", señaló Caraballo, quien aclara que el Hogar de Cristo no debe pensarse técnicamente como una "comunidad terapéutica"."Nosotros hablamos de alojar la vida como viene, tal cual es", sostiene por su lado Sobral, al explicar que de lo que se trata es de recibir al otro necesitado, con todas sus fortalezas y debilidades, sin pedirle cuenta de nada.Alojar, hacer lugar, ofrecer espacio y tiempo; ése sería el primer paso hacia la inclusión y para afianzar el proceso de subjetivación. "Una de las dificultades que tienen por lo general las personas heridas por la droga es encontrar a alguien que los escuche con tiempo y cariño", recordó Sobral.La "escucha" es por tanto uno de los conceptos que más trabaja el Hogar de Cristo y que remite a una filosofía de la acción. Otro es el "plan de vida", una herramienta clave para que la persona adicta vuelva a tener esperanza, recuperando motivos para vivir.Por otro lado, en lugar de "tratamiento", que pone foco en la patología del consumo, se habla de "acompañamiento", una palabra que alude a la idea de que el problema es primero social y espiritual, antes que de salud.En este sentido, las personas con adicciones, sobre todo si son pobres, necesitan algo más que atención médica. Muchas veces no tienen acceso a hospitales y sanatorios porque no tienen documentos de identidad.Generalmente carecen de información, no pueden gestionar recursos, carecen por completo de toda red asistencial, al punto de no saber dónde ir ni cómo trasladarse, ya sea a los servicios de justicia o de salud.Los miembros del Hogar de Cristo se encargan, justamente, de lo que ellos llaman "abordaje inespecífico", que consiste en cubrir todo esos requerimientos (muchos de ellos burocráticos) que la persona con adicción y en situación de vulnerabilidad social no puede enfrentar.
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