CAÍDA EN VENTAS, PRODUCCIÓN, INVERSIONES Y EMPLEO
Crisis en la cadena de pagos: aumentan los atrasos e incumplimientos y las Pymes se endeudan para sobrevivir
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La caída de las ventas se combina con una creciente crisis de liquidez: aumentan los incobrables, se extienden los plazos de pago y 7 de cada 10 empresarios creen que la economía empeorará. La ecuación es simple: menos ventas, menos rentabilidad, menos inversión, menos empleo, más pesimismo.
Mientras el Gobierno Nacional presenta la estabilidad cambiaria como señal de recuperación económica, las pequeñas y medianas empresas enfrentan una realidad muy distinta. No sólo venden menos, sino que muchas están financiando su funcionamiento cotidiano con deuda, soportando atrasos de clientes y crecientes problemas de cobro. De este modo, la crisis de la cadena de pagos emerge como uno de los principales síntomas de una actividad económica que no logra recuperarse.
Según datos sectoriales, 7 de 10 firmas denunció extensión unilateral de plazos de pago por parte de clientes, más de la mitad sufrió mayores incumplimientos y casi 3 de cada 10 registraron incobrables. La ecuación es simple: menos ventas, menos rentabilidad, menos inversión, menos empleo, más pesimismo. A su vez, la industria aparece como el sector más golpeado, con casi la mitad de las empresas trabajando a pérdida.
La falta de liquidez se extiende a lo largo de toda la cadena productiva: las empresas venden menos -la caída en cantidades físicas vendidas es la señal más contundente de la debilidad de la demanda-, cobran más tarde y enfrentan mayores costos, tienen menos rentabilidad y, como resultado, la inversión se retrae y las expectativas empresarias continúan deteriorándose al punto de que -según anticiparon- el mercado laboral PyME seguirá sin generar puestos de trabajo en los próximos meses.
La crisis llegó a la cadena de pagos
La estabilidad económica que reivindica el gobierno de Javier Milei encuentra un límite en la situación de las pequeñas y medianas empresas (PyMEs) que, día a día, enfrentan crecientes dificultades para cobrar sus ventas, sostener el capital de trabajo y pagar salarios. En concreto, la cadena de pagos está severamente deteriorada en el mercado interno con tres problemas críticos que marcaron el arranque del 2026: 7 de 10 denunció extensión unilateral de plazos de pago por parte de clientes, más de la mitad sufrió mayores incumplimientos y casi 3 de cada 10 registraron incobrables.
Por un lado, el 68,3% de las empresas denunció la extensión unilateral de plazos por parte de clientes sin previo acuerdo, lo que afecta la planificación financiera de las firmas. Según un relevamiento sectorial, casi 4 de cada 10 cobra a más de 60 días, lo que genera una fuerte presión sobre el capital de trabajo. Sin embargo, el plazo de pago a proveedores promedio es de 30 días, esto implica que financian a sus clientes con capital propio. “Las empresas deben financiar su operación durante casi dos meses antes de recuperar el dinero de sus ventas, agravando la situación de liquidez”, indicó la última Encuesta Radar PyME de la Asociación de Empresarios y Empresarias Nacionales para el Desarrollo Argentino (ENAC).
Un segundo punto clave tiene que ver con que el 53,0% reportó un incremento en el incumplimiento de pagos por parte de sus clientes. Se suma en tercer lugar que el 26,9% registró incobrables, es decir que, casi 1 de cada 3 empresas tuvo deudas que no pudo recuperar, generando pérdidas directas en su resultado.

“La combinación de estos tres factores configura un escenario de alta fragilidad financiera para el segmento, con impacto directo en la solvencia y continuidad operativa de las empresas”, alertaron desde ENAC. Los resultados corresponden a una encuesta que incluyó a más de 260 empresas de 22 provincias del país de las cuales el 57% tiene más de 20 años de trayectoria, lo que refleja un perfil de empresarios y empresarias con amplia experiencia en el mercado argentino.
El informe también advirtió sobre una creciente dependencia del endeudamiento para sostener operaciones corrientes. Incluso, el 17,2% tomó deuda para pagar salarios, es decir, “son deudas de supervivencia, no de crecimiento”, explicaron. A su vez, el 56% de las empresas con personal tuvo que otorgar adelantos de salarios en al menos un mes del primer trimestre del año, dando cuenta del deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores que no llegan a fin de mes con el salario formal.

En relación, el 33,7% de las PyMEs accede a tasas de hasta el 50% anual nominal. "Con costos subiendo entre un 10% y un 40% trimestral, el costo del crédito formal sigue siendo una barrera significativa para la operación y el crecimiento”, mencionaron. Por su lado, cerca de 4 de cada 10 firmas dijo no acceder directamente al crédito bancario de ninguna forma.
Todo esto ocurre en un escenario en el que el mercado interno sigue sin recuperarse: el 49,7% de las PyMEs reportó una baja en el volumen vendido y apenas el 18,3% aseguró haber tenido ventas buenas. Además, el deterioro no se explicó únicamente por una cuestión nominal: el 49,6% también informó caída de ventas medidas en pesos.
“La brecha entre ventas en volumen físico y en pesos es mínima, lo que confirma que la caída es real, ya que las empresas no logran compensar la pérdida de unidades vendidas con aumentos de precios. La coincidencia entre ambas métricas —volumen y pesos— elimina cualquier efecto ilusorio de recuperación nominal”, alertaron desde la representación sectorial.
A su vez, mientras las ventas siguen cayendo, los costos continúan aumentando. El 89,5% de las empresas registró subas de costos y más del 70% sufrió incrementos de entre el 10% y más del 40%. Sin embargo, muchas no lograron trasladar esos aumentos a precios debido a la debilidad de la demanda (23,9% mantuvo sus precios sin cambios y el 8,9% incluso tuvo que bajarlos para sostener ventas). Se agrega un factor para nada mejor vinculado a la asimetría del impacto importador: “la relación es de 3 a 1, por cada empresa que se beneficia de las importaciones, tres resultan perjudicadas”, precisaron.
Con ventas en caída libre y costos subiendo, la rentabilidad sigue deteriorándose: el 36,6% de las PyMEs opera con rentabilidad negativa. Y en ese esquema la industria aparece como el sector más golpeado, con casi la mitad de las empresas trabajando a pérdida. Asimismo, el contexto internacional se suma como un factor de presión adicional ya que solo 1 de cada 10 cree que el conflicto en Medio Oriente no lo afecta. Sobre esto, el aumento de costos de combustible y logística y el encarecimiento de insumos importados aparecen entre los principales problemas asociados al conflicto.
Como consecuencia, la situación del mercado laboral no es mejor. Durante el primer trimestre de 2026 se destruyeron 78 puestos de trabajo netos, lo que representa una caída del empleo del 1,76%. Además, el 32,8% de las empresas realizó desvinculaciones. Por cada empresa que contrató, casi 1,4 despidió. A esto se suma una reducción de horas extras en el 36,2% de las firmas y suspensiones en más del 11% de los casos, reflejando una menor actividad productiva.
El pesimismo empresario
En esta coyuntura, no resulta extraño que el pesimismo gane terreno: siete de cada diez empresarios cree que la economía empeorará. “Los datos revelan un panorama de presión sostenida sobre el sector productivo”, destacaron desde ENAC.
Los datos contradicen el discurso oficial sobre expectativas positivas a futuro: 68,3% cree que la economía empeorará, 64,2% cree que su sector estará peor (la caída del consumo interno es el principal limitante -75%-), a su vez 7 de 10 evaluó negativamente la gestión económica y 82,1% percibió un aumento de la pobreza. La mayoría anticipó una inflación más elevada que la que proyecta el oficialismo (55,6% espera una inflación de entre el 36% y más del 50% para 2026). En materia de empleo, las expectativas tampoco son alentadoras: 77,6% de los empresarios aseguró que no planeaba contratar trabajadores durante el segundo trimestre del año.
Por último, mientras crece el pedido de medidas de alivio para sostener al entramado productivo nacional, un aspecto clave pasa por lo que podría suceder con la inversión productiva en los próximos meses y, nuevamente, las señales generan preocupación: 69,4% de las firmas afirmó que no realizará inversiones en los próximos seis meses. De ese modo, la contracción inversora es una señal de alarma estructural, sin inversión en el presente no hay mayor capacidad productiva en el futuro, no hay creación de más y mejor empleo, no hay crecimiento.
