Eligió un lugar que el kirchnerismo puro aborrece. Midió cada palabra. Pero dejó en pie lo que queda del proyecto del matrimonio presidencial. Scioli, de él se trata, se jugó al fin y le puso sus votos a Cristina. Por la reelección.Por Jorge BarroetaveñaEspecial Scioli es el personaje más extraño y emblemático del kirchnerismo. Encarna el ejercicio del poder más puro, eso que le hace perder la razón al oficialismo, y representa la ambigüedad de la política argentina, lejos de la ortodoxia y los paladares exquisitos del progresismo vernáculo.A ver. Nadie ignora el origen del gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Sus devaneos en política entre Menem y Duhalde y, desde hace años, su particular fe kirchnerista. Entre los ortodoxos que le responden directamente a la Presidenta de la Nación, nadie lo digiere. El díscolo y boca abierta D' Elía es el único que se sincera y dice la verdad de lo que piensan. Con Scioli existe un matrimonio por conveniencia que se extenderá hasta que los caminos de las ambiciones de ambos lados se bifurquen. Nadie podrá reprocharle al bonaerense haberle sido infiel a los postulados del oficialismo. Lo sostuvo en los peores momentos y se tragó más de un sapo. Pero nunca juntó los tacos y agachó la cabeza. Siempre que tuvo un resquicio para diferenciarse lo hizo, como si su militancia en el Frente para la Victoria le diera un poquito de vergüenza.El viernes, con el escenario de la mesa de Mirtha Legrand de por medio, Scioli aprovechó para despejar las dudas y los comentarios: él irá por la provincia y Cristina por la Nación. Otra vez los dos. Claro, eso si la Presidenta está con ánimo y predisposición para enfrentar una campaña electoral que será dura y estará llena de desafíos. Con esta definición, el armado para el corazón electoral de la Argentina cierra perfecto y elimina todas las suspicacias que se lanzaron al ruedo después de la muerte de Néstor Kirchner.Es que el gobernador bonaerense es, para los kirchneristas puros, un especulador derechoso, que sólo espera la ocasión para pegar el zarpazo. Pero como las necesidades son mutuas, se han aguantado lo mejor que pudieron estos años. Para Scioli gobernar la provincia sin el apoyo de la Nación era una utopía peligrosa y para la Nación, no contar con la militancia del principal distrito de la Argentina, una carga difícil de remontar. A esta altura es impensable que una candidatura oficial no sea sostenida por Cristina en la Nación y Scioli en la provincia. Encima, si la Presidenta resolviera no ir por un segundo mandato, ¿alguien se atrevería a arrancarle al ex motonauta el deseo de llegar a la Casa Rosada, esta vez como presidente? Por eso, hoy más que nunca, la inmunidad del proyecto que empezó a construir Néstor Kirchner en el 2.003, sólo se garantiza con su esposa encabezando la lista en octubre. No hay nadie que pueda poner bajo un paraguas la supervivencia oficial más allá de las lealtades a la caja, siempre volátiles y riesgosas.Pero Scioli empezó con su trabajo y dejó en claro que no lo podrán tildar de traidor, como hacen con Cobos hasta el cansancio. Claro, se permitió una pequeña licencia, como fue el lugar y la interlocutora elegida para el anuncio.
***El armado del Frente para la Victoria tiene varias patas más y otras que se vislumbran en el horizonte. De la Sota en Córdoba, Reutemann en Santa Fe, Insfrán otra vez en Formosa, Urribarri en Entre Ríos y Boudou en la Ciudad de Buenos Aires. Ninguno de ellos tampoco, salvo Urribarri y un poco Boudou, responden al paladar negro del kirchnerismo. Pero de eso se trata. La impronta del peronismo marca que, cuando el poder está en juego, los límites ideológicos se corren y todo se vuelve difuso. En un año electoral, en el que los recursos harán fila para llegar a las provincias tampoco nadie se puede dar el lujo de rechazarlos. En esa lógica siempre estuvieron embarcados los gobernadores, temerosos de perder las hilachas de federalismo que ahora dicen haber recuperado. Igual, habrá que hacérselos entender, ese federalismo no está escrito en los papeles. Sólo depende de la buena voluntad del poder central o del funcionario de turno, siempre afecto a las órdenes políticas de premios o castigos. Los mismos que hoy se abrazan al federalismo kirchnerista del látigo y la caja, son los que mañana penarán porque se les dio vuelta la taba. Así no se construye un país en serio. Apenas es un bosquejo.Sanz metió una daga en la interna radical. Hasta ahora sólo Cobos y Alfonsín se habían dedicado a tejer y destejer de acuerdo a sus deseos. Pero deberán agrandar la mesa. Es probable que el mendocino jefe del partido tenga pocas chances de pelear un mano a mano, pero los ha incomodado. El Vicepresidente ya dijo que no quiere participar de una pre-interna, aunque habría admitido no impugnar ese proceso en la justicia. Alfonsín está desesperado por apurar los tiempos. Está convencido que debe quedar instalado lo antes posible como candidato para salir a plantársele a Cristina y despejar esa sensación negativa que persigue a la UCR después del último fracaso de la Alianza.En el PJ Federal también cocinan a fuego, un poco más lento, otra pre-interna. Es que todos presienten que no habrá internas abiertas y deben prepararse para enfrentar al kirchnerismo en las elecciones generales directamente. Todos corren con desventaja. Mientras el oficialismo pergeña su estrategia y tiene dos nombres fuertes, la oposición se mira al espejo esperando encontrar una respuesta que la salve del naufragio.