Mientras Boudou y De Vido se quedaron para monitorear los controles sobre el dólar y el recorte de subsidios, Cristina cumplió con algo que le faltaba a su mandato: un encuentro con Barack Obama. Por Jorge Barroetaveña La relación de la Argentina con Estados Unidos ha transitado, históricamente, por el odio y el amor. Desde el amor 'carnal' de Carlos Menem hasta la lejanía contestataria de Néstor Kirchner. Alfonsín se situó quizás en un punto medio, pero su gobierno tampoco estuvo exento de los encontronazos. Quedó en la historia aquel entredicho con Ronald Reagan en los '80. Y Cristina Kirchner no ha sido la excepción. La llegada de Obama a la Casa Blanca fue recibida con júbilo por la mandataria. Lo elogió públicamente, le envió una carta y hasta arriesgó compararlo con Perón. Al cabo, es probable que se haya sentido identificada con millones de norteamericanos que veían en él, la imagen del 'sueño americano' cerca de ser cumplida. Pero la realidad se encarga de poner todo en su lugar, y Obama no es ni tan bueno como pintaba ni tan malo como sostienen ahora sus detractores.En este contexto, la relación con la Argentina pasó por los mismos lugares, como una montaña rusa. De los elogios del principio, vinieron las rencillas y los enojos después y la frialdad abierta con la que Estados Unidos encaró la relación los últimos 4 años. Si bien la negativa para integrar el ALCA en los tiempos de Néstor Kirchner fue el punto de inflexión, los roces se agravaron con la valija de Antonini Wilson, los intentos de golpe de estado en Guatemala y Ecuador y la escasa importancia tradicional que desde el norte le dedican al sur. Para Estados Unidos sus aliados sureños son Chile y Brasil, en ese orden, y la Argentina hace tiempo dejó de figurar en su agenda. Por eso la importancia de la reunión con Obama y el espíritu con la que la encaró la Presidenta. Tanto que no participó de la última reunión del G-20 y se quedó en el hotel para preparar el encuentro bilateral. Es más, en la previa, la Presidenta cumplió con el 'manual' del buen vecino y elogió la tarea de Estados Unidos en su lucha contra el narcotráfico y el terrorismo internacional, y reconoció el liderazgo internacional que ejerce en materia política y económica. Obama escuchó el parlamento de su par mirando con atención y tuvo gestos de distensión y acercamiento. Es más, cuando terminó la cumbre, se dirigió coloquialmente a Cristina recordándole que los esperaba la charla. Ya sentados en la mesa de la habitación del Hotel Carlton la reunión fue distendida y sin sobresaltos. Fue el puntapié inicial para el relanzamiento de una relación signada por los contratiempos en los últimos años. La propia Presidenta remarcó que Estados Unidos es el segundo inversor en el país después de España y hoy la balanza comercial supera largamente los 4.000 millones de dólares. El balance de los días en Cannes fue entonces ampliamente positivo. La Presidenta se vuelve con la certeza de haber dicho lo que pensaba en la cumbre del G-20 sobre la crisis financiera internacional y la incidencia de los capitales financieros ('es necesario volver al capitalismo del consumo', definió) y el encuentro con Obama marca el comienzo de una nueva historia en la relación bilateral. Veremos hasta dónde llega.
***Ni Amado Boudou ni Julio De Vido se subieron al Tango 01. En Buenos Aires había cuestiones más urgentes que tratar, en medio de una transición que ha tenido sobresaltos. Es que la decisión oficial de recortar los subsidios a varios sectores como la minería, aeropuertos, salas de juego y bancos y financieras, llenó de incertidumbre al mercado, ya zarandeado por la espinosa cotización del dólar. Desde el punto de vista técnico la medida oficial es correcta y hasta se quedaron cortos. El estado no puede seguir financiando la maraña de subsidios que trepa a la friolera de 70.000 millones de pesos por año. Claro, afuera del primer tijeretazo se quedaron luz, gas y transportes que representan el grueso de los fondos y podrían provocar un coscorrón en el cuadro tarifario. Desde lo político fue el reconocimiento de una situación fiscal endeble. El Tesoro ya no puede bancar los requerimientos del Ejecutivo y la plata de algún lado tiene que salir, tan sencillo como eso. Boudou y De Vido se devanan los sesos armando la ingeniería para que, cuando se resuelvan los números pesados del recorte, no hay impacto en las tarifas y por ende, en el costo de vida. El viernes dieron el primer paso hablando con Mauricio Macri. El jefe porteño deberá hacerse cargos de subtes y premetro pero reclama, obviamente, los fondos correspondientes.Si con un ojo miraban el rebote de la decisión de eliminar subsidios, con el otro siguieron los pasos de la AFIP en la plaza cambiaria. El Banco Central tiene reservas de sobra para bancarse una corrida pero no se trata de eso. En los últimos dos años la fuga de capitales ha sido constante y ese drenaje amenaza las bases de la política económica. La Argentina debe elevar en los próximos años sus niveles de inversión para sostener los altos niveles de consumo. La propia Presidenta lo definió en el G-20: hay que volver al capitalismo del consumo y salir del financiero. Hay que trabajar para producir bienes y servicios y no dinero. Esto último será, en todo caso, una consecuencia de lo primero.La conformación del nuevo gabinete y qué harán con Moyano y compañía parecen temas menores comparados con los dos primeros. El nuevo gabinete es resorte exclusivo de la Presidenta y lo de Moyano también. Y los dos son cuestión de tiempo. Para lo primero está el 10 de diciembre como fecha tope, para lo segundo mediados del año que viene, aunque los días del camionero en la cúpula de la CGT parecen contados. Hoy, sobra tiempo. Y sobra poder.