Cuando la realidad supera la ficción
Políticos, jueces y estructuras del poder: "Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida...".Por Julio César ZarraOpinión - segunda parteQué lejos quedó aquel tiempo en que todavía quedaban políticos que se quitaban la vida por el honor, como Lisandro de la Torre, que terminó triste e injustamente con su vida por sentir que había defraudado al pueblo argentino, por no haber podido cumplir con lo que había prometido, por la vergüenza y la insatisfacción de sentir que no había podido ejercer su función pública como se lo había propuesto, sumado a la marginalidad social que le podía significar enfrentarse al poder de la iglesia y desafiar a la oligarquía de la época. ¿Se preguntan si hoy en día los políticos tendrían que suicidarse por no haber cumplido con lo que prometieron? Tal vez nos quedaríamos sin gobernantes, aunque quizá la anarquía no sería tan terrible, comparativamente a este sistema imperante de poder y corrupción generalizada que es la modalidad política actual. Aunque "siempre ha habido chorros maquiavelos y estafaos", esta vez, "la vidriera irrespetuosa de los cambalaches" se queda corta, nos queda chica! En los años '70 se escuchaba un chiste de humor negro que decía, como una adivinanza: "Cual es el último grado de la carrera de militar", que no era precisamente el de Teniente General, sino "Presidente de la Nación", en alusión al modelo político imperante en la época, donde toda Latinoamérica gozaba de gobiernos conformados por siniestras y asesinas dictaduras militares, con el consiguiente perverso apoyo externo de los reyes del mundo del país del norte o del "primer mundo". Bueno, ahora escuchamos cosas igual de terribles o peores, que distan mucho de la época de Lisandro de la Torre, en que supuestamente los "políticos" iniciaban su carrera política con las ideales intenciones de ayudar a mejorar la calidad de vida de su pueblo, defender a los desarraigados y luchar por las causas nobles de los derechos de los trabajadores y de los más débiles. Para eso era "la política" en aquellos tiempos, para defender los ideales soberanos de una Nación. Hoy, ¿cabrán estas expresiones? Si les preguntáramos al azar a 10 personas que van caminando por la calle, ¿responderían algo así en cuanto a la intención de los políticos? ¿Usarán la palabra "ideales", o quizá 9 de las 10 personas convocadas se referirán a las intenciones de la carrera más lucrativa que existe en nuestro país? Describiendo a la "carrera de político" como la forma más próspera y rápida de enriquecimiento económico que pueda tener una persona en la actualidad. Pero seguramente sería una encuesta inútil, porque solo sería una pregunta de Perogrullo, en que la respuesta es más clara que la de "¿Qué gusto tiene la sal?" de Carlitos Balá.Así en esta era de caos y permanente crisis, tenemos un interminable número de ejemplos de patético empobrecimiento, de mediocridad ética y dudosa dignidad, a los que asistimos como testigos impávidos de este crudo y descarnado siglo XXI, donde la representación simbólica de la "Justicia", en una esfinge con una cabeza femenina con los ojos vendados y la balanza en una mano, bien podría ser reemplazada por una esfinge directamente sin cabeza y sin manos, como una escultura en ruinas y mutilada de 4 mil años antes de Cristo, que valoramos más por lo que le falta que por lo que conserva.Con ingenua esperanza el cubano Silvio Rodríguez cantaba "La era está pariendo un corazón." Para los que no lo conocen o no recuerdan: "...Y me he callado, desesperado / Y escucho entonces: / La tierra llora. / La era está pariendo un corazón, / No puede más, se muere de dolor / Y hay que acudir corriendo / Pues se cae el porvenir..."Perdón, pariendo, tal vez. Que se muere de dolor nadie lo duda, pero ¿dónde está el supuesto corazón, mi querido Silvio? Todo haría parecer que esta era solo está pariendo tecnología, lamentablemente en forma conjunta con nuevos códigos de una dudosa ética mezclada con una patética moral de cambalache, donde los valores afectivos, la solidaridad y la generosidad, el valor de la palabra, el honor y la dignidad, parecen ser características de una tipología humana extinguida y que si todavía queda algún viejo fósil que las posee, hasta queda desfasado por intentar ingenuamente remar contra la corriente, lidiando con no ser avasallado y vituperado con la trillada frase de "esa era otra época".Pareciera que la era, está pariendo muchas cosas, y si fuese un corazón solo podemos verlo como un triste "corazón partido", el resto, cada persona sabrá que elementos atribuirle a esta nueva era, y qué calificativos usar.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

