Cuando la solidaridad se transformó en pecado
"Muchacha ojos de papel
adónde vas...
quédate hasta el día..."
(Luis A. Spineta)
Claudio Lencina *
ColaboraciónLa mañana es pegajosa por la humedad y el sol que se confabulan para volver desapacible al día; entro y busco entre el universo de las mesas y las conversaciones, junto a la ventana está sentada ella, mirando hacia afuera con la mano sosteniendo su rostro que -como me lo habían adelantado- tiene mucho más de angelical de lo que suponía.La saludo casi en silencio y miro hacia donde está el mozo, impecable y taciturno, para pedirle dos cafés, el mío mediano y cortado, el de ella simple y sin más vueltas. Sonríe con todo el rostro, no solamente con los labios, también se asocia la mirada y una luz de felicidad que te empalaga la vista.Esa sonrisa se va a repetir tantas veces durante esta entrevista que supongo que no es un gesto casual sino más bien una prolongación de su alma.Muero por preguntarle donde está, pero no me animo, porque sería como romper un sortilegio, hacerlo trizas y volver a esta conversación un ejercicio más de la rutina. La miro profundamente, ella impasible, luce una campera de cuero marrón y lleva un bolso que deja colgado, hamacándose, en un extremo del respaldo de la silla.Se sorprende al saber que "El Picaflor" cerró hace años, no entiende, porque era un "monstruo" aquel supermercado de calle Urquiza y Rosario y hace un silencio por donde tranquilamente cruza un ángel.-Mi papá me decía que era la abogadita de la familiaDice y luego toma un sorbo del café. Habla del "Quisca" González, obrero del Molino que le heredó la sensibilidad infinita, quien muy pronto se fue de la vida en el año 1972, dejando a ella, cuatro hermanos y a su madre Mirella, barajando el desencanto y la incertidumbre de las preguntas que no tienen nunca una respuesta.Hay tanto para hablar que me parece que no alcanzará el tiempo, ella me toma por un brazo y me dice que no me haga problemas, que hablemos tranquilos, que es cierto aquello de que el tiempo es una cueva de ladrones, pero que por esta vez podemos detener los relojes en el asombro de sus miles de cuadrantes.Si tuviera que describirla, lo que no se ve -no lo que está a la vista-, podría afirmar temerariamente que es un vendaval, un viento, una ráfaga de vida de aquellas que te despeinan, un soplo de ironía, un desenfreno de luz. Supongo que me lee el pensamiento, sonríe, menea la cabeza y dispara-No, no es para tanto...Justo ahí aparece la humildad, esa cualidad que es tan difícil de encontrar, mucho más que tréboles de cuatro hojas supongo. En ese momento me asalta una duda que no podré develar, porque al hacer memoria no recuerdo si en realidad me hablaba o por el contrario era su silencio el que me iba dictando las palabras.-Contame de aquellos años... de tus sueñosVuelve a sonreír, me corrige con aquello de que no hay aquellos años, que para qué andar separando, que estos años y aquellos años no tienen mucho de diferente, que hoy siguen existiendo los gurises en pata, con la pancita hinchada del hambre y los ojos del asombro que suelen pintar en sus rostros la pobreza.Qué diferencia entre aquellos de su Barrio Franco y otros que hoy por casi la misma zona cobijan sus sueños al amparo de las latas y los cartones mal entrazados, que se cuelgan del pescante de los carros y que hoy como ayer se escarchan en la tierra cada vez más fría.Aquel barrio Franco, el de sus años de compromiso social sin límites, era una postal de casas bajas, de techos que se venían hasta el piso, de paredes de latas herrumbradas, de un horizonte recortado por la vertical de una antena de televisión, de luces mortecinas de lámparas a kerosene. Allí solía llegar con el Padre Pascual Rodríguez y su plegaria de fe que no se quiebra, de darle sentido al evangelio, de creer que lo mismo hubiese hecho Jesús.Tanto podía cambiar aquellos pañales de tela que envolvían los gurises como un regalo, como dar una mano con las cuentas difíciles para quienes los números no se entienden nunca, pero que aprenden todos los días a multiplicar el pan para que alcance, lejos del milagro, a la orilla misma de todas las necesidades.En el mismo camino del Cura Calgaro, al que Dios necesitaba tanto que lo mandó a llamar cuando venía en una moto desde Parera.En el mismo camino de aquel grupo de jóvenes que bien pudieron haber elegido otro camino y no el de la solidaridad, el compromiso y el altruismo, que a diario se juntaban y formaron el grupo "Viento norte" y "Los Chamuscau" Para dar rienda suelta a sus ganas de divertirse y de hacer y de dar sin pedir nada a cambio.-Me acuerdo de los gurises, tenían mucha sarnilla... los bañábamos, les dábamos una taza de leche, una galleta... pero nunca alcanzaba -hace un silencio en el que más que un ángel, cruza el cielo mismo- pero nunca alcanzó.Por esa época se formó Juan XXIII, porque ella como quienes estaban en aquella quimera venían de la Acción Católica, creían en Dios y no solamente se conformaban con creer, también daban testimonio de su fe trabajando donde, aparentemente, Dios parecía no llegar.No era difícil, tampoco, que el compromiso social rumbeara para la política y que recalará en el peronismo; Perón era un emblema y el "Luche y Vuelve" una canción de cuna que despertaría el duermevela de un pueblo al que no se le pudo amordazar nunca. Allí estaba el nervio de la juventud, su sangre hirviendo, la imagen nítida y crucial del hombre nuevo.Me recuerda su paso por la CASA DE LA JUVENTUD, o las discusiones encarnizadas en la básica ocho de calles JJ Franco e Irigoyen, las largas caminatas hasta que la noche la sorprendía en los ranchitos levantados a fuerza de voluntad y muchísimo sacrificio en las polvorientas calles del barrio norte, donde el viento arremolinaba algo más que los sueños .Toma otro sorbo de café, me mira desde la profundidad de los tiempos que no tienen tiempos ni medidas.-Íbamos a casarnos...Faltaban pocos días, algunas semanas, había pedido permiso porque el "Chacho" Rodera estaba detenido en la Unidad Penal, pero el amor podía más que la distancia, y no era ningún secreto que aquel cordobés que había venido a trabajar a la ruta le había robado el corazón.Estruja las manos, para desmigajar los recuerdos y me cuenta de aquel 24 de marzo de 1976, cuando un verdadero ejército rodeó su casa, en calle 9 de Julio, buscando Dios sabe qué.-Serían las dos de la tarde más o menos, salían de todos lados -sonríe- eran como mil... con armas, uniformes, una locura... pero no encontraron nada... ¿cómo se puede encontrar entre muebles y libros la solidaridad o el amor por el prójimo?Ahora mira por la ventana, me observa, y vuelve al relato-Hasta ese 12 de agosto, invierno... mi vieja tenía un cólico imposible... Salí, como todas las mañanas, para El Picaflor, pero con mi hermana Elsa -que es la más chica- porque ella tenía que abrir el kiosco.Hace referencia al Kiosco que está frente a la escuela Rawson, en la Plaza San Martín, que apareció en sus vidas después de la muerte temprana de su padre.Miro hacia la calle, el caos de los automóviles buscando la otra esquina, vuelvo a la mesa y ya no está, solamente el café por la mitad, nada más.Me paro, la busco entre el universo de las mesas y de las conversaciones, me falta una parte de la historia, ese día, los compañeros en la calle Rosario, el auto gris que la subió y que se lo tragó la tierra.La busco en la mirada de los que me miran sorprendidos y la encuentro en todas partes y en ninguna, cruza en la melodía casual de la música de fondo, se va en los pasos de la vereda, se detiene en la mirada de una señora que hojea el diario buscando la solidaridad del horóscopo.-Me faltó una parte...Me repito, vuelvo a la mesa y trato de pensarla... no hay forma de que vuelva me digo y veo que ya no está su taza de café.Pago y salgo a la luminosidad del mediodía, la gente corre apurada a ninguna parte, el viento me despeina y un bocinazo me vuelve a la realidad.Me digo que algo de esto le habrá pasado a Mirella, recorriendo un Vía Crucis de miles de preguntas, tratando de entender lo inentendible, creyendo que quizás la otra mañana la sorprendería el ruido del gozne de las puertas chirriando su canción del regreso.Crueles magos de una magia inapelable, perversos hasta el límite de la lógica, se habrán creído Dios en su ignorancia, en su soberbia los dueños de los sueños, en su locura de tomar lo que no les pertenece, como los sueños y las utopías de tantos como NONI que paradójicamente se que los dejaron con las ganas, con las manos vacías, con la bronca de saber que no pudieron.Sonrío, me asocio a su sonrisa inmensa que ahora siento, se me asoma por sobre el hombro, me hace cosquillas en el alma...Ahora si la veo, con su campera de cuero y su bolso, con los cabellos rematando en un jopo, arremolinados, caminando para el lado del barrio, de una mano se le cuelga un guri en patas de la otra una señora que ya no puede con los años.Ahora si, la veo... en la mirada de los niños que sueñan, en las canciones que ya no son de protesta, en el cielo inmensamente azul...En un pájaro blanco, como una paloma, que se vuelve pañuelo...Y no vuelve...más vale que no vuelve ¿cómo puede volver si nunca se fue?.* Premio anual Fray Mocho 2001 - periodista - escritor
adónde vas...
quédate hasta el día..."
(Luis A. Spineta)
Claudio Lencina *
ColaboraciónLa mañana es pegajosa por la humedad y el sol que se confabulan para volver desapacible al día; entro y busco entre el universo de las mesas y las conversaciones, junto a la ventana está sentada ella, mirando hacia afuera con la mano sosteniendo su rostro que -como me lo habían adelantado- tiene mucho más de angelical de lo que suponía.La saludo casi en silencio y miro hacia donde está el mozo, impecable y taciturno, para pedirle dos cafés, el mío mediano y cortado, el de ella simple y sin más vueltas. Sonríe con todo el rostro, no solamente con los labios, también se asocia la mirada y una luz de felicidad que te empalaga la vista.Esa sonrisa se va a repetir tantas veces durante esta entrevista que supongo que no es un gesto casual sino más bien una prolongación de su alma.Muero por preguntarle donde está, pero no me animo, porque sería como romper un sortilegio, hacerlo trizas y volver a esta conversación un ejercicio más de la rutina. La miro profundamente, ella impasible, luce una campera de cuero marrón y lleva un bolso que deja colgado, hamacándose, en un extremo del respaldo de la silla.Se sorprende al saber que "El Picaflor" cerró hace años, no entiende, porque era un "monstruo" aquel supermercado de calle Urquiza y Rosario y hace un silencio por donde tranquilamente cruza un ángel.-Mi papá me decía que era la abogadita de la familiaDice y luego toma un sorbo del café. Habla del "Quisca" González, obrero del Molino que le heredó la sensibilidad infinita, quien muy pronto se fue de la vida en el año 1972, dejando a ella, cuatro hermanos y a su madre Mirella, barajando el desencanto y la incertidumbre de las preguntas que no tienen nunca una respuesta.Hay tanto para hablar que me parece que no alcanzará el tiempo, ella me toma por un brazo y me dice que no me haga problemas, que hablemos tranquilos, que es cierto aquello de que el tiempo es una cueva de ladrones, pero que por esta vez podemos detener los relojes en el asombro de sus miles de cuadrantes.Si tuviera que describirla, lo que no se ve -no lo que está a la vista-, podría afirmar temerariamente que es un vendaval, un viento, una ráfaga de vida de aquellas que te despeinan, un soplo de ironía, un desenfreno de luz. Supongo que me lee el pensamiento, sonríe, menea la cabeza y dispara-No, no es para tanto...Justo ahí aparece la humildad, esa cualidad que es tan difícil de encontrar, mucho más que tréboles de cuatro hojas supongo. En ese momento me asalta una duda que no podré develar, porque al hacer memoria no recuerdo si en realidad me hablaba o por el contrario era su silencio el que me iba dictando las palabras.-Contame de aquellos años... de tus sueñosVuelve a sonreír, me corrige con aquello de que no hay aquellos años, que para qué andar separando, que estos años y aquellos años no tienen mucho de diferente, que hoy siguen existiendo los gurises en pata, con la pancita hinchada del hambre y los ojos del asombro que suelen pintar en sus rostros la pobreza.Qué diferencia entre aquellos de su Barrio Franco y otros que hoy por casi la misma zona cobijan sus sueños al amparo de las latas y los cartones mal entrazados, que se cuelgan del pescante de los carros y que hoy como ayer se escarchan en la tierra cada vez más fría.Aquel barrio Franco, el de sus años de compromiso social sin límites, era una postal de casas bajas, de techos que se venían hasta el piso, de paredes de latas herrumbradas, de un horizonte recortado por la vertical de una antena de televisión, de luces mortecinas de lámparas a kerosene. Allí solía llegar con el Padre Pascual Rodríguez y su plegaria de fe que no se quiebra, de darle sentido al evangelio, de creer que lo mismo hubiese hecho Jesús.Tanto podía cambiar aquellos pañales de tela que envolvían los gurises como un regalo, como dar una mano con las cuentas difíciles para quienes los números no se entienden nunca, pero que aprenden todos los días a multiplicar el pan para que alcance, lejos del milagro, a la orilla misma de todas las necesidades.En el mismo camino del Cura Calgaro, al que Dios necesitaba tanto que lo mandó a llamar cuando venía en una moto desde Parera.En el mismo camino de aquel grupo de jóvenes que bien pudieron haber elegido otro camino y no el de la solidaridad, el compromiso y el altruismo, que a diario se juntaban y formaron el grupo "Viento norte" y "Los Chamuscau" Para dar rienda suelta a sus ganas de divertirse y de hacer y de dar sin pedir nada a cambio.-Me acuerdo de los gurises, tenían mucha sarnilla... los bañábamos, les dábamos una taza de leche, una galleta... pero nunca alcanzaba -hace un silencio en el que más que un ángel, cruza el cielo mismo- pero nunca alcanzó.Por esa época se formó Juan XXIII, porque ella como quienes estaban en aquella quimera venían de la Acción Católica, creían en Dios y no solamente se conformaban con creer, también daban testimonio de su fe trabajando donde, aparentemente, Dios parecía no llegar.No era difícil, tampoco, que el compromiso social rumbeara para la política y que recalará en el peronismo; Perón era un emblema y el "Luche y Vuelve" una canción de cuna que despertaría el duermevela de un pueblo al que no se le pudo amordazar nunca. Allí estaba el nervio de la juventud, su sangre hirviendo, la imagen nítida y crucial del hombre nuevo.Me recuerda su paso por la CASA DE LA JUVENTUD, o las discusiones encarnizadas en la básica ocho de calles JJ Franco e Irigoyen, las largas caminatas hasta que la noche la sorprendía en los ranchitos levantados a fuerza de voluntad y muchísimo sacrificio en las polvorientas calles del barrio norte, donde el viento arremolinaba algo más que los sueños .Toma otro sorbo de café, me mira desde la profundidad de los tiempos que no tienen tiempos ni medidas.-Íbamos a casarnos...Faltaban pocos días, algunas semanas, había pedido permiso porque el "Chacho" Rodera estaba detenido en la Unidad Penal, pero el amor podía más que la distancia, y no era ningún secreto que aquel cordobés que había venido a trabajar a la ruta le había robado el corazón.Estruja las manos, para desmigajar los recuerdos y me cuenta de aquel 24 de marzo de 1976, cuando un verdadero ejército rodeó su casa, en calle 9 de Julio, buscando Dios sabe qué.-Serían las dos de la tarde más o menos, salían de todos lados -sonríe- eran como mil... con armas, uniformes, una locura... pero no encontraron nada... ¿cómo se puede encontrar entre muebles y libros la solidaridad o el amor por el prójimo?Ahora mira por la ventana, me observa, y vuelve al relato-Hasta ese 12 de agosto, invierno... mi vieja tenía un cólico imposible... Salí, como todas las mañanas, para El Picaflor, pero con mi hermana Elsa -que es la más chica- porque ella tenía que abrir el kiosco.Hace referencia al Kiosco que está frente a la escuela Rawson, en la Plaza San Martín, que apareció en sus vidas después de la muerte temprana de su padre.Miro hacia la calle, el caos de los automóviles buscando la otra esquina, vuelvo a la mesa y ya no está, solamente el café por la mitad, nada más.Me paro, la busco entre el universo de las mesas y de las conversaciones, me falta una parte de la historia, ese día, los compañeros en la calle Rosario, el auto gris que la subió y que se lo tragó la tierra.La busco en la mirada de los que me miran sorprendidos y la encuentro en todas partes y en ninguna, cruza en la melodía casual de la música de fondo, se va en los pasos de la vereda, se detiene en la mirada de una señora que hojea el diario buscando la solidaridad del horóscopo.-Me faltó una parte...Me repito, vuelvo a la mesa y trato de pensarla... no hay forma de que vuelva me digo y veo que ya no está su taza de café.Pago y salgo a la luminosidad del mediodía, la gente corre apurada a ninguna parte, el viento me despeina y un bocinazo me vuelve a la realidad.Me digo que algo de esto le habrá pasado a Mirella, recorriendo un Vía Crucis de miles de preguntas, tratando de entender lo inentendible, creyendo que quizás la otra mañana la sorprendería el ruido del gozne de las puertas chirriando su canción del regreso.Crueles magos de una magia inapelable, perversos hasta el límite de la lógica, se habrán creído Dios en su ignorancia, en su soberbia los dueños de los sueños, en su locura de tomar lo que no les pertenece, como los sueños y las utopías de tantos como NONI que paradójicamente se que los dejaron con las ganas, con las manos vacías, con la bronca de saber que no pudieron.Sonrío, me asocio a su sonrisa inmensa que ahora siento, se me asoma por sobre el hombro, me hace cosquillas en el alma...Ahora si la veo, con su campera de cuero y su bolso, con los cabellos rematando en un jopo, arremolinados, caminando para el lado del barrio, de una mano se le cuelga un guri en patas de la otra una señora que ya no puede con los años.Ahora si, la veo... en la mirada de los niños que sueñan, en las canciones que ya no son de protesta, en el cielo inmensamente azul...En un pájaro blanco, como una paloma, que se vuelve pañuelo...Y no vuelve...más vale que no vuelve ¿cómo puede volver si nunca se fue?.* Premio anual Fray Mocho 2001 - periodista - escritor
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