MÚSICA E IDENTIDAD
Damián Lemes llega a la quinta luna de Cosquín con una poderosa historia local
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El cantautor gualeguaychuense Damián Lemes se consagró ganador en el rubro Canción Inédita del Certamen Nuevos Valores del Pre Cosquín 2026 con “La Yuyera”. Como consecuencia actuará en la quinta luna del Festival Nacional de Folklore, el próximo miércoles 28 de enero, en la Plaza Próspero Molina.
El reconocimiento llegó de la mano de una canción profunda y cargada de identidad, donde la palabra, la música y la imagen dialogan desde una raíz popular. En ese sentido, Lemes adelantó que su presentación en Cosquín tendrá una puesta renovada y con fuerte impronta audiovisual. “Va a haber algunas sorpresas audiovisuales para el miércoles 28 en la Próspero Molina”, señaló.
A diferencia de las instancias anteriores, en esta ocasión podrá utilizar las pantallas del escenario. Y por eso, está preparando una puesta visual junto al equipo de Pájaro Audiovisual con la intención de que el público pueda “verle el rostro a doña Geroma, la yuyera”, figura central de la canción.
“Quiero que la imagen acompañe la canción, además de la puesta en escena”, expresó Lemes, remarcando que el objetivo es que lo visual sume sensibilidad y contexto al relato musical.
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Lemes se detuvo a agradecer a Ángela Sarmiento y Félix Bon, bailarines de tango de la ciudad, que le sugirieron que acompañara la canción con una escenografía sencilla con yuyos. Esta apuesta minimalista sumó un elemento llamativo y que aportaba al relato musical, y que llamó la atención del jurado.
“Es mérito de ellos, que me dieron una mano para estar a la altura de la canción desde la propuesta estética”, afirmó.
No hay historias ni personajes chicos
Esta es la tercera vez que Lemes se subirá al escenario Atahualpa Yupanqui, ya que en dos ocasiones anteriores tuvo la oportunidad de formar parte de la delegación de Entre Ríos. Sin embargo, afirmó que esta experiencia será diferente.
“Tenía las ansias de algún día pisar la Próspero Molina con mi nombre, no sólo con una canción propia, sino como Damián Lemes, que vean al cantautor. Y mira vos, lo logré con una canción que habla sobre una historia simple de una vecina, que igual toca otros temas sociales, ambientales, reflexivos, pícaros, así que tiene esos condimentos. Es muy lindo formar parte de una luna de Cosquín, ver mi nombre en una cartelera al lado de tantos grandes artistas, es una motivación especial para seguir en este camino”.
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Sobre la historia que atraviesa a la canción, Damián reflexionó: “Como persona, la yuyera, seguramente conmovía a mucha gente en aquellos tiempos, y conmueve hoy su historia, porque es un personaje entrañable, que está en todo el país. Siento que las personas y el jurado traspolaron nuestra historia a la de cada pago. En todos lados existe una yuyera. Pero si hablamos desde lo musical, creo que haberme hecho cargo de mi región a través de un género característico como el chamamé, también sumó”.
Además, la canción de “La Yuyera” entraña en sí una gran denuncia: hacía la codicia del hombre y el desmonte.
“En la primera estrofa hay una denuncia, donde conté la historia de una persona que ya no está, pero tampoco está aquel monte donde ella buscaba estos yuyos. Después hay una parte más descriptiva, hablo hasta de su rostro, aindiado, de sus saberes ancestrales. Después digo que lo que más me duele es el hombre, su codicia y ambición, es como una visión más global. Luego, se torna un tanto picaresca, porque nombro algunos de mis vecinos que existieron y que existen, y los imagino dándole una esquela a doña Geroma con sus dolencias cuando pasaba, quizá por la vereda de su casa con su canasta de mimbre, o quizás por la calle, porque en la calle Magnasco al norte de aquel tiempo se caminaba por la calle. Estaba muy deshabitado todo, era zona de chacras, y empezaban los montes cercanos. Y después, hacia el final, simbólicamente le hago un pedido, que es el más importante, y es que, por favor, me traiga unos yuyos para las miserias propias que tanto me cuestan sanar”, describió el cantautor.
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Por último, Damián destacó la relevancia de las historias locales y su gente: “Mis padres no podían creer que los paraban por la calle a saludarlos por este logro. Porque en cierta parte son un poco los compositores de esta yuyera porque me enseñaron a ver el costado positivo o el brillo entre la oscuridad, y las historias simples. Cada persona tiene algo interesante en su vida que merece ser contado. Por ejemplo, en Doña Jeroma me hicieron ver que no era solamente una señora centenaria que pasaba por el barrio, sino que era una señora que tenía un saber ancestral y era un personaje importante de Gualeguaychú. Así aprendí a querer a estos esplendores desde gurí chico. Después de adolescente, por ejemplo, la pinté en un mural en calles Clavarino y Primera Junta, junto con mis amigos de la secundaria en los certámenes de Gualeguaychú Joven. Siempre me intrigó la historia de Doña Jeroma. Y mirá vos, pasaron muchísimos años más para hoy contar la historia desde una canción”.
La historia de una vanguardista
Mucho antes de que existieran los videos en redes sociales explicando las propiedades medicinales de los yuyos, y de que se multiplicaran las dietéticas, una gualeguaychuense atesoraba los conocimientos de las hierbas de la zona y vendía a sus vecinos salud por las calles de la ciudad.
En el libro “Mujeres de Gualeguaychú”, en la página 99 y 100, Natalia Sarrot García rescató la historia de Gerónima Sofía Alegre, mejor conocida como Doña Geroma, la yuyera. En la breve reseña cuenta que esta mujer vivió hasta los 108 años y era conocida por ofrecer sus yuyos para aliviar las dolencias.
“En sus primeros tiempos en Gualeguaychú, porque ella venía de la estancia El Potrero, donde su padre correntino era peón, doña Geroma había alzado su rancho, dos cuadras al norte. En ese barrio encontraba la tranquilidad, luego de las ocho o nueve horas de caminar la ciudad con paso ligero y rendidor; el espacio para santificar su fiesta de domingos, porque ahí nomás tenía la Capillita; y la escuela a dos pasos, para que las hijas, en especial, no corrieran peligro en el ir y venir para aprender a leer y sacar cuentas”, describe un fragmento del texto sobre la vida de esta mujer.
Dicen que la Yuyera andaba siempre con una canasta de mimbre en el brazo derecho y otra de nylon colgando de la mano izquierda. En 1992 dejó de caminar las calles, porque la ciudad había cambiado tanto que se perdía.
Doña Geroma tenía “la tez aindiada y mirada oscura”, y compartía amistad desde los cinco años con Mercedes Chaparro de Sameghini. “Con ella mantenía charlas en voz baja y sonrisas plenas. En ella encontraba la mirada celeste y el cutis claro y suave que tanto gustaban a las mujeres como la Yuyera”.
El texto concluye señalando que “la vida de Gerónima Sofía Alegre de Díaz transcurrió sobre tres siglos. Geroma, la Yuyera, es una parte de nuestro folklore que asomará en la tisana o en las hojitas agregadas al mate, con el aroma imperdible del huaco, la lusera, la marcela, la albahaca, la menta, el cedrón, el poleo… cuando, apretándolos entre la yema de los dedos, queramos apoderarnos de su esencia”.

