De profesión, modisto de lámparas
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El larroquense Rubén Andreatta se ha vuelto uno de los más reconocidos y prestigiosos artistas del mundo de la iluminación; cómo descubrió el oficio del que hoy vive y que le permitió llevar al cine y la televisión muchas de sus creaciones. Florencia Carbone El diccionario dice que lamparero es la persona que tiene por oficio fabricar, vender o reparar lámparas. ¿Y "modisto de lámparas"? Eso no figura. Debe ser porque todavía no conocen a Rubén Andreatta.Nacido en Larroque, a los 53 años, Rubén se ha convertido en un destacado representante del arte de la iluminación. Y no hay la más mínima exageración en ninguna de las definiciones. Alcanza con ver alguna de sus obras, que dicho sea de paso, seguramente -sin saberlo- ya vio: sus lámparas han estado en diferentes ficciones y novelas televisivas (Resistiré, Viudas e hijas y Graduados, entre otras) y hasta en el cine.Así como los pintores o escultores logran impregnar sus obras de manera tal que es posible reconocer su huella aún sin que estén firmadas o tengan un cartel identificatorio, Andreatta pone su sello en las lámparas que pasan por sus manos.¿Quién dudaría frente a una obra del escultor colombiano Fernando Botero o una pintura del genial Benito Quinquela de su autoría, aún si no hubiera ninguna referencia concreta? Lo mismo vale y se traslada a los ámbitos más disímiles: la ropa, los zapatos o carteras de un diseñador; el auto de una marca; el edificio de un arquitecto; las canciones y la música de un artista; los platos de algún cocinero; y hasta las jugadas de un futbolista.Es que detrás de las cosas que se hacen con pasión está "el estilo", ese sello indeleble, muchas veces hasta inconsciente pero muy personal -más bien único-, con el que el ser humano logra impregnar sus creaciones.Cuando se le pregunta por la existencia de un oficio de lamparero o si se considera un "modisto de lámparas", Andreatta ríe sonoramente."Cada vez que hago el diseño de una lámpara es como vestirla. Elegir los colores, los materiales, sus combinaciones. No se trata simplemente de armar algo, sino de crear y vestir de manera armónica", cuenta.¿Cómo fue que descubrió este oficio/pasión? Rubén recuerda que desde chico, cuando vivía en el campo era un observador nato. "Me fascinaba observar los colores. Habré tenido 8 años cuando jugaba a decorar un galpón que había allá con mesas y sillas armadas con troncos, a usar las bolsas de arpillera como cortinas, a pintar las paredes... Mirá, esa onda rústica que se usa ahora", relata.Rubén había estudiado en una escuela industrial de Gualeguaychú, y cuando terminó el secundario decidió irse a Buenos Aires. La elección inicial "no tuvo nada que ver" con lo que hace hoy, aclara: el primer desembarco fue en el mundo de los recursos humanos.Cuando tenía 33 años, y a raíz de un problema de salud, empezó un cambió radical en su vida. "No sólo en lo exterior, fundamentalmente en mi interior", recuerda.Cuenta que por aquellos tiempos, cada mañana, cuando salía de su casa, veía un cartel gigante que promocionaba: Viaje a Miami. "Cada día me preguntaba ¿cuándo podré hacer ese viaje? Las cosas empezaron a cambiar, especialmente en mi cabeza -enfatiza-. Empecé a ser más positivo. Entendí que si uno realmente quiere y desea algo, lo puede obtener".El arranque en el mundo de la "moda de la iluminación" fue casi por casualidad.Empezó a comprarle a un amigo objetos de decoración para su casa, y quienes visitaban el hogar elogiaban las cosas, la armonía y el estilo de la decoración. Por entonces, Rubén estaba sin trabajo y así surgió la idea de, catálogo en mano, empezar a recorrer algunas de las casas de decoración más reconocidas de Buenos Aires para vender aquellos objetos.Una vez, en medio de esas recorridas, alguien le sugirió que "indagara en el arte". "¡¿En el arte yo?! Si no tengo idea de nada", fue su respuesta instintiva.Sin embargo, las millas recorridas de cabotaje (con las visitas a los negocios porteños) e internacionales (¡finalmente llegó el tiempo de los tan ansiados viajes!) fueron un verdadero aprendizaje. -¿Hay un método o una manera para inspirarse? ¿Se puede aprender eso?-Se trata de mirar, de ver con atención, de observar todo, de tener una posición activa y de curiosidad ante la vida. Es más, hasta algo que no te gusta sirve porque es importante entender que hay cosas para todos y hay que saber descubrir lo que le agrada a cada uno. Almaceno todo acá -dice señalando su cabeza- Todo en algún momento te sirve.Lo primero que hago es indagar cuáles son los colores de tendencia. Porque para la iluminación, un vestido, un zapato, una cartera o un auto, las gamas son las mismas. Y eso se descubre observando. Entonces ves que en Fashion Week (una de las ferias de moda más reconocidas) las camperas de cuero son azules; que Ford saca su famoso tono azul; que los zapatos también vienen en ese color. Tecnología facilitadoraAsí como antes una de las grandes vías de inspiración eran los viajes (cuenta como anécdota que en uno de sus primeros viajes a Nueva York quedó impactado al recorrer un edificio de una veintena de pisos con locales dedicados exclusivamente a la moda y el diseño), ahora la tecnología facilita las cosas. Redes sociales como Instagram o Facebook acercan todo. "Antes había cosas que sólo podías conocer y ver viajando; ahora está Internet", comenta riendo.-¿Cuáles son los elementos que utilizás en tus creaciones?-Eso es todo un tema acá porque los elementos que elijo muchas veces son difíciles de conseguir en la Argentina. Querés hacer algo nuevo con vidrio por ejemplo, y te dicen que no se puede porque no está la matriz que se necesita. O algo en madera, y la respuesta es que la madera que te serviría es la que se manda afuera, y acá queda la húmeda. Suele haber bastantes trabas. Intento jugar con todo lo que tengo disponible: vidrio, madera, metales, darles diferentes colores y texturas y ensayar todos los días diferentes combinaciones.Muchas veces hay que "maquillar" los materiales o buscarles la vuelta para que sean distintos. Ahí es cuando empezás a trabajar con los colores, por ejemplo. O cuando veo un tronco hermoso y pienso que con eso puedo hacer el cuerpo de una lámpara, mezclar lo rústico con un metal brilloso y lograr una pieza de equilibrio perfecto. -¿Cómo fueron los comienzos?-Arranqué con una línea rústica de lámparas. Todos los principiantes empezamos con los hierros retorcidos y oxidados porque es muy difícil conseguir proveedores que te hagan el torneado de la madera como corresponde. Al principio las cosas te pueden gustar a vos pero no estás tan seguro si les gustarán al resto. Con el paso del tiempo y el conocimiento mutuo es el cliente es el que te va sugiriendo y pidiendo qué es lo que quiere.-¿Lograste tener proveedores de calidad, y que cumplan en tiempo y forma con las entregas?-Eso también se va construyendo con el tiempo. Es confianza y aprendizaje mutuo, la relación con el pulidor, con el de los vidrios, el de la madera.Rubén cuenta que hoy, en su taller de Vicente López, trabaja con una veintena de proveedores y con 4 colaboradores que se encargan de ensamblar las lámparas. "Ellos también se acostumbraron a hacer las cosas como me gusta. Si hacés 10 lámparas, tienen que estar perfectas todas. Podés cometer errores, pero si pasa, hay que corregirlos", explica.Rubén está convencido de que "hay un Ser superior que te guía y te da el plan de vida, el que ordena las cosas", pero también tiene en claro que el esfuerzo lo tiene que poner cada uno.05
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