Declaró una víctima del cura abusador
La primera de las víctimas abusadas en el Seminario Menor por el cura pedófilo paranaense, Justo José Ilarraz declaró el martes por más de dos horas en el edificio del Poder Judicial entrerriano. Fuentes judiciales admitieron que el testigo ratificó los abusos.El joven, de unos 33 años y oriundo de una ciudad cercana a Paraná contó detalles sobre los abusos cometidos por el sacerdote cuyo paradero se desconoce, aunque algunas estimaciones indican que estaría en Córdoba. Mientras tanto, otras versiones indican que el cura sigue recluído en San Miguel de Tucumán. El abogado del presbítero denunciado, Jorge Muñoz, se presentará en Tribunales acompañado de letrados de la capital entrerriana que colaborarán en la defensa para incorporarse a la causa.La causa iniciada por el procurador general del Superior Tribunal de Justicia, Jorge Amílcar García, tuvo ayer su primera testimonial. La declaración del joven cuya identidad se preserva se extendió por espacio de dos horas, ante el fiscal de Cámara, Rafael Cotorruelo, secundado por un equipo de trabajo.Se requirió copia de informe en torno al Juicio Diocesano iniciado en 1992 por la misma conducción eclesiástica, contra el cura Justo José Ilarraz, luego de la denuncia de uno de los jóvenes abusados, al igual que la nómina de seminaristas y religiosos que se desempeñaron en el establecimiento entre 1984 y 1992.Por esos días, el arzobispo de Paraná era monseñor Estanislao Karlic, a poco de instalarse en la capital entrerriana procedente de Córdoba para reemplazar en el cargo a monseñor Adolfo Servando Tortolo.Según publica Análisis en el testimonio, el joven que declaró reconoció que Ilarraz siempre utilizaba el mismo mecanismo para su esquema perverso, al ir observando las personalidades de cada uno de los chicos.El declarante indicó también que el cura, en su rol de prefecto, tenía una especie de habitación vip en el Seminario Menor, con las más variadas comodidades, en cuanto a la variedad tecnológica que disponía como así también era un lugar con comida, chocolates, caramelos, alfajores y gaseosas. Quien accedía a tales "privilegios" debía acceder a los requerimientos sexuales de Ilarraz.La víctima recordó que los abusos no sólo eran el Seminario Menor de Paraná, sino también en campamentos que se hacían en zonas cercanas al establecimiento o bien en Córdoba, cuando iban entre mediados de enero y febrero, oportunidad en que se instalaban en el hogar Preventorio de las Hermanas de San Camilo de Lellis, en Molinari, en pleno Valle de Punilla.Sostuvo incluso que el cura los obligaba a disponer de una libretita, para "anotar los pecados" y tenían la obligación de mostrárselo semanalmente, para una especie de monitoreo. Tras ello, había premios y castigos. El estímulo mayor era partir con él rumbo a Europa. Chicos que eran de su estrecha confianza conocieron Italia, Rumania, España o Grecia de la mano del cura Justo José Ilarraz.La presentación espontánea de las víctimas es considerada clave en Tribunales ya que sin su aporte, el camino que le quedaba a los fiscales es iniciar una causa por corrupción de menores, que podría tener una pena más leve que en caso de que haya testimonios directa de los afectados, y denuncias puntuales contra un responsable determinado. Fuente Uno
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