Detrás de los crespones
Tarea de incierto destino es la de intentar escribir algo original o ensayar una observación novedosa acerca de los episodios del miércoles en Barracas.Por Mario Alarcón MuñizEspecial para El Día Todo o casi todo se ha dicho ya desde diferentes ángulos. Sin embargo, la gravedad del caso exige ciertas consideraciones. La más importante: se ha perdido la vida de un joven luchador de evidente signo popular. Y eso no se recupera.No es la primera vez que ocurre un crimen dentro del marco de un reclamo social. Sin demandarle demasiado a la memoria se recuerdan en las últimas décadas varios desenlaces trágicos protagonizados por patotas violentas o represores asesinos que han operado siempre al amparo de algún poder, ya fuere político, sindical, patronal o militar en su tiempo. La protección deriva en impunidad. Y ésta abre el camino a la reiteración de sucesos que cada tanto agitan y ensombrecen la vida de los argentinos. La mafia sindicalLa investigación judicial de los hechos del miércoles está en pleno desarrollo. Sólo conocemos lo que se publica. Pero desde un primer momento se ha generalizado la impresión de que todo esto responde a la actuación de un oscuro poder sindical que siempre se las arregló para mantenerse en pie. Supo negociar con la dictadura, subirse al carro de Menem y Cavallo, respaldar las privatizaciones, aceptar que muchos miles de trabajadores colmaran la olla de los despidos, canjear votos o apoyos públicos por ventajas, hacer buena caja con las obras sociales y en los últimos años sumarse al negocio de las tercerizaciones. Quede claro que no se apunta a todos los gremialistas ni al sindicalismo, instrumento imprescindible para la defensa de los trabajadores, sus derechos y su vida digna, sino a quienes han establecido allí una base de dominación, especulación y maniobras personales, contribuyendo a crear la llamada "mafia sindical".Es en ese núcleo donde aparentan centrarse las responsabilidades de lo ocurrido esta vez y en circunstancias anteriores. Por supuesto ninguno de sus integrantes muestra la cara ni pone la firma. Inclusive más de uno se atreve a publicar su repudio por los hechos de violencia. Pero las sospechas crecen a su alrededor de manera abrumadora.Quizá se aclare el asesinato del miércoles y haya juicio y condena sobre uno o más sicarios ignotos. Será saludable para la democracia. No obstante, mientras la ética política siga archivada y nadie avance hacia el desmantelamiento de esta mafia sindical, continuará rondando el riesgo de reiteración de la violencia. Sorpresa oficialNo se duda que los hechos de Barracas tomaron al gobierno por sorpresa. De ahí su demora en reaccionar y los equívocos y confusiones consiguientes. Sin embargo, el reclamo de reincorporación de trabajadores cesanteados y la equiparación del salario de los tercerizados con el de los ferroviarios (estos perciben casi el doble de lo que cobran aquellos, muchos de los cuales están en negro), lleva unos cuantos meses. El Ministerio de Trabajo lo sabía. Prueba de ello es que a las pocas horas del trágico incidente estaba procurando una solución. Después de una muerte que pudo haberse evitado si se dialogaba antes.La agencia oficial de noticias Télam informó del hecho con dos horas de atraso respecto de los medios privados y lo hizo mediante declaraciones de José Pedrazza, el dirigente ferroviario que aparece más complicado en el caso. La primera reacción de algunos legisladores oficialistas y más tarde del jefe de la CGT, Hugo Moyano, consistió en embadurnar a Duhalde, primera figura del peronismo anti K.Por su parte tampoco estuvo feliz la Presidenta cuando comentó que "buscaban un muerto", sin aclarar quiénes lo buscaban, por qué, para qué. Estos son elementos sustanciales si se desea comprender lo ocurrido. De lo contrario esas palabras se presentan como otra cuña de nuestra desgraciada confrontación de todos los días. Estos y aquellos. Amigos y enemigos. Elegidos y réprobos. Blancos y negros. Buenos y malos. ¿Hasta cuándo seguiremos así? ¿No hay otra manera de dilucidar los problemas?Precisamente el cardenal Bergoglio insistió el viernes en propiciar "el diálogo, el consenso, la humildad", exhortando a abandonar el terreno de la crispación y "aprender a escuchar".Ese es el camino. El crimen de Barracas nos conmueve a todos, en mayor o menor medida. Detrás de los crespones por Mariano Ferreyra cabe anhelar una nueva etapa de paz y respeto entre nosotros. Es lo menos que se puede pedir en homenaje al joven militante muerto y en resguardo del futuro común.ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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