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"Detrás de un paciente de Covid hay un montón de historias, trabajo y recursos que no se ven"

Christian Lloveras, Jorgelina Baucero e Iván Gómez, los dos primeros licenciados en enfermería y el tercero, médico cardiólogo, dieron su testimonio respecto al trabajo que, todos los días, llevan a cabo en la sala de febriles-respiratorios que se montó en el Hospital Centenario para hacer frente a la pandemia.

Por Luciano Peralta

Hace más de 150 días que ninguna otra cosa tiene mayor preponderancia mediática que el coronavirus. Es repetitivo y cansador, pero también necesario y lógico que así sea. La situación es grave, aunque, afortunadamente, en Gualeguaychú ha sido bien controlada desde un primer momento.

En todo este tiempo se ha escrito mucho sobre el tema y se le han dedicado miles de horas de radio y televisión. En los sitios online no ha habido un solo día en que el tema no haya tenido cinco, diez y hasta decenas de notas desarrollando cada uno de los aspectos de la vida diaria que obligó a transformar esta situación.

Quienes no han tenido -al menos en la ciudad- demasiada visibilidad son los trabajadores de la salud. Su voz se ha reducido a las gacetillas informativas del hospital, las conferencias de prensa del Colegio Médico, a alguna entrevista radial o televisiva, o a la palabra de los profesionales que cumplen funciones institucionales o políticas.

Lo que sigue es el relato de tres trabajadores del Hospital Centenario, institución que debió adaptarse a las exigencias de la coyuntura prácticamente en medio del traspaso de una gestión a otra.

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Christian Lloveras, Jorgelina Baucero e Iván Gómez, los dos primeros licenciados en enfermería y el tercero, médico cardiólogo, dialogaron con ElDía sobre cómo viven esta extraordinaria situación, sus miedos, sus seguridades y la importancia de fortalecer el sistema público de salud.

“A partir de mayo, trato de coordinar, gestionar y llevar adelante el grupo de enfermería, motivándolos y tratando de hacer lo mejor por el paciente; no contaminarnos, cuidándonos, generando un buen ambiente de trabajo”, expresó Christian Lloveras, quien está a cargo del equipo de enfermería del consultorio de febriles. En este sentido, destacó el “excelente grupo humano -médicos, enfermeros y personal de limpieza- que es lo más importante de todo”.

Christian Lloveras

“Por ahí, lo que se ve en los medios es la aparición de cierta cantidad de casos positivos, pero detrás de eso hay un montón de historias. Por ejemplo, detrás de seis positivos, hay 15 o 20 hisopados; y detrás de eso hay 50 historias más, por los seguimientos de los contactos de cada uno de esos hisopados. Es un trabajo arduo, y se genera un vínculo y una empatía muy fuerte con el paciente”, destacó.

“Detrás de un positivo hay un montón de historias, de trabajo y recursos, material y humano, que no se ven"

"Todo paciente que ingresa puede ser Covid, por eso con todos debemos utilizar los elementos de protección personal, con todos los compañeros también. Un compañero puede ser Covid, entonces yo no me puedo relajar, no puedo tomar mate con él, no puedo estar a su lado sin barbijo”, enumeró el licenciado.

Por otro lado, destacó los cuidados de cada caso. “Acá hemos recibido muchos casos positivos, mucho más sospechosos, pero utilizando todos los elementos de protección personal, hasta el momento, no nos hemos contaminado ninguno del equipo. Estamos concientizados y corrigiéndonos continuamente entre nosotros”, aseguró.

Más protección, más seguridad

La capacidad de dar respuesta a la creciente exigencia de la pandemia, por parte de los sistemas públicos y privados de salud, es un tema recurrente. De todos los días. Afortunadamente, y a diferencia de muchos países, en Argentina no se han vivido situaciones de colapso.

El Estado, con todas sus falencias y limitaciones, ha fortalecido de tal manera el sistema de salud para evitar mayores dramas. Jorgelina Baucero es enfermera, trabaja en el hospital hace tres años, y remarcó la importancia de contar con los elementos necesarios para desempeñar sus tareas.

Nosotros manipulamos al paciente (con coronavirus), le mandamos a hacer algún electrocardiograma, lo preparamos para la internación… una vez que pasa a sala es otro equipo de trabajadores el que se hace cargo. En mi caso trabajo muy tranquila porque nunca han faltado los elementos de protección personal, como el camisolín, los guantes, la escafandra o el barbijo”, enumeró.

“Cuando todo esto arrancó, en abril, nadie sabía nada con certeza. Estábamos todos con miedo, pero afortunadamente las cosas se fueron encaminando y hoy trabajamos muy organizadamente. Aunque el miedo siempre está, el personal de salud tiene que tener mucho cuidado para no llevar el virus a su casa”, indicó. Y apuntó a otro “miedo”, el de la población en general.

Jorgelina Baucero

Cuando la gente habla y discrimina al trabajador de la salud creo que lo hace desde el miedo. Y el miedo paraliza. Pero creo que es porque no saben cómo se trabaja acá adentro”, reflexionó la profesional. Y cerró con una sencilla y contundente definición: “hay más probabilidades de contagio en un asado que acá adentro, que sabemos a lo que venimos y los cuidados son máximos”.

El temor siempre está

Iván Gómez es cardiólogo y desde el mes pasado coordina la Guardia del Centenario. Sobre el funcionamiento de la misma, contó: “En este momento (último jueves), por ejemplo, tenemos dos médicos (un cirujano y un ginecólogo) abocados a la guardia externa del hospital, y tres pediatras; y en el área febril tenemos un médico clínico y en el horario más álgido de consultas se suma otro médico de refuerzo”.

El principal temor del personal de salud es llevar el virus a la casa, enfermar a alguien

“El personal médico ha pasado por varias etapas, a mí me ha tocado arrancar la primera parte de la pandemia en Capital Federal, donde he tenido pérdidas de compañeros de trabajo. Por lo que me toca de sobremanera la cuestión. El principal temor del personal de salud es llevar el virus a la casa, enfermar a alguien. Algo que se contradice con lo que nosotros hacemos, que es curar a las personas, no enfermarlas. Si bien cumplo con los protocolos y los cuidados, cada vez que llego a mi casa se me cruza por la cabeza la posibilidad de estar llevando el virus. Y no sabes si besar a tu hijo o compartir la mesa con algún familiar añoso, porque el temor siempre está”, reconoció el joven profesional.

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En otro orden de cosas, se refirió al hisopado y a la posibilidad de contagio dentro de la misma institución, dos lugares comunes en estos más de cuatro meses de cuarentena.

“El hisopado nasofaringe u orofaringe es un tipo de muestra del tejido epitelial, es decir de las células que están recubriendo la parte interna de la boca y de la nariz. Se toma con un hisopo, que funciona como un pequeño cepillo que arrastra células que luego van a ser cultivadas y se les va a aplicar una técnica de detención del virus. Nosotros tomamos la muestra, la ponemos en un envase triple, para más seguridad, eso viaja a Paraná, acompañado de una planilla con datos epidemiológicos, y allá se analiza si es positivo o no”, explicó.

“La posibilidad de contagio dentro de las salas Covid es nula”

Y, por último, aseguró que “la posibilidad de contagio dentro de las salas Covid es nula”. Ya que “si bien las habitaciones no son cerradas hasta el techo, tienen divisiones de 2 metros, y está demostrado que el virus no viaja por el aire, sino que sale despedido cuando nosotros hablamos. Además, todo personal que entra se coloca un camisolín, y antes de salir lo deja ahí. No hay forma que el virus ingrese por ahí”.

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