17 DE MAYO
Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia: las reflexiones del colectivo Orgullo Gchú
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Cada 17 de mayo se conmemora el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia en recuerdo del día en que, en 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) decidió eliminar a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales, dando cuenta de que su patologización era un acto de discriminación.
La fecha, que también es conocida como el Día internacional de la Lucha contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género, apunta a dejar en claro y visibilizar que el odio o rechazo hacia las personas homosexuales, transexuales o bisexuales es producto de un aprendizaje social y no de otra cosa. Al mismo tiempo, refuerza la importancia fundamental del respeto hacia todo ser humano, sin importar su orientación sexual o identidad de género.
En el marco de esta efeméride, desde el colectivo local Orgullo Gchú compartieron con Ahora ElDía su reflexión y mirada en torno a los desafíos presentes de la comunidad LGBTTIQ+:
Hace apenas treinta y seis años la homosexualidad dejó de ser considerada una enfermedad mental por la Organización Mundial de la Salud. Tal vez por eso todavía hay quienes creen que los derechos conquistados son definitivos y para siempre. El 17 de mayo no es solo una fecha para recordar el pasado; también es una oportunidad para mirar el presente y preguntarnos cuánto falta y qué estamos dispuestos a defender.
Y falta mucho. La violencia tiene nombres propios. Hace poco nos enteramos del travesticidio de Cecilia, ocurrido el 1° de mayo en una ruta de Gualeguay. No fue un accidente: fue la consecuencia de una sociedad que, alimentada por discursos oficiales, sigue tratando los cuerpos trans como vidas descartables.
Actualmente, cerca de 62 países mantienen leyes que criminalizan los actos sexuales consensuados entre personas del mismo sexo, y en al menos 12 de ellos se puede aplicar la pena de muerte. Esta cifra nos recuerda que la libertad es un estado de excepción en un planeta que todavía persigue la identidad.
En Argentina, el retroceso es palpable. Cuando este gobierno inició, nuestra consigna fue clara: "resista - proteja a sus amigos". En poco más de dos años y medio, hemos visto un desmantelamiento sistemático de las estructuras de protección: Cierre del INADI y del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad. Recortes presupuestarios críticos para el tratamiento de enfermedades de transmisión sexual. Incumplimiento del cupo laboral travesti trans. En definitiva, estamos perdiendo derechos que creíamos consolidados.
Es aquí donde resuena la voz de Néstor Perlongher, el poeta y militante que nos advirtió sobre los peligros de la asimilación. Perlongher rechazaba la idea de "integrarse" a un sistema que solo nos acepta si nos volvemos invisibles o "normales". Para él, la verdadera política no era transar con las instituciones, sino sostener el deseo como potencia revolucionaria. El desafío de construir una existencia que desafíe lo establecido.
Cuando un Presidente vincula públicamente a las personas LGBT+ con la pedofilia, no está emitiendo una opinión; está "habilitando” la crueldad. Ese desprecio destilado desde la cima de la jerarquía estatal se derrama rápidamente hacia lo cotidiano. Le da permiso social al empleador que discrimina, a la familia que expulsa a une hije de su casa, y al agresor que golpea en la calle. El discurso de odio se filtra en las escuelas, los trabajos y las redes sociales; la violencia no aparece de la nada, se construye.
Cuando la violencia se normaliza, los cuerpos más vulnerables pagan el precio más alto. El travesticidio de Cecilia es el eslabón final de esa cadena de exclusión.
Frente a este panorama, nuestra respuesta es la que dimos el 1° de febrero de 2025 en Gualeguaychú, junto a familias, amigos, reinas del carnaval y los Corsos Populares Matecito: organización y presencia. Nuestra política real es la de cuidarnos entre nosotros cuando el mismo Estado es el que genera violencia.
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Ahí reside nuestra fuerza: en la solidaridad, en la organización y en la memoria de quienes ya no están. No se trata solo de sobrevivir, sino de construir un mundo donde la dignidad sea la norma y no la excepción. El 17 de mayo nos abre la reflexión de que volver a encontrarnos cara a cara, fuera del aislamiento de las redes sociales, es el único camino posible. Porque con los derechos no se negocia y, contra el odio, nuestra mejor herramienta es la presencia colectiva.
(Instagram: @orgullogchu)
