Día Mundial de la lucha contra el Mal de Alzheimer
La Organización Mundial de la Salud y la Federación Mundial de Alzheimer, han proclamado esa fecha como el día en que se conmemora mundialmente la lucha contra esa enfermedad. Dr. Julio Zarra Su historia: en la Alemania del 1900, el Dr. Alzheimer, médico neurólogo y psiquiatra, ya era un experto en la anatomopatología del sistema nervioso central, lo que le permitía confrontar sus observaciones clínicas con las necropsias que él mismo practicaba. En el año 1901, este médico alemán, Aloysius Alzheimer (o Alois, como lo llamaban sus amigos) a partir de una paciente: Auguste Deter, comenzó a estudiar una rara enfermedad neurológica que afectaba gravemente al aparato psíquico humano, creando severos trastornos de la conducta y terminando con el juicio y la lucidez. Posteriormente, en 1906 la describe y la presenta en un congreso local, titulando su conferencia: "Sobre una enfermedad especifica de la corteza cerebral". Poco después, su jefe en la clínica de Munich, el eminente psiquiatra Emil Kraepelin, (a quien le debemos hoy la clasificación actual de las psicosis) decidió incluir la descripción de esa enfermedad en su prestigioso libro Psychiatrie, publicado en 1910, bautizándola, para gran sorpresa del propio Alzheimer y de sus colegas, como "ENFERMEDAD DE ALZHEIMER". Así se dio a conocer en poco tiempo al mundo científico entero, la enfermedad que hoy conocemos como Mal de Alzheimer o Demencia tipo Alzheimer, a pesar de que Alzheimer era un hombre muy modesto y jamás él hubiera denominado con su propio nombre a la enfermedad que el mismo descubriera.5 años después, a los 51 años de edad, en el año 1915, fallece el Dr. Alois Alzheimer, sin poder alcanzar a ser testigo de la repercusión y propagación posterior que esta enfermedad tendría en el mundo entero.Ha transcurrido ya más de un siglo del descubrimiento de esta cada día más cruel enfermedad. Exactamente 109 años. Y 104 años en que se empezó a dar a conocer al mundo con su nombre. Y todos los 21 de septiembre, conmemoramos el día mundial de la lucha contra el Mal de Alzheimer, propuesta por la Organización Mundial de la Salud y la Federación Mundial de Alzheimer. A 109 años de su descubrimientoSabemos que la enfermedad de Alzheimer es una "demencia". Entendemos por "DEMENCIA" a la pérdida progresiva de las funciones cognitivas (intelectuales) debido a daños, lesiones o desórdenes cerebrales más allá de los atribuibles al envejecimiento normal. Hoy sabemos que es la más frecuente de las demencias, aproximadamente el 60 a 70 % de todas las causas de demencias corresponden a la enfermedad de Alzheimer.La demencia (del latín: "DE" = alejado, "MENS" = mente. "Alejado de la mente") surge como resultado de un deterioro neurológico progresivo. El término "demencia" no alude a ninguna enfermedad en particular, no hay ninguna enfermedad que se llame específicamente "demencia", sino que es un estado.Es una palabra que se utiliza para describir a un grupo de signos y síntomas, es decir, es un síndrome, que puede deberse a diferentes causas: Enfermedad vascular cerebral (hoy denominada Demencia Vascular, antes llamada demencia multiinfartica, la que conocíamos antiguamente como "Arterioesclerosis") o Enfermedad por cuerpos de Lewy, o Enfermedad de Pick, etc. O Enfermedad de Alzheimer, que representa del el 60 al 70 % de las causas de Demencia. Presentación, síntomas y evolución No todos los pacientes afectados de enfermedad de Alzheimer sufren los mismos síntomas, ni los síntomas se presentan en el mismo orden ni con la misma severidad en todas las personas, pero la evolución de la enfermedad sigue siempre una pauta general: progresa siempre desfavorablemente en una serie de fases que conducen ineludiblemente a un estado final de demencia severa. Característicamente, esta alteración cognitiva provoca incapacidad para la realización de las actividades de la vida diaria. Entendemos por "cognición" o conocimiento, a la acción y resultado de conocer a través de las facultades intelectuales. Los déficit cognitivos pueden afectar a cualquiera de las funciones cerebrales, particularmente las áreas de la memoria, la atención, el lenguaje, las habilidades visuoconstructivas, las praxias (coordinación de movimientos eficaces en función de un resultado o de una intención) la capacidad de aprendizaje y las funciones ejecutivas, como la resolución de problemas, la toma de decisiones o las actividades complejas.La pérdida de la memoria es la alteración típica de la actividad cognitiva en las demencias, sobre todo para la Enfermedad de Alzheimer, y su presencia es condición esencial para considerar su diagnóstico, aunque en una minoría de casos, la alteración de la memoria puede no ser un síntoma inicialmente dominante. Generalmente, el enfermo comienza por no recordar hechos recientes y recuerda sin embargo episodios pasados. Olvida nombres, números de teléfono, donde deja las cosas, etc., síntomas que por su poca intensidad, a veces pueden pasar desapercibidos. Poco a poco, estos problemas se agravan y el paciente pierde su capacidad de concentración, por lo que tiene dificultades para realizar labores que comporten varias etapas encadenadas (tareas complejas), olvida palabras y es incapaz de mantener el hilo de una conversación. En esta fase empiezan a presentarse episodios de desorientación sobre todo en el espacio. Y a veces, el paciente tiene dificultades para orientarse en un entorno conocido, como en las calles de su barrio o dentro de su propia casa, lo que le produce un importante grado de ansiedad. También empiezan a perder la capacidad de abstracción y por ello son incapaces de saber el valor del dinero o les es imposible representar gráficamente una figura geométrica.Todos estos síntomas se hacen más o menos patentes dependiendo del entorno social y laboral del paciente que, en esta fase, es todavía consciente para comprender lo que le está sucediendo y esto le inquieta y le lleva a adoptar actitudes reservadas que le pueden conducir a episodios de depresión.Durante la evolución de la enfermedad puede observarse la pérdida de la orientación en el tiempo y en el lugar, y las dificultades crecientes en el desempeño de las tareas de la vida cotidiana, desde las más simples hasta las más complejas.En fases posteriores, los síntomas se van agravando, lo que suele obligar a los pacientes a dejar su actividad laboral y a evitar actividades que, como la conducción de automóviles, pueden representar serios riesgos para el individuo y la comunidad, por lo que empiezan a tener que depender de otras personas.Luego comienzan los cambios en la personalidad, manifestándose con actitudes y conductas inadecuadas, levemente notables al comienzo, para ir agudizándose paulatinamente hasta provocar conductas francamente desadaptadas e incongruentes, que invalidan al enfermo impidiéndole desarrollar cualquier tipo de relación personal, ocupacional o laboral.Posteriormente pueden aparecer síntomas depresivos severos, delirios y alucinaciones que afectan gravemente al juicio y al raciocinio, lo que ya nos da cuenta de un muy mal pronóstico. Y ya en una etapa terminal, se pierde el reconocimiento de los seres queridos y luego hasta la propia identidad, terminando con la destrucción total del aparato psíquico de la persona. Causas posiblesEs lógico pensar que una enfermedad tan compleja no pueda atribuirse a una sola causa, por lo que es más acertado considerar la existencia de una serie de factores que pueden favorecer el desarrollo de la misma (factores de riesgo) que incidiendo de una forma diferente en unos y en otros pacientes, hacen que algunas personas tengan una mayor probabilidad de padecer la enfermedad que otros.La enfermedad de Alzheimer es una demencia y por lo tanto se debe siempre a alteraciones orgánicas del cerebro, fundamentalmente a un proceso de "degeneración celular" (atrofia progresiva hasta llegar a la muerte de las neuronas o células nerviosas) alterándose el aspecto y la forma que este tejido presenta cuando se observa al microscopio. Estas lesiones de transformación o degeneración celular, hoy se sabe que se producen por la alteración de un determinado tipo de proteínas del sistema nervioso, provocando la afectación progresiva de todas las funciones cerebrales que generan los síntomas de la enfermedad. Edad y sexoNo hay duda que aunque la incidencia de la enfermedad aumenta con la edad (contraen Alzheimer 1 de cada 1000 personas menores de 65 años de edad y 1 de cada 20 personas de más de 65 años de edad), el envejecimiento en sí no puede considerarse como causa de la misma. La edad avanzada solo predispone al desarrollo de la enfermedad. Pero en el Alzheimer debe presentarse esa alteración en determinadas proteínas cerebrales, que es lo que provoca la enfermedad.En cuanto al sexo, si bien determinados estudios sugieren que hay un mayor número de enfermos de sexo femenino, hay que tener en cuenta que las mujeres tienen un promedio de vida superior a la de los hombres y muy probablemente si fuera la misma no habría diferencia entre ambos sexos. Al vivir más la mujer, tiene más probabilidades de contraer la enfermedad, mientras que el hombre puede morir antes de contraerla. Factores genéticosSolo en un número muy limitado de casos, en una única familia en Escocia, el mal de Alzheimer se comportó como una enfermedad hereditaria con carácter dominante. En estos casos, estrictamente excepcionales, la enfermedad afectó a varios miembros de la misma familia y se presentó de forma más precoz, apareciendo entre los 35 y 50 años.Hoy sabemos que aunque una persona tenga antecedentes familiares de la enfermedad, esto solo lo predispone algo más a poder adquirirla, pero no puede considerarse a la enfermedad de Alzheimer como hereditaria o de transmisión genética. DiagnósticoEl diagnóstico de un cuadro tan complejo como es la enfermedad de Alzheimer, debe hacerlo el especialista: médico Psiquiatra o Neurólogo especializado en Trastornos de la Memoria o en Demencias. Pasa por una exploración exhaustiva del paciente, mediante una evaluación Neuropsicológica de funciones cognitivas y ejecutivas cerebrales, por el interrogatorio minucioso de las personas del entorno directo del paciente (familiares y/o amigos), por la realización de análisis de Laboratorio y de diversos estudios de neuroimágenes, como la Resonancia Magnética Nuclear (RMN), la Tomografía Axial Computarizada (TAC) o las más avanzadas, basadas en la emisión (PET) o centelleo (SPECT) de protones, que dan información sobre las especiales alteraciones cerebrales, morfológicas y funcionales, que acompañan a esta enfermedad.Por muchos avances que la medicina sigue teniendo, todavía el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer sigue siendo un diagnóstico clínico (basado en la detección los síntomas y los datos aportados por la evaluación neuropsicológica, el laboratorio y las neuroimágenes), porque el diagnóstico de certeza se consigue mediante la biopsia de tejido cerebral y la observación de las alteraciones específicas de la enfermedad: placas y ovillos neurofibrilares con acumulo de sustancia beta-amiloide en el cerebro. De todas maneras, con los métodos actuales de diagnóstico más la experiencia clínica del médico especialista, se puede arribar a un nivel de supuesta certeza, casi exacto, de lo que está sucediendo en el cerebro. TratamientoEn el momento actual, lamentablemente todavía no existe ningún tipo de tratamiento definitivamente curativo una vez declarada la enfermedad de Alzheimer. Existen, no obstante, fármacos que pueden contribuir a aliviar ciertos síntomas, como la agitación, la ansiedad, el insomnio o la depresión, atenuar o eliminar las alucinaciones o los delirios, pero, por desgracia, no tienen la misma eficacia en todos los pacientes y no están exentos de efectos secundarios indeseables.El descubrimiento de que los pacientes afectados por la enfermedad de Alzheimer tienen niveles más bajos de acetilcolina (un neurotransmisor responsable de intervenir en los circuitos de la memoria), ha llevado a la preparación de medicamentos que eviten los mecanismos de destrucción de la acetilcolina. Hoy éste grupo de fármacos, llamados colinérgicos y anticolinesterásicos, son la mayor arma terapéutica con la que contamos. Y como en términos de memoria, corremos una carrera contra el tiempo y cada día perdido es irrecuperable, debemos considerar que la consulta temprana, que tienda a la prevención, es el mejor recurso terapéutico de hoy. Así, con tratamientos farmacológicos de neuroprotección se podría lograr detener o al menos retardar o enlentecer el proceso de deterioro cognitivo de la enfermedad de Alzheimer. También son muy importantes las técnicas de rehabilitación cognitiva, consistentes en ejercicios que tienden a mantener activa la memoria y el apoyo psicoterapéutico de los pacientes en las fases iniciales o más tempranas de la enfermedad neurocognitiva, cuando todavía no sabemos con certeza si se trata de una enfermedad de Alzheimer o de otro proceso de déficit cognitivo. Pero siempre, siempre, la consulta temprana y la implementación de recursos terapéuticos oportunos, nos darán los mayores beneficios, porque como en todas las áreas de la medicina, siempre es mejor prevenir que curar, sobre todo en enfermedades que no tienen cura.
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