Diócesis con tres Diáconos Permanentes
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Ante la presencia de cientos de vecinos en Catedral San José, Monseñor Jorge Lozano ordenó a los primeros tres Diáconos Permanentes de la Diócesis Gualeguaychú, constituyendo un hecho histórico en Entre Ríos.Monseñor Lozano confirió anoche el Sacramento del Orden Sagrado, tras concluir el período de formación y discernimiento, a Pablo Rothberg de parroquia Santa Teresita, Ramón Abrigo de parroquia Nuestra Sra. de Lourdes (ambos de Gualeguaychú), y Rubén Osvaldo Gonzáles de Santa Teresita de Concepción del Uruguay."El sacerdote Joaquín González y el Consejo Presbiterial tuvieron a su cargo la coordinación del grupo, en una suerte de guía y apoyo durante el tiempo de formación. Según relató el sacerdote, la idea de promover el diaconado permanente se remonta al gobierno pastoral de monseñor Pedro Boxler, primer obispo de esta diócesis. Luego continuó con monseñor Luis Guillermo Eichhorn, hoy obispo de Morón", consignó AICA.Los diáconos permanentes son varones célibes, casados o viudos provenientes de cualquier ambiente social y laboral, siempre que no se contradiga con el ministerio que va a desempeñar. Los aspirantes deben tener 35 años como mínimo y 55 como máximo y una vez ordenados -tras cuatro años de formación- continúan con sus trabajos y vida de familia. Además de los ordenandos, restan unos seis varones dispuestos a emprender el mismo camino.Ramón Abrigo está casado, tiene dos hijas y es abuelo de cuatro nietos. Conoció la fe en la capilla Sagrado Corazón, donde tomó la comunión. "Quería ser sacerdote. Se lo dije a mi madre, pero creo que no la convencí. Y el llamado tampoco fue muy fuerte -risas-. Pero fue la primera señal importante en mi vida", dijo el hombre de 62 años.Rubén González, de 60, está casado, es padre de cinco hijos y abuelo de siete nietos. Recuerda que su vínculo directo con la Iglesia comenzó a los 33, después de participar de un Seminario de Vida. "Siempre fui católico. Pero después de aquella experiencia todo cambió. Mi compromiso fue mayor, descubrí mi vocación de servicio y allí inicié una relación con la capilla San Isidro, donde cumplo funciones pastorales", relató.Pablo Rothberg es veterinario, pero se desempeña como especialista en calidad industrial en Buenos Aires. Tiene 54 años, está casado y es padre de 4 hijos. "Vengo de una familia cristiana. No estuve muy ligado a la Iglesia, pero en el secundario apareció un sacerdote que nos atrapó, el padre Ricardo Bacaro, con quien continuamos siendo amigos. A partir de allí comenzó mi vínculo fuerte con la Iglesia", enfatizó.
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