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Docentes acusados por falsos delitos de abuso sexual: Una realidad incómoda de la que es necesario hablar

El trabajo de organizaciones como la Asociación Pensamiento Penal y Con los chicos no, con los docentes tampoco, denuncia falencias del Poder Judicial argentino. Según proyecciones extraoficiales, en el país hay cerca de 200 casos comprobados de docentes condenados o con prisión preventiva por delitos que no sucedieron. La palabra de la polémica exabogada de Carlos Monzón.

Por Luciano Peralta

La perversidad humana no tiene límites. Quienes consumimos medios de comunicación nos enteramos, cada día, de aberraciones que, muchas veces, no quisiéramos conocer. Pero, lamentablemente, pasan. Y mucho más de lo que podemos llegar a imaginar.

El abuso sexual infantil es uno de los ejemplos más acabado de una sociedad enferma. Por eso es importante, además de condenarlo, prevenirlo, educar, hablar sobre el tema.

En los últimos años, han proliferado enormemente las denuncias de abuso contra docentes, sobre todo aquellos que tienen a cargo niños y niñas de 3 a 5 años. Una mirada parcial nos puede llevar a pensar que esta situación es producto de una mayor conciencia sobre el tema y de una Justicia que está a la altura de las circunstancias. Pero, hay casos en que la realidad puede ser diametralmente diferente.

Esa es la situación con la que se encontró, hace varios años atrás, la licenciada en psicología María Eugenia Covacich, quien trabajo 17 años en Gualeguaychú, donde empezó a empaparse sobre el tema. La profesional habló con ElDía, al igual que la exabogada del femicida Carlos Monzón, Patricia Perelló, reconocida defensora de acusados por abusos sexuales.

En este sentido, siento necesario aclarar previamente el sentido de este artículo. Como todo recorte periodístico, apunta a visibilizar un aspecto particular del problema planteado, que es, concretamente, la denuncia de mala administración de la justicia y la condena jurídica y social a personas inocentes. Lógicamente, existen sobrados casos en que el sistema judicial funciona bien y aplica condenas justas en casos de abuso debidamente comprobados. Pero ese es otro tema, que no tendrá lugar en la nota que sigue.

Así sea una sola la persona condenada de manera injusta, vale la atención y visibilidad del caso.

Condena a inocentes

María Eugenia Covacich trabajó muchos años en Gualeguaychú. Lo hizo en el Consejo del Menor, en el equipo interdisciplinario del Juzgado de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad, y en los juzgados de instrucción. Fue durante los primeros años de la década pasada, cuando comenzó a entrevistar a niños considerados presuntas víctimas de abuso sexual, en el marco de investigaciones penales.

Hoy, la licenciada en psicología coordina el Observatorio de Prácticas de la Asociación Pensamiento Penal, una organización que “visibiliza las buenas y las malas prácticas del sistema de administración de justicia”, según sus propias palabras.

"Personas que son inocentes son condenadas o procesadas y con prisión preventiva, por errores cometidos por peritos"

“Hace algunos años, desde la asociación nos pusimos en contacto con un docente de música de un jardín de infantes que había sido acusado del delito de abuso sexual, y cuando accedimos al expediente nos encontramos con errores terribles en el área pericial, sobre todo en la parte de psicología. Estas prácticas periciales han conducido a errores en las condenas. Entonces, personas que son inocentes son condenadas o procesadas y con prisión preventiva, por errores cometidos por peritos, ya sean médicos legistas, psicólogos forenses o médicos clínicos, sociólogos, trabajadores sociales, o cualquiera de las disciplinas que asesoran a los jueves al momento de dictar una condena”, expresó sobre la primera experiencia en causas de este tipo, la que abrió la puerta para atender a “muchísimas otras de similares características”.

Al tiempo, la profesional se incorporó al grupo “Con los Chicos no, con los docentes tampoco”, y comenzó a revisar algunos de los casi 200 casos relevados por esta organización. “Me encontré que en todos los casos se repite la misma clase de error pericial, entonces elaboramos un documento y ahora lo estamos por presentar ante el Comité Nacional para la Prevención de la Tortura, porque lo que atraviesan esos docentes, sus familias y los chicos que erróneamente se indican como víctimas, es realmente una tortura”.

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Las causas de abuso sexual infantil han proliferado enormemente en los últimos años (foto ilustrativa)
Las causas de abuso sexual infantil han proliferado enormemente en los últimos años (foto ilustrativa)

-¿Cuáles son esos errores periciales?

-Hay psicólogos clínicos que no están debidamente entrenados en la psicología de la memoria y en la psicología del testimonio, que hacen diagnósticos de abuso sexual que no se corresponden con la realidad, con lo que realmente le ocurre al niño. Ellos toman algo que en la psicología clínica se llama la realidad psíquica y lo tratan como si fuera la realidad fáctica, que es la realidad material de la que se sirve el derecho. La realidad psíquica es aquella que forma parte del psiquismo y las emociones de la persona, sus fantasías, interpretaciones, en definitiva: la subjetividad de cada uno. En cambio, la realidad fáctica es la realidad de los hechos materiales. El problema acá es que la psicología clínica no está preparada para explorar en la realidad fáctica, entonces muchas veces se suele confundir una cosa con la otra y se terminan haciendo diagnósticos basados en hipótesis falsas. Además, también muchas veces, se interroga a los niños direccionándolos, no dándoles opciones a explayarse, a preguntas abiertas. Muchos operadores del sistema judicial incurren en lo que se llama el sesgo confirmatorio: convencidos de una hipótesis, se interroga al niño tratando de confirmar esa hipótesis, entonces toda aquella información que no va en esa línea no es tomada en cuenta por el perito que interroga.

-¿El problema es la falta de profesionales capacitados?

-Para la recepción de una declaración testimonial en el caso de una denuncia de abuso sexual es preciso tener un conocimiento de procedimiento y de protocolo que no lo tiene un psicólogo clínico. En el campo forense, cuando se recepciona un relato entran en juego un montón de variables, que no las tiene en cuenta el psicólogo clínico, porque no le interesa indagar en la realidad fáctica, en saber si existió o no existió el delito; el material lo obtiene de una manera que está contraindicada para los casos de abuso sexual, donde opera la realidad psíquica.

En la psicoterapia, el terapeuta toma por cierto todo lo que se dice en el relato, ese es su material. Si va una mamá con un nene de 3, 4 o 5 años, que habla poco por sí mismo, no tiene el nivel de comprensión de un adulto, etc., y le dice que su hijo fue abusado sexualmente, el psicólogo toma literalmente esa realidad, ese es el trabajo del psicólogo clínico. En cambio, el psicólogo forense trabaja con la realidad fáctica. Debe ajustarse a la Guía de entrevista investigativa o el Protocolo Nichd (Instituto Nacional de Desarrollo Infantil y Humano), recomendado por Unicef, que indican como proceder. Hay que tener una serie de conocimientos que el psicólogo clínico no tiene por qué saber, porque justamente está formado para ser terapeuta no para ser forense. Esos son los papeles que se están confundiendo. Entonces, lo que estamos viendo es que, a pedido del padre, de la madre o del denunciante, el psicólogo clínico presenta informes en la Justicia en los que asegura que el niño tiene síntomas secundarios de abuso sexual, y con eso se llega a una condena. Cuando esos síntomas, muchas veces, provienen de traumas psíquicos que pueden ser originados en una gran variedad de factores, no necesariamente por un abuso sexual.

-¿Por qué se habla de los niños de 3 a 5 años?

-Según mi punto de vista, tiene que ver con que es la edad en que ellos empiezan a explorar su propia sexualidad, a tocarse, a preguntar. Y los padres, que no están informados, se asustan, se llenan de ansiedad. Esto es bastante nuevo, sinceramente no conozco estudios científicos que indiquen el por qué hay tantas denuncias de abuso sexual en los jardines de infantes. Pero es un problema del que se debe hablar. Hay casos en que las pruebas de inocencia están en los propios expedientes judiciales, en los que se dice, por ejemplo, que las clases se dan en un salón, a la vista de todos, inclusive de otros docentes, ¡pero la condena se hace efectiva porque el nene dibujó un pito!, cuando es normal a esa edad hacer dibujos fálicos. Son errores muy graves, que le terminan arruinando la vida a personas jóvenes que muchas veces están empezando a dar clases después de años de estudio.

-¿Existe el número de docentes en estas condiciones?

-Nosotros estimamos que son más de 500, porque, más allá de los que tenemos conocimiento con acceso a las causas, que son cerca de 200, hay muchos que han sido imputados y luego sobreseídos, pero después de ese proceso traumático no quieren saber más nada, no quieren que su caso se conozca.

La abogada de Monzón y el “pánico moral”

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Patricia Perelló
Patricia Perelló

Patricia Perelló es una reconocida abogada marplatense. Su nombre saltó a la fama durante el caso Alicia Muñiz, en la que tomó la defensa de Carlos Monzón, finalmente condenado por homicidio simple.

Además, en sus largos años de carrera ha quedado infinidades de veces en el centro de la polémica por haber asumido la defensa de hombres acusados de delitos sexuales. Hace 20 años intervino en el primer caso de este tipo, cuando Fernando Melo Pacheco, un profesor de Educación Física de Mar del Plata, fue acusado de abuso sexual. Si bien se lo absolvió en todas las instancias judiciales, por “imposibilidad material de que los hechos hayan existido”, nunca pudo volver a dar clases. Hoy, trabaja en una institución escolar en la parte administrativa, que no es para lo que estudió e invirtió años de su vida.

“Según datos aportados desde Udopba (Unión de Docentes de la Provincia de Buenos Aires), en la provincia, llegan a recibir entre 4 y 5 denuncias diarias de abuso sexual. En la Argentina, y básicamente en la provincia de Buenos Aires, los padres mandan a los chicos a la escuela con la advertencia de que el profesor es un potencial abusador. Y eso genera en el chico una primera sospecha, y cualquier cosa que, en su imposibilidad de manifestarse claramente, pueda contar, termina siendo un abuso”, expresó Perelló en diálogo con ElDía.

"A esa edad el chico está descubriendo su sexualidad, tiene muchas fantasías, entonces es muy difícil trabajar con ese testimonio si, por un lado, no se tiene la preparación adecuada y, por otro, si los padres ya han metido mano"

“Los padres suponen que algo le pasó a su hijo en el jardín, se ponen en contacto con otros padres, porque su hijo nombró a alguno de sus compañeritos, y se forma la co-construcción del relato infantil. Y no digo que el nene mienta, pero si el padre o la madre le preguntan, ‘¿el profesor te tocó?’, a los 3 años el chico se da cuenta que esperan que les diga que sí, y muchas veces, ante la respuesta negativa, le preguntan muchas otras veces hasta que finalmente dice que sí”, continuó la abogada.

Por otro lado, consideró que, en los últimos años, “se han agregado dos ingredientes siniestros: las redes sociales y psicólogos que han hecho de esto su modo de vida. Son psicólogos clínicos y no psicólogos forenses, lo que ya es un problema. Porque a esa edad el chico está descubriendo su sexualidad, tiene muchas fantasías, entonces es muy difícil trabajar con ese testimonio si, por un lado, no se tiene la preparación adecuada y, por otro, si los padres ya han metido mano”.

-¿Qué responsabilidad tiene el Estado?

- Es enorme la ignorancia y los prejuicios del Poder Judicial, y también la demagogia de los políticos. Porque es mucho más fácil estar del lado de la víctima, entre comillas, que estar del lado de la persona denunciada. Entonces, se despiertan todos los prejuicios y se hace estragos, se condena a inocentes. Generalmente, son docentes especiales (música, teatro, educación física, etc.) los condenados.

-¿Por qué los docentes especiales?

-Son los que hacen más juegos. Porque un chico de 3 o 4 años aprende jugando. Son juegos como los que nosotros jugábamos de chicos, El perro lanudo, La cola del zorro, cualquier juego. Por ejemplo, que el nene tenga un trapo rojo en colgando de la cola y que tenga que correr para que el resto no se lo saque, no puede interpretarse como algo sexual, que es lo que muchas veces pasa, es algo totalmente inocente a esa edad. El problema son las interpretaciones erróneas.

-¿Por qué se focaliza en la edad prescolar?

-Porque es el testimonio más fácil de manipular. Porque si vos le preguntás a un chico de 10 años te va a decir ‘estamos jugando a la cola del zorro, es un trapo que se pone en la cintura’. Punto. Pero un nene de 4 años no lo sabe explicarlo de esa manera y necesariamente responde al deseo del padre, que desesperado le pregunta si el profesor lo tocó y el chico termina diciendo que sí.

Pánico Moral

“En sociología, el pánico moral es una reacción de un grupo de personas basada en la percepción falsa o exagerada de algún comportamiento cultural o de grupo, frecuentemente de un grupo minoritario o de una subcultura, como peligrosamente desviado y que representa una amenaza para la sociedad”. La definición es fácil de encontrar en Google. A este concepto se refirieron tanto Covanchic como Perelló.

“El pánico moral está descripto por Stanly Cohen, en el Reino Unido, en 1950. Es la falsa creencia de que un mal asecha a la sociedad. Eso es lo que pasa con los docentes de prescolar, por eso digo que esa es la otra pandemia, existe una falsa creencia generalizada de que todos son potenciales abusadores”, indicó la abogada.

Por su parte, la psicóloga se refirió a los padres que “se sobre alarman y empiezan a alarmar a los demás padres de grupo de WhatsApp del jardín con sospechas de abuso sexual. Eso muchas veces termina en un interrogatorio al niño, de una manera que no es la que corresponde, se le hacen preguntas muy inductivas, y el nene o la nena no hace otra cosa que afirmar o negar, depende de lo que sea más liberador en ese momento de interrogatorio, lo que deriva en un auto convencimiento del adulto sobre la existencia del abuso”, indicó.

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