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Ciudad | Gualeguaychú

Dos héroes de nuestra ciudad recordaron sus traumáticas experiencias en la guerra

Dionisio Petizco, oriundo de nuestra ciudad, y Luís Gómez, nacido en Misiones y radicado en nuestra urbe desde hace un tiempo, hablaron con ElDía sobre su experiencia en Malvinas. Gómez estuvo en el Aviso Sobral que fue atacado y dañado severamente por un helicóptero inglés; mientras que Petizco estuvo en el Apostadero Naval Malvinas y luego en la capital de las Islas bajo el bombardeo incesante de los británicos.

Por Fabián Miró

La charla con los dos veteranos que como suboficiales prestaron servicios en la Armada, se desarrolló en la casa de Luís. Hogar en donde sobresale una maqueta del Aviso Sobral, la gorra que usaba el marino con el nombre del barco, decoraciones y fotos que recuerdan la guerra y un lugar especial en donde guarda esquirlas del Sobral.

Allí, Gómez contó que “tiene dos fechas marcadas a fuego”. La primera es la del 23 de marzo, cuando salió de Puerto Belgrano. "Era un sábado cuando llegaron a mi casa con la orden de que tenía que prepararme para zarpar. Nos pagaron un sueldo que dejamos en nuestros domicilios y partimos sin saber el destino, aunque algo presentíamos porque el movimiento en las dársenas no era el habitual. Vimos a muchos infantes, pero como siempre hacíamos maniobras en conjunto, pensamos que se trataba de un ejercicio más”.

La otra fecha es el 3 de mayo, un día que siempre recuerdan con el grupo de Whats App "del Sobral", dado que se trata de una fecha muy cara a todos los que vivieron la guerra en su peor expresión. "Ese día, un Cabo Segundo de apellido Delmonte cumplía 18 años. Tocaron puesto de combate a la una de la mañana aproximadamente con un mar embravecido (olas de 7 y más metros) que para un remolcador como el nuestro, se le hacía imposible estabilizar un rumbo. En ese marco, cada cual fue a cubrir el puesto que tenía asignado, en el caso de Delmonte la radio y no volvió más. Fue alcanzado por esquirlas y muerto en acción en el día de su cumpleaños”, relató.

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Además, Gomez contó que el Alférez Sobral había recibido la orden de ir a rescatar dos pilotos de un Canberra (bombardero), derribado por los ingleses con la particularidad de que los pilotos habían caído donde se encontraba la flota inglesa.

"El combate se inició cuando la ametralladora (antiárea 12,7), abre fuego contra un Sea-King enemigo que no pudo ser impactado, para regresar, el helicóptero británic a los 15 minutos disparando contra el buque. Sentimos un fuerte impacto que hunde una lancha, para luego volarnos el puente de mando y la radio, falleciendo en ese ataque 8 marinos, entre ellos el Capitán Sergio Gómez Roca. Parecía que el buque se partía al medio. Después de recuperarnos, tomamos noción de la gravedad del asunto y salimos a apagar los incendios que se habían generado. Ya en el puente de Mando, lo que quedaba de él, un grupo que constataba las averías, patea un casco que para sorpresa de los presentes contenía la cabeza del comandante que había sido muerto y mutilado en el ataque, la mitad del cuerpo de un guardiamarina, los restos del Cabo Segundo Tonina y de otros marinos, además de los de la radio que fueron calcinados y desmembrados por los dos misiles”, detalló.

Aseguró que rescataron algunos cuerpos que llevaron a la cámara frigorífica, y que al principio "esas imágenes no me dejaron dormir por varias y largas noches”. Opinó que de no haber sido por el oleaje que teníamos en ese momento "nos hubiesen rematado y hoy no estaría acá”.

Después del ataque “navegamos durante tres días siguiendo el rumbo original que nos habían marcado, pero sin cartas e instrumentos de navegación. En el primer día nos pusimos a limpiar lo que se podía, encontrándonos con restos humanos. Uno levantaba algo pensando que eran esquirlas o pedazos del buque y resulta que eran dedos de una mano”.

Al tercer día “no teníamos más víveres, tampoco agua dulce, porque los tanques fueron agujereados por la munición inglesa, las balsas salvavidas también habían sido alcanzadas por el enemigo, así que lo único era el barco, apagando incendios que se originaban en distintos lugares, hasta que se nos acabó la carga en los matafuegos”.

Finalmente, cuando ya parecía imposible sobrevivir, los divisó un helicóptero Argentino y pudieron ser rescatados.

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"Malvinas es una batalla que no terminó"

Por su parte, Petizco señaló a ElDía que la “guerra de Malvinas para los que la vivimos es una batalla que no terminó, porque uno ve que en los colegios existe una desmalvinización, no se comenta mucho, salvo el 2 de abril o el 14 de junio”. Después-afirma- no existimos más”.

Recordó que en aquel tan lejano como presente 1982 se había casado el 12 de enero, partiendo a Malvinas, vía aérea el 6 de abril, quedando su mujer embarazada de 6 meses, naciendo su hija mayor al mes de volver.

Dijo que llegó y fue destinado al Apostadero Naval sin la certeza de que los ingleses iban a llegar con su flota, hasta que el 1 de mayo con el bombardeo al aeropuerto "nos dimos cuenta que habían arribado. Hasta ahí manejaba una de las lanchas civiles que había decomisado la Fuerza repartiendo víveres en distintos lugares. Eso se cortó porque era muy peligroso y nos tiroteaban de diferentes lugares”.

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Tuvo unos días en la gobernación, luego de que los soldados del Ejército que allí se encontraban fueran destinados al frente. "El 1 de junio me mandaron al aeropuerto, más concretamente en un faro donde pasé los últimos 15 días de la guerra”.

Bombardeo continuo

Petizco contó que de noche, los buques se acercaban a la costa y “nos bombardeaban hasta la madrugada, luego, durante el día, ataques y bombardeos aéreo. Al principio costó entender que se trataba de algo real, que no era una película. Veías como se acercaban los aviones con bombas que cada vez caían más cerca”.

El gualeguaychuense estuvo prisionero hasta el 20 de Junio para luego ser embarcados en el Bahía Paraiso. Recordó que le dejó en Malvinas la biblia que le había entregado su madre a un camada (misma promoción) de apellido Iñíguez, y que "por esas cosas de la vida nunca más nos cruzamos en la Armada, hasta que 37 años después en un acto en la Escuela Islas Malvinas de Gualeguaychú, me reencontré con mi compañero que tenía en su poder la biblia que me acompañó en la guerra”.

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Dijo que después del conflicto “nunca más pude usar siquiera un gorrito porque me hace doler la cabeza, quizá por haber usado el casco tanto tiempo”.

Como anécdota reciente, cuenta que en su barrio "una señora estaba cortando el pasto, cuando se genera un ruido similar al de un proyectil, seguramente una piedra que levantó la máquina. Fue como un flash, un pensamiento otra vez las bombas, secuelas de un conflicto que para los veteranos nunca cierra, por eso siempre digo no se olviden de Malvinas”, cerró.

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