Me-Gusta-960x120-CARO
Ciudad | Gualeguaychú

"Échele verde nomás, señorita": historias de una docente que amó su profesión

Es el título del libro que en próximos días saldrá a la venta. Lo escribió la docente Amalia Doello. En la publicación cuenta sus vivencias en escuelas de zonas rurales de nuestra provincia y en la vecina Buenos Aires, además de anécdotas vividas en establecimientos educativos urbanos.

Amalia culminó su carrera como educadora en la Escuela Islas Malvinas de nuestra ciudad. Mantuvo viva la llama de Malvinas con el programa “Voces de Héroes” junto a Nora Dimotta.

Es una de esas personas que se brindan por el prójimo sin pedir nada a cambio. Personas auténticas, de bien, con una entereza admirable. Libra una lucha desigual con una enfermedad que la mantiene postrada en una cama, aunque dicha adversidad no le impidió escribir el libro y mantener conversaciones, vía zoom, con sus amigas, gente de las letras y contar sus experiencias, siempre con una sonrisa y buscando el lado positivo de las cosas.

Amalia contó que el título del libro “es un homenaje a uno de mis primeros alumnos en Villa Paranacito”. Entre ellos se destacaba “uno que era muy chispita” y otro que requería que el docente estuviera cerca de él, porque demandaba una atención personalizada. La escuela tenía un comedor donde almorzaban los chicos, muchos llegaban desde las islas, y a veces nos demorábamos para enseñarle al alumno que tenía cierta lentitud para aprender; mientras que el más “avispa”, se enojaba porque quería comer temprano”. Yo-sigue Amalia- corregía con lápiz y el cuaderno del chico con problemas de aprendizaje estaba todo a lápiz, y en una de esas correcciones, Enrique, uno de los alumnos, se paró con el porte gauchesco que lo caracterizaba y me dijo “ Échele Verde Nomás, Señorita”, como diciéndome “póngale con la lapicera verde porque no va a aprender más”.

Con esas palabras “me hizo entender a los 23 años, recién recibida, que cuando la práctica docente no funciona, se deben buscar otras estrategias para los chicos que tienen inconvenientes”.

Recordó que en aquellos lejanos años en Villa Paranacito, hoy departamento Islas del Ibicuy, “era impensado contar con un equipo de Saie o poder decirle a un papá que su nene tenía un problema e iba a demorar en aprender”.

Señaló que en esos tiempos “Paranacito tenía un déficit importante en educación además de salud que nosotras apreciábamos en la escuela. Había que atenderlos, pero, lamentablemente, no estaba la posibilidad de que los profesionales llegasen a la zona por los caminos intransitables en tiempos de lluvia, sudestada o creciente. Asimismo, en los dos años que estuve en el lugar, fue el despertar de una vocación que llevé con mucho amor, sabiendo que el éxito en el aula, lo encontramos en la empatía que el docente debe tener con sus alumnos y con el medio, pasando en la isla momentos muy agradables, conociendo gente maravillosa”.

Contó que “Los días viernes, jornada en la que regresaba a Gualeguaychú, me traía una lista que me llevaban los padres para que el domingo, día de regreso, volviera con medicamentos, ropa, calzado, botas de gomas para las familias, entre otros elementos”.

Cuando la inundación a fines de la década del 70, muchos de los que vivían en la Villa e islas, fueron evacuados a clubes de nuestra ciudad, colaborando la sociedad en la ayuda de gente muy necesitada, cumplió tareas “como docente junto a Marta Velásquez que era de Gualeguay y paraba en casa”. Recordó que una “tarde estábamos con los chicos a los cuales, además de enseñarles las letras, le inculcábamos convivencia, cuando ingresa una comitiva con el Intendente Etchebarne a la cabeza, reuniéndose la gente alrededor del presidente municipal. Fue allí-continúa- cuando una “señora, Ramona, que tenía muchos hijos, con ademanes de madraza dijo “Juicio M. que les va a hablar un intendente”.

Se casó con Andrés (servía en la Armada) y la vida de militar de su esposo la llevó a distintos destinos. Uno de ellos Mar del Plata. Allí cumplió funciones en “escuelas alejadas del radio urbano, lugares en donde surgieron situaciones muy bonitas con las comunidades. Tenía 9 alumnos, cerca de la playa Pehuencó que hoy es muy conocida”. También trabajó en escuelas (para jóvenes y adultos) nocturnas, en una experiencia maravillosa para conocer la “capacidad de adaptación y empatía con toda esa gente que en la niñez no pudo asistir a la primaria por razones laborales en su mayoría. Chicos, en algunos casos, de 14 y 15 años que llegaban a la escuela en diferentes horarios con su ropa de trabajo, porque era tanta la necesidad que tenían de aprender a leer y escribir que se le permitía la entrada, aunque sea una hora, en la escuela”, detalló.

Posteriormente emigró a Punta Alta, donde encontró, como en los anteriores destinos, a colegas maravillosos, personas “que al saber que estoy en internación domiciliaria, no dudaron en viajar desde Punta Alta (900 kms de Gualeguaychú), a levantarme la autoestima, hacerme sentir bien a pesar de las circunstancias de la vida”.

El final de su carrera fue en su ciudad natal. “Tomé una suplencia en la 88 Los Fundadores en el año 1998 en una zona de la ciudad que tenía sus necesidades, en un establecimiento que tiene comedor, razón por la cual había que hacer un trabajo especial con los chicos y las familias”. Finalmente Amalia fue destinada a la Escuela 105 Islas Malvinas, donde terminó como vicedirectora.

Remarcó que la “docencia fue placentera, trabajé con mucho entusiasmo, jamás me cansé de estar en la escuela y terminé bien, con alegría”. Expresó que nunca imaginó “que iba a estar postrada en una cama. Dios misericordioso me tranquilizó las piernas, pero me dejó el intelecto y gracias a la familia, amigos y a los profesionales que me atienden puedo seguir adelante y vivir cada día con alegría”.

Las Islas Malvinas

“Mi pasión con Malvinas nació antes del conflicto. Cada 10 de Junio- Día de la afirmación de los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes”, en la escuela le enseñábamos a los chicos lo que significaba soberanía. Después en la guerra, estando en Puerto Belgrano, observé en primera persona el movimiento de tropas, gente, incluso a mi esposo que estuvo a punto de partir en un buque. Vivencias que me hicieron amar mucho más a Malvinas. Cuando llegué a Gualeguaychú, también noté que no había mucho movimiento por gente que peleó y dio su vida por Malvinas. Empecé en la escuela, haciendo proyectos, actos en la escuela 105 “Islas Malvinas”, en donde homenajeamos a los veteranos, inclusive, en el 25 aniversario, vinieron de toda la provincia, en un evento que contó con la presencia del Padre Luis Jeannot Sueyro”.

Cabe destacar que junto a Nora Dimotta, hermana del Sargento Raúl Dimotta, condujeron, durante 4 años, el programa Voces de Héroes.

Dejá tu comentario