Educar en valores en la era postmoderna
La etapa de la postmodernidad que estamos viviendo ha dejado como secuela de su paso una época de desencanto; con profundos cambios económicos, sociales, culturales y, por sobre todo un acentuado individualismo, donde sólo importa vivir el presente. El futuro y el pasado han perdido importancia.Por Mario César GiordánEspecial para El DíaLa mirada de la realidad está impregnada de subjetivismo. El hombre basa su existencia en el relativismo y la pluralidad de opciones. La trascendencia es una palabra obsoleta.Los medios y la industria del consumo masivo se han convertido en centros de poder. Ha dejado de importar el contenido del mensaje, para revalorizar la forma en que es transmitido y el grado de convicción que pueda producir.Es la época del surgimiento de pequeños ídolos que reemplazan a las grandes figuras carismáticas. Ídolos que duran hasta que surge algo más novedoso y atractivo.La escala de valores se ha invertido. El tener está por sobre el ser. Cuanto más tenés, mas valés. Cuanto más alto has llegado en el poder, más gente estará a tu lado.Es en esta sociedad y en esta época concreta cuando debemos preguntarnos: ¿Qué papel juegan la familia y la escuela en la formación de los valores auténticos que hacen verdaderamente humano al hombre (varón-mujer)?Los valores se forman en el proceso de socialización, iniciada en la familia, donde la persona nace y se forma en sus primeros años de vida. Luego viene la etapa escolar a la que se van sumando, en la medida que crece y se desarrolla, los medios masivos de comunicación; las organizaciones sociales y religiosas, y más entrada en la juventud, las organizaciones estudiantiles y/o políticas.Los valores, en la medida que los asuman o no, van componiendo la estructura de la personalidad y serán guías y principios de conducta que darán sentido a la vida, hasta el logro de la autorrealización.Hay valores que se inculcan desde el hogar. De ahí la importancia de la familia como primera educadora en la vida. Ellos son los valores religiosos, los valores éticos (virtudes), los valores vitales (todo lo relacionado con la salud y la vida).Pero será la escuela quien en forma conjunta con la familia, deberá educar para su internalización, tanto espirituales como materiales.En este proceso es fundamental enseñar a distinguir los valores de aquellos que no lo son, aunque ciertos grupos sociales o comunicacionales los quieran imponer como tales. Saber diferenciar lo que me enaltece como ser humano, de lo que me degrada o esclaviza.Acá entran en juego los valores sociales: justicia, igualdad, orden, etc. Los valores estéticos: lo bello, lo agradable a los sentidos. Los valores económicos: los provechoso, lo útil, lo eficaz. Los valores intelectuales, por los cuales el individuo aprecia la verdad y el conocimiento.Nuestra sociedad siente una profunda necesidad por que se eduque en los valores morales: la justicia, la libertad, la honestidad y la tolerancia; la solidaridad, la lealtad, la amistad, y tantos otros que podríamos agregar a la lista.Los valores morales orientan la conducta humana. En base a ellos, cada uno actúa ante las diferentes situaciones de la vida. Se relacionan con los efectos que tiene lo que hacemos -o dejamos de hacer- en las otras personas, en la sociedad o en nuestro ambiente en general. Si deseamos vivir en paz y ser felices, será necesario que la sociedad en su conjunto construya una escala de valores que facilite el crecimiento individual y que, a través de él, cada uno aporte lo mejor para el crecimiento social.Integrar los valores al aprendizaje significa pensar en el contenido, no sólo como conocimientos y habilidades, sino en la relación que ellos poseen con los significados de la realidad.Una educación en valores será eficaz cuando el sujeto que se educa sea verdaderamente responsable de sus elecciones y actos; del grado de conciencia que introduzca en su trabajo y, por sobre todo, sea responsable de su conducta consigo mismo, con sus compañeros (estudio- trabajo) y con la sociedad en su conjunto.Todo esto será posible cuando recuperemos la importancia del maestro en una educación verdaderamente humanista y con valores arraigados, y para ello recuperemos también el rol del maestro en el aula, la disciplina y su autoridad sobre los alumnos. Sin esa necesaria disciplina, que hoy brilla por su ausencia en tantas escuelas y universidades, la función educadora del maestro entra en riesgo de desaparecer. BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:BARYLKO, JAIME - Cartas a un joven maestro - Edit. Maymar - Bs. As. Año 1992BARYLKO, JAIME - Los valores y las virtudes.- Emecé Editores - Bs. As- Año 2002
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