Ejemplos que pintan la exitosa promoción femenina en Gualeguaychú

Por Osvaldo J. Sosa
Hay, sin dudas, muchísimos ejemplos de mujeres que todavía luchan en este Occidente por alcanzar la dignidad y lograr que se respeten sus derechos. Pero son resabios que deberán superarse. Simultáneamente la mujer sigue ocupando espacios jamás pensados, es más, en algún tiempo atrás pensados como “imposibles de alcanzar”. El hecho de que hoy tengamos, por ejemplo, en el lugar de mayor rango público a una mujer es más que suficiente ejemplo de la ascendente impronta femenina y que se extiende a todos los ámbitos de la sociedad.
Julia Vega y Daiana Arrúa rompieron el viejo mito machista e incursionan en espacios nuevos. Ellas son Bomberos Voluntarios desde hace dos años y han traído aire renovado a la vida en el cuartel.
Liliana Alfieri, con 24 años de trayectoria en la educación, nos habla desde su lugar de madre, esposa y ama de casa, de su vocación y éxito en esta dura profesión.
Dos mujeres que comparten una amistad y vocación
Julia nos cuenta que llegó al cuartel de Bomberos a último momento para la inscripción y a partir de allí se capacitó y estudió durante nueve meses. Junto a Daiana y sus dos nenas Catalina y Josefina nos comentan que “no ha sido difícil insertarse con el grupo a pesar de que invadimos el mundo de los hombres”.
“Trabajo, estudio y soy bombero”, nos comenta con orgullo Julia. Ella se alterna con su amiga Daiana. Cuando hay una emergencia si Daiana sale en la dotación, Julia queda al cuidado de las nenas. Daiana comparte la vida con un bombero. Por eso está más en el cuartel que en su domicilio. Además, es la cocinera número uno del cuartel y se ha ganado el puesto cómodamente, muy a pesar de que por allí rondan los jefes Carlés y Guzmán, que en algunas escapadas prueban las exquisiteces que elabora.
Lo importante para estas mujeres es que se sienten y las hacen sentir como uno entre todos y nunca se hicieron diferencias desde que ingresaron el 8 de marzo de 2007.
Actualmente son cinco las mujeres bomberos en Gualeguaychú. En el cuerpo activo están también Carina Níspero, Marianela Arias y Marta Pujol.
Daiana vivió como esposa las emergencias desde la puerta hacia dentro y cuando su marido partía a cumplir con su responsabilidad y compromiso sentía las mismas sensaciones que si estuviera en el lugar de un bombero. Por eso no pensó más y ahora comparte la vida intensamente desde el voluntariado.
Como en el cuartel tienen todas las comodidades, los bomberos se acercan y comparten mucho tiempo aquí. “Existe el compañerismo”, expresan.
Ser bombero demanda tiempo, estudio, capacitación y sortear tres exámenes. Y un dato muy importante: no perciben salario. Por qué? Por que es un voluntariado. Y tanto Julia como Daiana están seguras que así debe ser, ya que de lo contrario se perdería el sentido de vocación.
“El docente es un estratega social”
Desde su experiencia de casi cinco lustros en la educación, Liliana Alfieri asegura que “la educación en valores es la base de todo” y tras admitir que el docente “no está reconocido” destaca que es “un verdadero estratega social”.
La visitamos en su domicilio ayer pasado el mediodía, mientras atendía a sus hijos Joaquín y Luciano, lavaba los platos tras el almuerzo y disfrutaba de las canciones que entonaba en el Karaoke su esposo Celso.
Cursos sus estudios en el Instituto ISPED de la ciudad y vivió distintas realidades educativas y sociales al cumplir tareas profesionales el frente del aula en varios Establecimientos educacionales, como en la Escuela Nº 90 y la Escuela Nº 94, la Escuela parroquial “Santa Teresita y actualmente es directora del Nivel Inicial de la Escuela Normal “Olegario Víctor Andrade”.
“Hay muchos cambios, es mucho el esfuerzo y hay que dedicarles tiempo para estar a la altura de los mismos”, señala Liliana luego de responder a nuestra consulta que el docente “no es reconocido”.
Como ha pasado por diversas realidades sociales y culturales de escuelas de la ciudad, es palabra autorizada en su profesión.
“Según el medio en que estás llevás paralela la función de docente y de asistente social; hay lugares que los medios y las condiciones te permiten enseñar”, indicó.
“Yo elegí ser docente por vocación y a pesar de los cambios y crisis, de los embates políticos, me quedo en esto”, afirma y reconoce que es “una agradable profesión” por que estás en contacto con los niños y su familia.
Para Liliana es un verdadero compromiso encontrar las formas de fortalecer los valores y aprendizajes que los chicos tienen en sus familias, y como coeducadores “colaborar, acompañar en la educación en valores”.
Destacó el compromiso de la mujer que trabaja por la igualdad, la libertad, la justicia y por la paz en el mundo, por la dignidad social, cultural, económica y política.
Lamentó que en algunos países del mundo la mujer siga siendo vapuleada, no tiene posibilidades de crecer como persona, no es considerada, no tiene decisión ni opinión propia y rescató que en la Argentina y en muchos países del occidente cristiano “las mujeres somos privilegiadas, tenemos posibilidades de realizarnos, de crecer y dignificarnos a través del trabajo y de la familia”.
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