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El aquelarre financiero, reflejo del giro político

El resultado adverso de las PASO pegó en el corazón de la estrategia económica del gobierno, produciendo un aquelarre financiero de proporciones, que se pretende detener ahora mismo disciplinado la demanda de dólares.

Las últimas medidas de la cartera que comanda Hernán Lacunza, orientadas a limitar la compra de dólares de personas físicas, y la decisión del Banco Central (BCRA) de controlar el giro de dividendos de las empresas a sus casas matrices, revelan que la corrida hacia la moneda norteamericana está afectando las reservas del país.

Para dar una idea de la magnitud del deterioro que se produjo después del 11 de agosto hay que considerar que la semana anterior a las elecciones el dólar valía 46 pesos, y a partir del lunes 12 de agosto el billete verde se sitúa alrededor de 60 pesos.

Paralelamente, hubo una destrucción extraordinaria del precio de las acciones de las empresas argentinas, que perdieron el 60% de su valor (más de 22.000 millones de dólares en conjunto), al tiempo que las cotizaciones de los bonos del Estado virtualmente se derritieron.

En el mismo período el riesgo país, que refleja la evaluación financiera que hacen las agencias internacionales especializadas sobre el cobro futuro de los bonos que ha emitido el Estado argentino, se disparó a niveles estratosféricos: voló de 800 a 2.200 puntos.

A todo esto, además de la devaluación del 30% del peso argentino, el Banco Central ha perdido en estas últimas semanas la suma de 12.000 millones de dólares de reservas.

Objetivamente el mercado hizo una lectura catastrofista de las elecciones primarias, percibiendo que los argentinos optaron a través del voto por un rumbo económico totalmente opuesto al inaugurado en diciembre de 2015.

En tanto las declaraciones económicas del candidato presidencial más votado en las PASO, que puso en duda la continuidad de los pagos de las obligaciones externas del país, no hicieron más que agregar leña el fuego, al tiempo que confirmaron lo que ya sospechaba el mercado.

A la vista de los hechos recientes, el analista económico Esteban Domecq hizo una descripción descarnada de la realidad: “Argentina entró en este Triángulo de las Bermudas: una economía rota desde hace 12 años y estancada desde hace 8, un frente político de alta incertidumbre y un frente financiero crujiendo por total desconfianza a un eventual gobierno del ganador de las PASO. En el medio del triángulo estamos los 45 millones de personas que vivimos en la Argentina”.

La incertidumbre política, que alimenta actualmente el desquicio financiero, se vincula además con una situación en la que el gobierno de Mauricio Macri ha quedado debilitado fuertemente tras las PASO.

Esta circunstancia alienta especulaciones de todo tipo. Algunos analistas, por ejemplo, ponen en duda que pueda completar su mandato, sugiriendo que en ese caso no habrá elecciones generales en octubre.

Los inversores, tanto externos como internos, perciben que el electorado argentino ya se decidió por un rumbo económico que a priori estaría en las antípodas del actual, y por eso se retiran masivamente del mercado.

Paralelamente, producto de una larga y dura experiencia histórica de crisis recurrentes, los ahorristas han encontrado mecanismos de protección de sus patrimonios, el principal de los cuales es deshacerse de los pesos para comprar dólares, que es lo que están haciendo ahora.

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