El Bicentenario les dio aire y combustible a varios candidatos
Los festejos y el espíritu del Bicentenario empezaron a diluirse rápidamente. Con la sensación clara que la gente estuvo por encima de los dirigentes (una vez más), los problemas cotidianos volvieron a la luz y con ellos las ambiciones de propios y extraños. La política argentina es un gran embudo que desemboca en octubre del 2.011. Por Jorge Barroetaveña Más allá de las mezquindades y el debate chiquito sobre las invitaciones, la multitud que acompañó todos y cada uno de los actos del Bicentenario envió un claro mensaje. No importan los pensamientos, no importan los intereses, sólo importa rescatar lo que viene desde lo más profundo de nuestra historia. Aquellos patriotas de mayo, los que los antecedieron y los que los siguieron después, tenían un proyecto de país. Con errores y aciertos, con crueldades y magnanimidades, buscaban darle forma a una Argentina que pataleaba por nacer. Pero nunca dejaron de ser seres de carne y hueso. Con errores y aciertos, con virtudes y defectos, aunque algo los distinguía: sabían qué es lo que querían y no dudaban a la hora de tomar decisiones.Claro, tomar decisiones hace 200 años implicaba jugarse a vida o muerte. No era gratis estar de uno u otro lado. Pero igual lo hacían, sabiendo de antemano los costos que pagarían. Ni Belgrano, ni San Martín, ni Moreno, ni Urquiza, fueron bebés de pecho, y no dudaron asumir el lugar en el que la historia o el destino decidió ponerlos. Pero dejaron un legado que hay que respetar. La Argentina de hoy debería tener sólo un punto de contacto con aquellos días: el proyecto de país. Y para recuperarlo y construirlo hace falta grandeza, visión y vocación de servicio. Ojalá que las clases dirigentes actuales se vean inspiradas en aquellos comportamientos y decodifiquen bien el mensaje de los millones de argentinos que salieron a la calle rindiendo homenaje a nuestros próceres.Mientras las voces de los festejos se iban apagando, la cruda política reapareció en escena. En el radicalismo, la pelea Cobos-Alfonsín ha dejado de ser una referencia de tinta en los diarios. El próximo 6 de junio en la Provincia de Buenos Aires, los 'viejos' referentes serán rivales del hijo del ex Presidente. No pasaría demasiado sino fuera porque lo que está en juego son las ambiciones presidenciales de un gran sector radical que ve, en Alfonsín hijo, al principal rival de Julio Cobos. La pulseada, que quedó plasmada en un acto en Ferro que Alfonsín hizo el viernes, los excede. ¿Por qué? Porque allí anda Elisa Carrió agitando alianzas y dejando en claro que su límite es Julio Cobos. Binner, el socialista con el que coquetean todos, aún no se ha pronunciado, sobre los beneficios de semejante entente. Igual, mucho margen no tiene si quiere llevar su figura al escenario nacional y pensar en integrar con posibilidades una fórmula presidencial.Suponer que Alfonsín, Cobos, Carrió y Binner pueden compartir el mismo espacio, a esta altura, está más cerca de la ciencia ficción que de la realidad. Lo concreto es que hay radicales que siguen sin digerir a Julio Cobos y no soportan verlo arriba en las encuestas. Tampoco le perdonan haberse ido con Kirchner y querer volver al partido como si nada hubiera pasado. La figura contrapuesta, la de Alfonsín, todavía está carreteando. Sus palabras y sus gestos, llevan la impronta familiar y él tampoco hace nada por evitarlo. Sabe que eso puede facilitarle el camino. De lo que suceda en Buenos Aires dependerá su futuro inmediato y hasta dónde tendrá chances de plantarse frente a Cobos como una opción.Mientras Kirchner y Macri han sentido que los festejos del Bicentenario le dieron aire a sus ambiciones, De Narváez ha vuelto a escena. Poco y nada ha quedado de la unión electoral que juntó en el mismo espacio al propio De Narváez, a Macri y a Solá. Ahora va cada uno por su lado tratando de cumplir sus metas, más vinculadas con proyectos propios que colectivos. Mientras el Jefe de Gobierno porteño se dedica a recorrer la Rambla marplatense, De Narváez empapela Buenos Aires avisando que ya está pensando en el Tricentenario y que las futuras generaciones se queden tranquilas. Solá, que también se desvive por su ambición presidencial, es el único que padece la inacción del Congreso de la Nación, que hasta ahora no ha podido plasmar la nueva realidad política, aquella que surgió de las últimas elecciones.Reutemann ya comunicó que no lo esperen para la cena. El "Lole" no quiere ser candidato y está bien que lo diga. Al cabo, el país que se avecina no será para los tibios ni para aquellos que no tengan real vocación de ejercer el poder. Duhalde sigue recorriendo el país y enhebrando un sistema de alianzas que, vaticina, aparecerá con fuerza propia, cuando el kirchnerismo empiece a debilitarse. Aunque esta parece la pregunta del millón: ¿el kirchnerismo empezó o empezará a debilitarse? ¿Cuándo?Con los festejos del Bicentenario, el ex presidente ha tomado un nuevo envión. La presión ha dado resultado y son varios los gobernadores que dudan de adelantar las elecciones. Su dependencia con el poder central es tal, que no tienen mucho margen. ¿Será el caso de Sergio Urribarri? Si Kirchner logra su objetivo, su suerte quedará definitivamente atada a la de los mandatarios provinciales y habrá que ver qué pesa más en la balanza: si la gestión nacional o las provinciales y porqué figura vota la gente.El ex presidente sabe que, buena parte de su suerte, se juega en esta disyuntiva y está dispuesto a poner toda la carne en el asador.Pero la carrera por la Presidencia es larga y todavía tiene curvas peligrosas. Reutemann entró a boxes y anunció que no vuelve. Macri, De Narváez y Solá insisten, Duhalde sigue con su tema y Alfonsín y Cobos ya están en abierta pelea. Kirchner en tanto aprovecha los derrapes opositores y reconstruye su poder, bien a su estilo. Ese en que los límites son siempre difusos. Bien difusos.
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