El boulevard De León fue la capital de la venta irregular y sin habilitación
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Cerveza, hamburguesas, golosinas, espuma y frutas fueron algunos de los productos que se vendieron en esa zona. Ninguno estaba habilitado y ninguno pagará impuestos. Los operadores de la Costanera habían pedido al Municipio medidas para que no pase lo que terminó pasando.
Amílcar Nani
Terminó el fin de semana extra largo del año, Ará Yeví logró un nuevo título en el Carnaval del País y Gualeguaychú volvió a recibir un aluvión de turistas en el cierre de la temporada, algo que muchos (¡muchísimos!) en la ciudad estaban esperando para aunque sea poder salir empatados tras un enero y febrero donde pasó poco y nada en materia turística.
Sin embargo, un reclamo realizado por los operadores turísticos de la ciudad, más específicamente los ubicados en la Costanera, no fue escuchado y todo lo que temían que suceda terminó sucediendo: la falta de control y sanción con la venta ilegal e irregular en la zona de boulevard De León, un lugar donde pareció existir un Gualeguaychú paralelo, uno donde las reglas no tienen la misma validez que en otros lados.
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El punto entre esta zona gris y el resto de la Costanera -donde están ubicados los restaurantes, bares y boliches- fue precisamente el puente Méndez Casariego: los operativos municipales desviaban hacia el boulevard al considerado "Turismo Joven" con el fin de evitar desmanes en otros lugares. Y con tan sólo pasar el hospital de campaña montado por el Centenario uno ya estaba dentro de esa economía paralela.
Negocios que hasta el viernes se dedicaban a un rubro, de pronto había mutado en vendedores de bebidas y comidas. Aparecieron puestos improvisados con venta de frutas (sobre todo melones dulces para trago). Y recorriendo de manera ambulante la zona había personas vendiendo espumas, golosinas, cigarrillos y cerveza. Una gomería, inclusive, durante cuatro días fue un patio cervecero. Ninguno estaba legalmente habilitado, ninguno tributó y pagó impuestos, y ninguno cumplió con las exigencias mínimas de bromatología.
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Unas semanas antes a la llegada del fin de semana largo de carnaval, los operadores turísticos de la ciudad reclamaron al Municipio que haga lo posible para evitar la proliferación de vendedores no habilitados, algo que golpea de lleno a uno de los sectores más perjudicados por la floja temporada de verano.
A principio de febrero, la Asociación de Hoteleros y Gastronómicos de Gualeguaychú comenzó a gestionar una reunión con el intendente Martín Piaggio para trabajar en conjunto para que suceda lo que finalmente terminó sucediendo. Y aunque los operadores han celebrado reuniones con integrantes del gabinete municipal, no recibieron una respuesta contundente y tampoco fueron recibidos por el mandatario local.
"Quienes apostamos invirtiendo todo el año, tributando, generando fuentes de trabajo, abonando infinidades de trámites que normalmente no llegan a cumplirse en tiempo y forma, como por ejemplo las habilitaciones, nos sentimos abandonados por la Municipalidad", afirmó el dueño de uno de los bares más famosos de la Costanera. Pidió no ser mencionado ni su nombre ni el de su local. ¿El motivo? Teme una caza de brujas por parte de la Municipalidad, más específicamente de la Dirección de Inspección General, contra los que se quejen de manera pública.
El reclamo generalizado es el mismo en todos los boliches, bares, barras y locales gastronómicos de la Costanera porque ven con mucha preocupación cómo el ejecutivo municipal deja sin control la práctica ilegal de venta indiscriminada de bebidas y comidas en el Boulevard de León y alrededores, sin ningún tipo de control, ni siquiera bromatológico.
ElDía intentó dialogar con Jorge Cuenca, director de Inspección General de la Municipalidad, para averiguar si habían realizado algún tipo de operativo en la zona, si habían realizado controles, labrado actas o clausurado puestos ilegales y sin habilitación, pero no contestó las llamadas.
Mientras tanto, los operadores turísticos de la Costanera, los que pagan impuestos y cargas sociales, los que deben cumplir con mil requisitos para poder abrir sus puertas y mil más para que no se las cierren debieron ver de lejos cómo esas ventas y ese dinero se iba injustamente a los que les compiten de manera desigual.
Durante la tarde de ayer, los visitantes comenzaron a volver a sus ciudades, y con la partida del turista comenzaron a desaparecer los vendedores ambulantes, los puestos sin habilitación y las parrillas improvisadas que 24 horas antes estaban repletas de chorizos y hamburguesas haciéndose a las brasas. Inclusive el patio cervecero improvisado volvió a ser una gomería. Todos hicieron una gran diferencia estos cuatro días.ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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