Crónicas del delito: El caso de Enzo Giménez, una muerte que dejó más dudas que certezas
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Habían pasado escasos minutos de la noche en que Enzo Giménez festejó su cumpleaños 19 con amigos. Esa madrugada, el frío atravesaba la piel y la neblina no dejaba ver lo que ocurría más allá de los cinco metros. Lo que ocurrió después fue la muerte más absurda y polémica.
Desde el primer minuto, todo lo concerniente a la investigación de este caso fue pésima. Todo el trabajo criminalístico que se hizo fue cuestionado en el juicio. Se trató de un hecho que con el correr de los años dejó muchas incongruencias y más preguntas que respuestas. Su familia aún no abandona la idea que lo sucedido con Enzo no fue lo que se terminó judicializando.
Nadie del círculo íntimo quedó conforme con el juicio que se realizó en 2011 y se condenó a 3 años de prisión efectiva a Carlos Alberto Fernández, un policía que Enzo Giménez conocía por terceros y que en esa fría madrugada manejaba el Renault 4S que terminó impactando contra una camioneta en la esquina de Mitre y Del Valle. Lo que ocurrió entre medio es lo que nunca quedó demasiado claro. Por lo menos para unos.
La noche del cumpleaños
Enzo Giménez llegó a sus 19 años el 27 de junio de 2008. Ese día lo pasó con su familia y amigos; y por la noche fue a jugar un partido de fútbol 5 en Defensores del Oeste. Había coordinado con el resto de sus amigos encontrarse en la casa de Claudia Medina, en Martínez Paiva 1628, para festejar.
Enzo llegó a ese domicilio durante la madrugada, acompañado de un amigo. Como en todo encuentro de adolescentes, tomaron algo y se divirtieron. En esa reunión también estaba Fernández y Gastón Otero, el primero policía y el segundo voluntario del Ejército. Ninguno de ellos era amigo de Giménez, pero estaban en ese lugar circunstancialmente porque otro joven los cruzó en el camino antes de llegar y los invitó.
Todo esto está asentado en las distintas declaraciones que hicieron los jóvenes en la instrucción de la causa. Según lo que declararon, Fernández le insistió varias veces a Enzo en que lo acompañara al boliche, y a pesar de las negativas, le insistió hasta que finalmente el cumpleañero aceptó.
Según recuerdan los testigos, Fernández, Otero y Giménez, y otros dos más, dejaron la casa a las 4:20 de la madrugada. Cuando caminaban por Sarmiento y Andrade, los dos amigos de Enzo deciden no ir a bailar y el resto siguió su camino hacia el boliche La Cabaña, en Colombo entre Magnasco e Irigoyen.
Nunca quedó del todo claro qué es lo que ocurrió después. Hubo muchos entredichos en las declaraciones testimoniales y lo sucedido en esos minutos fue bastante ambiguo, sobre todo en cómo fue que los tres jóvenes quedaron arriba de un Renault 4S que no les pertenecía. Su dueño era Joaquín Parrilla, otro policía que compartía adicionales y guardias con Fernández.
En un principio la información que trascendió fue que el auto había sido robado, pero esto fue rápidamente desvirtuado cuando se conocieron algunos pormenores. Parrilla le prestaba asiduamente el auto a su amigo Fernández, por eso el joven policía no dudó en sacárselo cuando, en su camino al boliche, lo vio estacionado en 25 de Mayo casi Paraná, frente a la plaza Belgrano.
Parrilla se encontraba en un hospedaje en esa zona y cuando Fernández pasó por el lugar les dijo a sus compañeros de parranda que le iba a hacer una broma. Como comúnmente lo utilizaba, sabía cómo abrirlo y encenderlo. No hizo falta forzar nada.
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La persecución
Cuando Parrilla sale del hospedaje no encuentra su auto, y lejos de pensar que se trataba de una broma, lo primero que piensa es que le había sido robado y por eso no dudó en llamar de inmediato a la Policía para que se despliegue un operativo de búsqueda y recuperarlo.
Esa denuncia se hizo a las 3:50 de la madrugada, es decir, media hora antes que Enzo y el resto de sus amigos dejaran la casa de Martínez Paiva. Esta es la primera incongruencia en la causa. ¿Qué pasó? Es un interrogante. ¿Se ‘dibujó’ el horario o sólo se trató de un error burocrático y en realidad fue a las 4:50?
A esa altura de la noche, las condiciones climáticas no eran las ideales para iniciar una persecución por las calles céntricas de la ciudad, pero sin embargo fue lo que sucedió.
No está claro el recorrido que tomó Fernández conduciendo el Renault 4S, pero lo que si fue confirmado es que el auto fue localizado por la Policía en Del Valle y Avellaneda. En ese punto se lo intentó detener, pero Fernández no frenó y evadió al patrullero. Según la versión oficial, el móvil 695 persiguió al 4S por toda Del Valle hasta que, en la esquina de Mitre, a 21 cuadras en línea recta de donde se inició la persecución, el automóvil se descontroló y colisionó contra una camioneta GMC Sierra 3500 que se encontraba estacionada en sentido contrario, sobre el cardinal noreste de la esquina.
En la declaración de los policías Carlos Muñoz y Gabriel Muñoz, que fueron quienes persiguieron el Renault denunciado por robo, manifestaron que tras el choque uno debió agarrar a Fernández que se quería escapar y el otro sacó a Otero sentado en el asiento trasero del auto. Adentro había quedado Enzo Giménez, muy mal herido, pero vivo.
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El cerrajero
Desde el momento del choque, a las 5 de la madrugada y hasta las 11 de la mañana del 29 de junio, ya se habían elaborado 64 fojas en la causa, que contenían el acta con la denuncia de Parrilla por el robo del auto, la inspección ocular del lugar del accidente y del lugar donde había sido sustraído el vehículo, el acta de secuestro, el inventario de todo lo que tenía el 4S, el certificado de los dos médicos policiales con las lesiones que presentaban Fernández, Otero y Giménez, la declaración de los policías del Móvil 695 y la palabra de cuatro policías que iban en el Móvil 847. Pero también se sumó el informe del cerrajero Luis Canale, que certificó que la cerradura de apertura del Renault 4 estaba forzada y que el tambor de la llave de contacto de arranque estaba quebrada. Este informe llevaba la firma del cerrajero que actuó como perito y al que luego – en el juicio desarrollado en el 2011 en la ex Cámara del Crimen de Gualeguay – se pidió su detención por falso testimonio.
En ese debate que se realizó en Gualeguay contra Fernández, por los delitos de homicidio culposo y sustracción de vehículo automotor dejado en la vía pública, Canale confesó que en la Comisaría Primera le hicieron firmar el acta – donde confirmaba la rotura de las cerraduras – sin haber visto lo que contenía el mismo. Incluso aseguró que nunca vio el auto. Es más, le aseguró a los jueces que no lo peritó porque le asustaba la sangre.
También existe un informe mecánico realizado en las primeras actuaciones sobre las roturas que presentaba la camioneta GMC a causa del choque. Entre ellas se destacó la abolladura del paragolpes en el sector izquierdo, que contrastaba con lo que se observaba en las fotos y el estado en el que había quedado el 4S.
Nunca hubo ninguna fotografía sobre el choque. No hay ninguna imagen que certifique cómo impactó el 4S con la camioneta, y todas las fotografías que fueron incorporadas a la investigación sobre el estado de los dos vehículos son de forma separada, sacadas esa misma noche. Todas oscuras y con la lente húmeda por la neblina.
En la persecución, desde la Policía se aseguró que nunca se disparó hacia el Renault 4 en fuga, pero hubo un testigo –que luego habría sido amenazado– que dijo haber visto los disparos desde el patrullero. El propio Fernández había declarado que no frenó porque se asustó porque le venían tirando.
El ingeniero Eduardo Omar Balla, que realizó la pericia mecánica al 4S a pedido de la Cámara de Gualeguay, dijo que “la abolladura que presenta el guardabarros delantero derecho no tiene la misma característica que el de las puertas, ya que el guardabarros pareciera que fue hecho con un elemento romo sin aristas, mientras que el de las puertas presenta hundimiento contra bordes agudos”. Es decir, el auto tenía dos tipos de choques.
Cuestionable y poco transparente
En una entrevista publicada el 30 de julio de 2007 en Ahora El Día, el entonces jefe de la Policía de Gualeguaychú, comisario Mario Córdoba, trató en todo momento de dejar en claro que la fuerza había accionado de forma “transparente”, a tal punto que lo dijo en cuatro ocasiones en una misma frase. Incluso trató de poner en el foco de los cuestionamientos a la víctima. Dijo: “cuando una persona anda sola tiene su propia identidad, pero cuando se reúnen dos o tres pierde su propia identidad y toma la del grupo”. Lo que olvidó tener en cuenta el ex Jefe Departamental –que se empeñó en justificar lo sucedido diciendo que Enzo Giménez andaba en un auto robado– es que la víctima iba en el auto acompañado de un policía y de un voluntario del Ejército.
Fue esa misma entrevista donde informó que fueron los Bomberos Voluntarios quienes sacaron a Giménez del auto. Sin embargo, el móvil 17 a cargo del bombero Selene salió del cuartel a las 5.10 de la madrugada y a las 5.12 salió el segundo móvil. A las 5.15 se comunicó el móvil 17 con el cuartel para informar que la persona ya había sido rescatada y en el informe se dejó en claro que “no se necesitó trabajar”.
Una ambulancia del Sanatorio Pronto acudió al lugar del choque a las 5.05 y trasladó a Enzo Giménez al Hospital Centenario. La víctima ingresó como NN y permaneció tres horas con vida hasta su deceso a las 8. Permaneció 8 horas como NN pese a que tenía consigo su teléfono celular, su billetera y en ese mismo nosocomio estaban siendo atendidos Fernández y Otero.
Cuando el padre y la madre de Enzo Giménez se enteraron del fallecimiento de su hijo, habían transcurrido 5 horas de la muerte. Fue a las 13 horas del día 29 y fue para identificar el cuerpo. Es esa misma entrevista, Córdoba confirmó que Enzo Giménez tenía su teléfono celular, a pesar que en la causa se negó la existencia del aparato, y relató sin vergüenza que la forma de identificación fue a través de un indicio por tener el apellido de un jugador de Boca. Así de increíble. Obviamente que nada de esto había sido así porque en la inspección ocular que se hizo al cadáver en el hospital a las 9, donde se informa legalmente la causa de muerte, figuran tachadas las letras NN y en su lugar está el nombre de Enzo Giménez. Una hora después de su fallecimiento ya estaba identificado.
El peregrinaje en el Hospital
Nunca se supo qué pasó con la ropa y los elementos que tenía Enzo al momento en que ingresó al Hospital Centenario. A sus padres les fue entregado el cuerpo totalmente desnudo. Incluso, el médico policial no tuvo dudas en su causa de muerte y recomendó que no era necesaria la realización de la autopsia. La aseveración de este médico es lo que utilizó como fundamento el juez de Instrucción, Javier Cadenas, para negar en un principio la autopsia, que en definitiva se le realizó en febrero de 2011 a causa de las incongruencias que habían aparecido en el camino. Pero para esa altura ya era muy tarde, habían transcurrido dos años y medio. La conclusión de esa autopsia arrojó lo siguiente: “Las lesiones enumeradas precedentemente en la región sigomática y frontal no tuvieron entidad para producir el deceso. Presentaba estigmas para torocotomía. En el presente caso, con los estudios a la vista y debido al estado de putrefacción del cadáver, no se arribó a un diagnóstico de Certeza de Muerte”.
Entonces ¿No era tan clara la causa de muerte como indicó el médico policial? En el primer informe que se le realizó en la guardia del Hospital Centenario a las 5:45 se detalló que Enzo Giménez presentaba “politraumatismos, fractura de pelvis y scalp frontal, entra con pulso fatigado 70 y 50, se coloca tubo hemotorax se saca un litro y medio de sangre y se expande con 3 litros suero fisiológico”.
A partir de acá empiezan las contradicciones entre los médicos que luego continuaron atendiendo al grave Enzo. El médico policial que lo examina en segunda instancia constata “traumatismo de cráneo con herida cortante en región frontoparietal derecha saturado en quirófano, traumatismo de pelvis con fractura de cadera derecha, traumatismo de tórax, con hemotorax, estabilizado con tubo endotoráxico colocado en quirófano, traumatismo testicular derecho con herida cortante”. Lo que antes era una fractura de pelvis pasó a ser una fractura de cadera derecha. Pero las contradicciones siguen.
Cuando es llevado a Terapia Intensiva se constataron otras patologías: “politraumatismos graves, traumatismo grave de tórax con neumotórax severo, shock hemorrágico, fractura de fémur derecha expuesta al dorso del muslo, se coloca inotrópicos. Se realiza entubación. Paro. Óbito 8:30”. A las 9, en el examen al cadáver, se detalló: “Traumatismo severo, traumatismo de tórax cerrado severo con hemotórax, contusión pulmonar grave, fractura de fémur expuesta derecha, traumatismo de cráneo grave con scalp de cuero cabelludo, herida en escroto izquierdo (antes era en el derecho)”. El médico de Policía señaló como causa de muerte un “paro cardiorrespiratorio traumático por falla multiorgánica por traumatismo de cráneo grave y traumatismo grave de tórax cerrado con hemotórax. La causa de muerte es clara no es necesaria la autopsia. Ingresó a la Terapia Intensiva a las 7:45 y falleció 8:30”.
El certificado de defunción señala que Enzo Giménez murió a las 8, mientras que el certificado de terapia marca a las 8:45. Cuando el cuerpo de Enzo fue llevado a la autopsia en Oro Verde, en las radiografías que tomaron sólo encontraron una fractura en el fémur derecho. Nunca existió fractura de pelvis ni fractura de cadera.

